He visto
Pájaros muertos sobre el asfalto y otros cruzar la carretera a saltitos, como si fueran un funambulista sobre la cuerda floja. He visto cadáveres aplastados de otros animales. Y yo no quiero matar a un animal. Eso sería como el principio del fin de todo. He visto a gatos esquivar las balas mientras cortejan a sus parejas. Les he visto brincar a tejados, amparados por la luna y recolocar las tejas a su antojo.También les he visto mearse en la ropa tendida en el jardín. Cabrones.
Y busqué y busqué y busqué, pero no me encontré a mí mismo.
He visto el monolito de 2001 al borde de un camino zamorano. He visto a Sauron transfigurado en el campanario de una iglesia de la meseta castellana y al Diablo escondido en la arquitectura de una residencia de ancianos. He visto serpientes de cemento que no pueden sacar la lengua y a miles de insectos lanzarse a las lunas como zeros japoneses. He visto el día y la noche, la noche y el día y no he sabido distinguirlos.
Pero busqué y busqué y busqué y no me encontré a mí mismo.
He visto la bondad en los ojos de un hombre y la desconfianza en los de otro. He visto la derrota y la desesperación y la impotencia. También la incomprensión. He visto los esfuerzos vanos y la lucha acompañada de sudor. He visto la vejez disfrazada de juventud y la juventud derrotada prematuramente. He visto a la gente cambiar en días, en horas, en segundos. He visto como cambia la marea en función de la fuerza y dirección del viento.
Y busqué y busqué y busqué y no me encontré a mí mismo.
He visto accidentes, el dolor, los gritos y la desesperación. Y también el miedo, sobre todo el miedo. Y busqué entre el desastre y la confusión y el ruido, y me ví, pero no me reconocí. He visto a la gente llorar y no tocar al que tienen al lado. Y marcharse sin despedir. Y he visto los intereses de los demás. Y he me he visto convertido en una cifra. Y no se qué pensar.
Y seguí buscando, y no me encontré a mí mismo.
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Estoy perdido. Lo sé.
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He visto nubes parlanchinas que me decían "mereces la pena" y nadie más las oyó. He visto al cielo contraerse y hacer de prestidigitador y sacar elefantes de la chistera, elefantes que tocaban el blues. He visto a las colinas y valles corriendo a mi lado y la luz del atardecer guiar mi camino. He visto a niñas muertas de novela esconderse en árboles sabios. He visto cuervos que se posaban a 100 metros de mi y a pesar de ello les veía el blanco de los ojos. Y me decían, "cuidado, mira al frente o te la darás." He visto a quién me reconocía y a quién no. He visto fantasmas que amenazaban mi camino y a otros que lo protegían. O eso me gusta creer. Me he visto a mí mismo, como si fuera un espectador de mi propia película, contemplar el esplendor y no apreciarlo.
Porque busqué y busqué y busqué y no me encontré a mí mismo. Y se que llegará el día en que no me maravillaré por lo que vea, escuche o sienta. Y será el fin.
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Pedaleaba sobre la bicicleta que antes atravesó puentes de acero. Era el momento en el que la noche le decía al sol "juguemos a pintar un cuadro del crepúsculo mientras tú te escondes en mi regazo". Y ví a un niño a la altura del Mesón, jugando solo. "Hola", me dijo. "Hola", contesté yo acompañando la respuesta con el movimiento de la mano. "¿Adónde vas?", preguntó. "A mi casa, a cenar", dije yo. "Qué bici más bonita". "Gracias". Y seguí mi camino con una emoción enorme aplastándome el corazón. Y no se si lo soñé o fue una alucinación.



niña dijo
mírate, si estás ahí!
26 Abril 2008 | 10:29 AM