Rajoy, el Código Da Vinci y el Cristo clonado
Tan extraño título tiene una explicación. Ayer terminé de ver El Código Da Vinci, película de la que no esperaba mucho y me dio mucho menos. Al hilo de las imágenes recordé cómo en su momento muchos de los fans de la novela salieron a defender a Dan Brown, alegando que "abría los ojos" sobre la Iglesia, Cristo, etc. Entonces pensé que cada uno cree lo que quiere creer, de eso se trata en el fondo ¿no? De fe, la misma que tienen unos y otros, esas ganas de creer sin pruebas y poner en manos del primero que pase sus esperanzas de que detrás de la realidad haya algo más.
Comentándolo con mi compañero de aventuras Flanagan y buceando un poco en internet rescaté otro título que sigue la misma línea del anterior, algo así como la "trilogía del Cristo clonado". Aquí ya se va más lejos, un científico toma muestras de ADN de la Sábana Santa y hace un clon de Jesucristo a espaldas de todos. De lo más sencillo y creíble, pero oye, da para una trilogía aunque parezca mentira. Lo más sorprendente de todo es que vuelve a ser un best-seller.
Eso me hace pensar si realmente tenemos el listón tan bajo para todo, para los libros, para las películas, la música... ¿nos tragamos todo lo que nos echen? Y lo que es peor, cuando realmente es algo importante ¿reaccionamos igual? Me temo que si. Y ahí es donde entra Rajoy y su corte, Zaplana y Acebes, además de una serie de voceros profesionales de todos conocidos.
Antes de continuar con este comentario debo decir que hace tiempo me propuse no hablar ni de religión ni de política en el blog, aunque lo haya incumplido varias veces. La razón es que para muchos tanto una como otra se basan en una serie de creencias personales que no tienen por qué sustentarse en hechos, y cuando las cosas son así, no hay discusión posible. Cuando los argumentos dejan de existir toda posibilidad de llegar a un acuerdo se aleja, nadie tiene herramientas para convencer a nadie, no hay una estructura lógica de pensamiento. Hay una fe ciega. De eso se trata realmente. Quizá debería cambiar el título al artículo. En fin, éste es un desahogo que de vez en cuando viene bien, sin pretensiones de que sirva de nada. Los que estén convencidos de un lado lo seguirán estando los del otro, lo mismo. No echen espumarajos por la boca, por favor, no merezco que gasten líquidos y Federico Jiménez Losantos ya lo hace por todos, todos los días.
En cualquier caso, empezaré reconociendo que ya no veo los informativos voluntariamente. A veces me cazan en algún lugar donde yo no puedo controlar el televisor y tengo que tragármelos, desgraciadamente. Es curioso, porque siempre me ha gustado estar informado y ni siquiera durante la tragedia
del Prestige ni en los momentos previos a la Guerra de Irak, cuando la actuación del gobierno del PP me daba náuseas,
desconecté como ahora. Pero un día me cansé de tanta maniobra, de tanta mentira soltada sin ningún tapujo, de aprovecharse del miedo y de las víctimas, de la demagogia, de tratar a los ciudadanos como borregos estúpidos que sólo esperan ser conducidos a las urnas. Y apagué. Pero gritan tan alto que sigo pudiendo hablar con conocimiento de causa.
Se suele decir que tenemos los políticos que nos merecemos, y que si se usan estas tácticas será porque funcionan. Me lo creo. También sé que vivimos en una España dividida que difícilmente mantiene sus convicciones, dando una legislatura la mayoría absoluta y la siguiente haciendo que ese partido (para mí justamente) sea derrotado. Lo que debería ser un síntoma de pluralidad en mi opinión es la prueba del peor de los males de nuestro país, la falta de reflexión y el chaqueterismo. El PP lo sabe, en realidad todos los políticos lo saben, pero han sido ellos los que se han lanzado a tumba abierta a la estrategia del miedo y la mentira.
No sé si es mi imaginación, pero no recuerdo que hace unos años los políticos saliesen tan descaradamente a mentir en las entrevistas, sin ningún tipo de vergüenza. El juicio del 11M nos deja perlas todos los días: por parte del PP nadie sabe si ETA tuvo algo que ver o no, mejor dicho, todos lo saben, pero prefieren dejarlo caer entre dientes, sin dar la cara. Rajoy el primero, en una entrevista en Antena 3, con ese heraldo de la verdad periodística que es Urdaci. ¿Y por qué ese empeño en ETA? Porque ETA es un miedo que siempre han utilizado y les resulta más manejable que el miedo a los islamistas, que tiene todas las papeletas para que salga el tiro por la culata. Empezando por acusar al expresidente Aznar de convertir a España en un objetivo de sus atentados.
El PP ejerce la oposición de la forma más destructiva posible, achacando todos los males de España, y del mundo, demos tiempo, al gobierno de Zapatero. No importa si hay que tergiversar y negarlo todo: nadie negoció nunca con los terroristas, nadie acercó presos, nadie excarceló, los únicos policías buenos son los que apoyan "su" versión, los expertos válidos, los suyos, las decisiones de los jueces que consideran acertadas, para ellos son bofetadas en la cara de ZP, las que no, una muestra de la influencia del PSOE, que mueve los hilos para que los etarras se salgan con la suya. Resumiedo en dos palabras, un circo.
Y de ese circo ya me he cansado. Sin rabia, simplemente agotamiento, tristeza, hastío. No por lo que se diga, que seamos realistas, cada uno es libre de hacer y decir lo que le venga en gana, y si se quiere mentir, engañar y envenenar el clima político para recuperar el poder, está en su derecho. La libertad de expresión garantiza el derecho a que digan lo que quieran, pero recordemos, nadie obliga a escucharles. En las próximas elecciones recuperarán (o no) una España cargada de desconfianza, enfrentada, acostumbrada a poner zancadillas, que les servirá... ¿durante cuatro años, quizá ocho? ¿Merece tanto la pena? Parece que si, asi que adelante, todo vale.
Recordaba de mis clases del colegio una extraña definición de política, que me parece tan idealista que hasta es surreal. Puede que la haya soñado. Era algo así como "aquello a lo que se dedican los que quieren que la vida de los que están a su alrededor sea mejor". En la RAE no pone nada de eso, habla de cortesía (lo podrían borrar) y de "actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos". Sin más. Sin mención al honor, la honestidad, la decencia o la preocupación por los demás. Qué iluso soy al pensar que eso podría tener algo que ver.
Vuelvo a Dan Brown y su Código Da Vinci, aunque el pobre seguro que no se lo merece. Esto, nuestro día a día, no es una novela barata escrita por un autor mercenario para sacarse unos cuartos, que nos podemos tragar y olvidar. No es un argumento con personajes de cartón, tecleado deprisa y corriendo, pegando frases de aquí y allá. Levantemos un poco el listón por favor, no nos convirtamos en sonrientes receptores de la mierda que nos echan. Esto es la vida real y la gente que se dedica todos los días a llamarnos tontos a la cara es la que debería colaborar en hacer un país mejor. Si se acostumbran a pensar que los que les votan son borregos, cada vez irá a peor.



Goros dijo
Pues no puedo estar más de acuerdo contigo, aunque si yo me viese escribiendo esta reflexión, sin duda hubiese sido más duro con el medianías del bigotes y sus secuaces, no puedo evitarlo cuando veo todos los días las masacres en Irak, la falsedad del pensamiento político de esta gente, la impunidad con la que se pasea por foros y universidades afirmándose a sí mismo como un gran líder del mundo (cuando es una de las personas más cutres salchicheras que rondan por ahí)....
Enfin, ya sabía yo que me iba a calentar.
Agur
Goros
4 Abril 2007 | 10:48 AM