La Coctelera

21 Noviembre 2006

Megalibrerías de m.....

Me gustan los libros. No es que me los coma servidos en un plato de porcelana, regados con un poquito de chianti. Pero yo veo en ellos algo más que el contenido. Es posible que sea algo fetichista, sin embargo me gusta su tacto, el pasar las hojas a través de los dedos; incluso me gusta el olor de las páginas. En ocasiones soy tan tiquismiquis que a la hora de decidirme por la compra de alguno me fijo hasta en el tipo de letra y la claridad de su lectura. No lo puedo evitar, soy un raro. Igual un demente.

De todos los bienes o productos de consumo cultural el libro es el más insustituible. Al menos en mi opinión. Los discos han mutado hasta convertirse en diminutas piezas de nuevos formatos tecnológicos que uno puede almacenar en aparatos de última generación. El cine se empaqueta en envoltorios cada vez más pequeños, cuando no se descarga de la red. Pero el libro aún no ha encontrado su némesis. Se inventaron los audio-libros, con vozarrones enfatizando líneas que solo tienen sentido cuando las lee uno mismo. La emoción y descubrimiento de la lectura es personal. Después llegaron los libros "electrónicos", descargados por internet. Su handicap es que uno no se puede meter el pc en el bolsillo e ir disfrutando de las aventuras de "Los 3 mosqueteros" mientras sufre el calvario del transporte público.

También están las fotocopias, a las que todos hemos recurrido en nuestra época estudiantil, con la incomodidad que supone encuadernar y leer algo a tamaño folio. En definitiva, aún no se ha inventado una reencarnación suficientemente viable como para que las grandes editoriales se lancen de cabeza a renovar sus catálogos en un nuevo formato. Espero que el libro perdure por siempre, impasible a las modas y al "progreso" (que alguien me explique qué significa eso hoy en día).

Como ya habréis imaginado si habéis aguantado hasta este párrafo, uno de los lugares donde me encuentro más a gusto es una librería. Es como el paraíso del chocolate para el goloso. Soy Hansel perdido en un universo de palabras impresas, ediciones de todos los tamaños y colores. Los sentidos se me disparan. Me paso horas recorriendo pasillos, ya sean amplios o estrechos, impere el orden o el desorden se haya aliado con el polvo. Es El Dorado. La fuente de la eterna sabiduría. A pesar de ello, procuro espaciar mis visitas, ya que la mayoría de ellas terminan pasando por caja y ante eso la economía se rebela. Aunque se trate de un librito de 6 ó 7 euros, el bolsillo lo nota.

El bolsillo es uno de los protagonistas de excepción de esta particular historia de amor. No solo por la distribución monetaria (10 euros en uno, 5 en otro, si compro algo al menos me quedará dinero en uno de ellos y cuando llegas a casa y compruebas que tienes algo suelto en el bolsillo y no estás en blanco...), también por ser una de las paradas obligatorias de muchas lecturas. Lo cierto es que las ediciones de bolsillo no son santo de mi devoción. La mayoría de ellas son bastante cutres y demasiado endebles para el trote al que las someto. Pero la portabilidad y comodidad de la lectura es un dato a tener en cuenta. Hay libros cuyo tamaño hace que solo puedan ser leidos en casa. Lo cual sería menos problema si su precio fuera más asequible o si mi casa fuera un palacio con una biblioteca de 100 metros cuadrados. No quiero que los libros, discos etc se me coman el aire.

De todos modos de un tiempo a esta parte noto una extraña tendencia en las librerías. Simplemente desaparecen. Del mismo modo que los macrocentros comerciales situados en las periferias han dañado brutalmente al pequeño comercio, las megalibrerías han empezado a sustituir a las de toda la vida. Aquellas a las que acudías cuando ibas al colegio o al instituto cuando te mandaban leer algún libro en concreto. Aquellas cuyos propietarios se desvivían por pedir un caprichillo que se te había antojado porque no lo tenían en stock en ese momento. Casi todas han desaparecido.

Ahora imperios como La Casa del Libro, Top Books, Tintas, etc campan a sus anchas en lonjas más espaciosas que la casa del príncipe, con los ejemplares abarrotando estanterías modernísimas. Acudes a una de ellas y te atienden señoritas vestidas con un chiste de uniforme propio de una hamburguesería. Tu vas allí convencido de que entre tanto despilfarro de árboles se hallará lo que buscas. La sorpresa es que por norma general, aquello que se salga de los cánones de las últimas novedades o de los best-sellers lo van a tener que pedir. Lo cual parece que les molesta. No se qué pasa últimamente en este pais, los trabajos de servicio de atención al cliente parecen todos adjudicados a misántropos/as a los que no les hace ni puta gracia mover el culo. El tiempo de espera suele ser de 20 días. Joder, si aquel tipo de mi barrio tardaba de 1 a 2 semanas como mucho. Claro que aquel tipo no esperaba a pedirlo a la editorial. En ocasiones iba él mismo a los almacenes a buscarlo. Una persona haciéndose cargo ella sola del negocio. Y perdía el culo por atender a la gente. Claro que el negocio era suyo. Cerró.

Es la tendencia. Los lugares recónditos pero agradables han dejado su sitio a masas de cemento de varios pisos, visibles a cientos de metros de distancia que abruman con su publicidad y sus insuperables ofertas. Ahora lo puedes encontrar todo en el mismo espacio. Libros en una planta, discos en otra, películas un poco más arriba y para rizar el rizo, en otra tendrás todo lo relacionado con la tecnología: cámaras de fotos, televisores, reproductores varios. Piensas que es imposible que les falte algo, que ese título que buscas con ahínco no ocupe su lugar correspondiente en el maná del consumo. Mejor no apuestes, podrías perder.

Cerca de donde vivo aún quedan algunas librerías clásicas a las que les va bien, donde los que atienden son capaces de ofrecerte una conversación sobre la prosa de Murakami. Pero por muchos juramentos que hagas de que no volverás por una de esas megatiendas siempre caes. Es inevitable pasar por allí. Por cercanía o comodidad. Yo he hecho un voto, de abstinencia. Menos macrolibrerías y más bibliotecas, que la cuenta corriente también me lo agradecerá. Y aunque cueste un poco más de esfuerzo, acudir siempre a lugares donde uno se sienta cómodo de verdad. Cuando hablé con una amiga de la posibilidad de escribir este post me dijo: "Deberías titularlo megalibrerías de mierda". No andaba desencaminada, pero al no ser el tema central del artículo si no una parte más del mismo, me he permitido suavizar un poco su propuesta. Solo un poco... Un saludo para todos.

servido por nocheenlaciudad 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

polidori

polidori dijo

Joder, pues ya lo digo yo: MEGALIBRERÍAS DE MIERDA, RECOJOTIENDAS DE DISCOS DE MIERDA, HIPERALMACENES DE MIERDA.

Es el signo de los tiempos, y lo has descrito maravillosamente. Aún nos quedan algunos pequeños comercios, cochambrosas tiendas de segunda mano y otros escuetos rincones en los que sorprenderte con aquello que suponía "comprar cultura" antaño. Yo sigo yendo en Madrid a los decomisos, Metralletas y viejas librerías de toda la vida muy de vez en cuando, para recordarlo, pero a veces también me verás cayendo en Casas del Libro, Fnac y Media Markt por eso, por comodidad y porque no te puedes aislar, o al menos no tanto como quisieras.

Al menos pensemos en que abrir un libro y leerlo, un libro que no sea un puto best seller, sino algo escogido y buscado, oler sus páginas, acariciar sus cubiertas y manipularlo como los brazos del / la amante, seguirá siendo por mucho tiempo (espero que todo el que nos queda de vida) un acto terrorista. De terrorismo en contra de la mediocridad.

Un fuerte abrazo

21 Noviembre 2006 | 01:42 PM

jamais-vu

jamais-vu dijo

Aish... es duro para el bolsillo ser un comeletras ;)

Ir a una librería es una perdición para mi bolsillo también (y mañana toca Salón del Libro... no quiero ni pensarlo). En cuanto a los dependientes de las megalibrerías de m., la verdad es que yo me he encontrado de todo, aunque últimamente predominan los megacools que te miran por encima del hombro cuando preguntas algo y los bordes a los que estrangularías...

Reproduzco una la bonita conversación que tuve con una encantadora chica de la Casa del Libro:

Jamais vu: Perdona

Dependienta cabreada: DIME (+ mirada de asco)

JV: Podrías mirarme si teneis este libro? El sueño de fevre

DC: DAME EL ISBN (con cara de: ni de coña sabrás lo que es... se ha intentado quedar conmigo, CONMIGO, una bibliotecaria-documentalista!!! será *****)

JV: Sí, mira, 84-... etc. (cara de asombro de la dependienta cabreada). Es que lo he buscado en el catálogo antes de venir y sí me aparece.

DC: CATÁLOGO? QUÉ CATÁLOGO?

JV: El catálogo que teneis en vuestra web (!!!!)

DC: QUÉ CATÁLOGO??

JV: pues donde buscas los libros por internet, en vuestra web... (joderrr)

DC: BUENO. PUES NO LO TENEMOS.

JV: ... pero lo puedo pedir???????

DC: BUENO, SI QUIERES, INTENTALO.

Creo que no hace falta decir nada más.

21 Noviembre 2006 | 03:25 PM

Flanagan

Flanagan dijo

A veces uno desearía cambiar su dieta y pasar de ser un comeletras a un comedependientes/as bordes, desagradables y capullos. ¿Que qué hay hoy para desayunar? Pffff, un trajeado del corte inglés y una duendecilla verde de la casa del libro. Mmmmm, riiicoooooo.

Un saludo para ambos.

21 Noviembre 2006 | 03:36 PM

srta desconocida

srta desconocida dijo

yo aún tengo en la memoria esas discusiones con mi librero particular en que me cambia los libros porque dice que seguro me gustará más uno que el otro.
En general perdemos humanidad, y trato personal. Y es lamentable

21 Noviembre 2006 | 04:01 PM

niña librerazul

niña librerazul dijo

ejem,

lo primero de todo... ¡Guerra a la casa del libro!!!!!!!!

lo segundo, me da mucho susto entrar a la Fnac, lo siento, sé que es super guay y que tienen de todo. Pero es que yo no lo quiero todo. quiero sólo un libro. Allí parece que los libros van a comerme, ahí, todos igualicos y tan limpios... ay.

lo tercero, por suerte aún quedan librerías de segunda mano en las que los dependientes conocen practicamente cada libro que te venden, aunque sea por el dibujito de las tapas.

y ahora, reconozco que si me piden al murakami este pongo cara de poker, pero te busco una guía de setas silvestres o las obras completas de Pepito grillo traducidas al bable si me empeño, vaya que sí.

acabáramos.

21 Noviembre 2006 | 05:01 PM

Flanagan

Flanagan dijo

¡¡Las obras completas de Pepito Grillo traducidas al bable!! Albricias, lustros de búsqueda pueden llegar a su fin. ;-))))

Abrazos para la srta. y la niña librerazul.

21 Noviembre 2006 | 05:05 PM

Roberto

Roberto dijo

Creo que este es uno de los mejores posts tuyos que he leído, compañero. Felicidades, te superas cada vez... y los comentarios, también. ¡Una duendecilla para desayunar! Por suerte no me he encontrado con nadie asi en mi vida, más que nada porque donde vivo no hay megalibrerías, o no me he topado con ellas. Creo que me echaría a reir.

Jamais-vu, es que no sabían con quién estaban tratando... por poco acaba la dependienta clasificada directamente en la I de "incompetente".

Mi experiencia en el Corte Inglés ha sido siempre sorprendentemente agradable. Con los libros ya elegidos, las dependientas me avisaron (dos veces) de que había promociones de "llévese tres y elija uno más por el morro" (y escogí El Hobbit, porque me llevaba El Señor de los Anillos). Y en el otro caso no lo recuerdo, pero también salí con un buen título "de regalo". Es lo menos que pueden hacer, pero hasta parece un favor hoy en día.

Y soy habitual de las tiendas de segunda mano, por temas de presupuesto. Los libros tienen un poco de historia y así es incluso mejor, puedes encontrar descatalogados, en otros idiomas, ediciones raras... . "Puck" y "Bosque Mitago" llegaron a mí así.

Un saludo y gracias por pasar por aquí. Al fondo tenemos tertulia sobre libros, sois todos bienvenidos.

21 Noviembre 2006 | 08:16 PM

wallias

wallias dijo

Hace poco empecé a darle vueltas a la (teórica nada más) idea de que si se hicera Top Manta en la calle con ediciones de libros a 2 Euros ¿tendría o no el mismo éxito que los discos?

Al poco tiempo me di cuenta de la locura: los que no compran jamás iban a empezar a leer porque saliera más barato y los que leemos suscribimos tu post, nos gusta leer un libro encuadernado a nuestro gusto, no un montón de fotocopias...

En fín, poco hay que añadir a lo que has descrito tan bien. Lo comparto contigo Flanagan

Un saludo

25 Noviembre 2006 | 12:36 PM

uno que pasaba por aquí

uno que pasaba por aquí dijo

Iremos por partes: en lo que respecta a los uniformes de los dependientes, eso es cosa de los jefes, creo que más de uno estaría agradecido de llevar otra indumentaria, por no decir que seguro que tú estarías ideal con uno del McDonalds; por otro lado, en las tiendas tienen en stock lo que se vende, eso es así en las librerías y en todas partes, si a tí te ha dado por leer uno de compactos Anagrama (¿sabes lo que es?)que hace 7 años que no se edita es problema tuyo, y si no se comprometen a pedírtelo es porque saben que no lo van a recibir. Por último, parece ser que ninguno de los comentaristas presentes trabaja de cara al público...es de agradecer.

22 Julio 2009 | 03:13 PM

nocheenlaciudad

nocheenlaciudad dijo

Tu comentario es extraño. Es como si todo lo dicho, tanto el post como las reacciones de los demás, te lo hubieras tomado como algo personal. Me da la impresión de que no has entendido nada o lo has interpretado de manera obtusa. A saber lo que te pasa. Como prueba de lo que digo es que, o no te has dado cuenta o no has querido dártela (cada uno lee como quiere, sobre todo si está predispuesto) de que entre los comentaristas no solo hay gente que trabaja de cara al público, sino que alguno es librero. Librera, para ser exactos. Por vocación, claro.

Critico el concepto de centro comercial librero y algunas actitudes concretas de los que trabajan allí. Si tú lo haces, me parece muy bien. Lo extraño de nuevo es el desconocimiento del que haces gala. Yo he llegado a pedir un libro descatalogado desde hacía 12 años y lo tuve a los 20 días. Si quieres atender por igual a todos los clientes, lo haces. Eso se llama servicio. Ya seas un comprador del último best-seller o un coleccionista.

Me temo que el único que tiene problemas eres tú. Las sorpresas que se lleva uno cuando vuelve a visitar un blog que ha cerrado hace meses...

Un saludo.

28 Julio 2009 | 11:38 AM

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