"Carta Blanca" o el blog televisivo
Llevo un par de semanas siguiendo un programa de La 2 que en sus comienzos me pareció original y con un planteamiento interesante: Carta Blanca. Se trata de un espacio de entrevistas basado en una idea de Santiago Tabernero y cuya peculiaridad es que el conductor es diferente cada semana y siempre perteneciente al “mundo cultural” español. El anfitrión es el que decide a quién llevará, los temas que tratará, la música, el decorado... . Algunos de los elegidos serán (o han sido, porque no estoy seguro de si se trata de una reposición) Elvira Lindo, Rafael Amargo, Sergi Arola, Alaska, Escohotado, Juan Tamariz, Jodorowsky, Ray Loriga y Lucía Etxebarría. Supongo que la intención es acercarnos al mundo particular de cada uno y evitar que el espacio en antena se lo lleven los políticos o artistas de siempre, porque algunos parecen abonados a las poltronas de TVE.
Dije que en sus comienzos el programa me pareció interesante porque después de un par de entregas he tenido que reconocer la realidad, la cultura en España sufre del “síndrome del cultureta” y de una tendencia terrible a mirarse al ombligo. Los ejemplos que he tenido oportunidad de ver, Ray Loriga y Lucía Etxebarría, me lo han confirmado. Hay que ser muy gafapasta para que no se te enarquen las cejas al ver lo que estos autores consideran contenido relevante para sus programas, o para cualquier programa, porque supongo que mostrarán lo que a ellos les gustaría ver en pantalla. La disculpa que se me ocurrió inicialmente no es muy buena: que Carta Blanca es el equivalente de un blog en televisión, libre y personal, (y de ahí el título de este post). Eso no es excusa desde el momento en el que nos damos cuenta de que el medio en el que están puede llegar a millones de personas y es un servicio público, pagado por todos.
Mientras Loriga hacía su tercera referencia a Dylan, captada al azar y haciendo zapping, que ya tiene tela, me paré a pensar por qué nuestro país está lleno de amagos de intelectuales que se suben a hombros de gigantes para todo. Desde escritores con repetitivas y vacías referencias proustianas a directores de cine que no se cansan de decir que en el extranjero les tratan mejor que aquí, en su supuesta casa. Pasando por actores que alardean de sus años de movida politoxicómana como si fuese su mayor mérito (probablemente lo sea), novelistas que hacen de cualquier causa (lo progre, el feminismo) su bandera, músicos que copian estilos ajenos sin entenderlos o directamente se autoplagian hasta el infinito... . Y luego se quejan de que no reciben el reconocimiento o el apoyo que merecen, preferiblemente en forma de subvenciones. Nadie es profeta en su tierra, amigos, y mucho menos si se le ve el plumero, la pose, o simplemente la caradura y la estupidez, a la legua.
Así que ahí estábamos, con Marlango en escena, jugando al jazz fusión con chica guapa con gesto de timidez y que canta bajito, porque bajito y en susurros, como todo el mundo sabe, es más “cool”. Después vino Cristina Rosenvinge, tan lánguida ella. Qué tiempos aquellos cuando todavía sonaba en Los 40... y yo que ya pensaba que había desaparecido del panorama musical. “El Regreso de los Muertos Vivientes”, pero en formato de pop sensible ¿o será rock? Ya no recuerdo que estilo tocaba esa chica, ni lo quise averiguar. Quedaba claro que para Ray Loriga hacer un programa relevante, ya que le daban la oportunidad, era llevar a su novia, a sus compañeros de trabajo (ha dirigido a Leonor Watling en una película recientemente), a sus colegas, etc. Como diciendo “qué interesante es todo lo que hacemos, que poco 'indie' el resto”, ombliguismo puro y duro. Lo que es muy revelador es alguien así, tan autoconsciente, por no decir egocéntrico, no se atreva a usar sus propias palabras para expresarse y recurra una y otra vez a citar a sus ídolos. Puede que sea porque a pesar de todo, debajo de esa elegante capa de escritor maldito y desafectado, se da cuenta de su vacío y su falta de reflexiones propias.
Con el zapping aplacé “Carta Blanca” hasta la semana siguiente.
Y siete días después, como Venus surgida de las aguas (un acontecimiento mediático de tal calibre que llevaba tiempo anunciándolo en su blog), apareció Lucía Etxebarría, última de mis némesis. No sabría explicar los motivos del desagrado o desengaño que me provoca en pocas palabras, hay gente que se me queda atravesada y ya no la puedo mover de ahí, será por su personalidad, por su actitud en sus apariciones públicas, por las acusaciones de plagio, quién sabe. Merecería un artículo para ella sola y quizá lo escriba en breve. Es curioso que cuantas más obras suyas (o sobre ella) lea uno más difícil resulte tomársela en serio. A Etxebarría la he comprado, regalado e incluso recomendado a lo largo de los años y resulta paradójico que ahora cualquier referencia suya me haga querer cambiar de canal con rapidez. Pero en aras de hacer un estudio contrastado, allí me quedé.
Ese “Carta Blanca” me pareció un programa con pretensiones feministas, y digo eso porque creo que alguien confunde los términos. Seguramente seré yo, con mi punto de vista masculino, o mejor, machista del lenguaje. Me resultó muy peculiar la entrevista a Chenoa, en la que se hizo un repaso del trato que se le da en los medios y se airearon hipótesis sobre por qué no triunfó en el concurso que la lanzó a la fama... en teoría por su actitud de “mujer echada palante”. ¿Qué se sacaba en claro de ahí? ¿Que hay que ser como ella? ¿Que España es un país machista? Me da la sensación de que aquí se olvida del tipo de programa que es OT y los valores que fomenta.
Marie France Hirigoyen, psiquiatra francesa que ha publicado varios libros sobre el acoso moral, también respondió a las preguntas de la escritora. Merece la pena ver cómo la presenta ella en su blog (la cita es literal, la falta de mayúsculas también):
¿ sospechas que tu jefe no es solo un simple cabrón sino un psicópata? ¿ que el victimismo de tu madre no es amor de tal sino acoso moral? ( qué bonito pareado) ¿ que no es que tu novio sea un pelín celoso sino que te maltrata psicológicamente?
Aquí es oportuno decir que yo soy de los que opinan que cuando se toma un fragmento de otro autor hay que destacarlo para evitar que parezca que es algo nuestro. Porque es mucho morro hacer un "cortar y pegar" y luego hablar de intertextualidad. Aparte de eso y volviendo a Carta Blanca, según la página web de Lucía me perdí un monólogo de Silvia Abascal, a Ana María Matute contando la historia de su vida y a Silvia Marsó parodiando a Ana Obregón. Que suerte tuve, eso ya sería demasiado. Y nos preguntamos por qué este programa tiene un 3% de cuota de pantalla (y el de Loriga, un 1.5%).
En fin, señores de TVE, la idea de dar la oportunidad a presentadores atípicos de crear sus propios programas a medida es buena, no lo dudo. Pero que sean nuestros artistas y clase intelectual, o pseudo-intelectual, es una decisión pésima, porque está visto que no saben mirar más allá de sus narices. Y lo que es peor, se vanaglorian de ello, aprovechando cualquier oportunidad para hacer alarde de su falta de horizontes, incluso sabiendo que hay miles o incluso millones de personas contemplándoles desde el otro lado de la ventana televisiva. Menudo desperdicio de tiempo, dinero y oportunidades.

jamais-vu dijo
Impagable la conversación entre la Etxebarria y Chenoa... por supuesto la "escritora" se dedicó a hablar básicamente del machismo y la misogínia, faltaria más (ahora que lo pienso, debería haber contado cuantas veces dijo "por mis ovarios").
Y la Watling... sólo decir que ella pidió entrevistar al cantante de Radiohead (jojojo) ... aish, qué divina es.
En fin.
14 Octubre 2006 | 11:26 AM