Hasta Campanilla lloró en "Peter Pan"...
Los personajes de ficción pueden convertirse con el paso de los años en referentes que nunca te abandonan, en una especie de compañero inseparable, como el amigo invisible de nuestra infancia. Y las personas de carne y hueso pueden llegar a tal grado de intensidad en su forma de ser, de ver la vida, que te parecen pura imaginación. Pero no lo son. Son como los demás, como todo hijo de vecino, pero sin llegar a serlo del todo. Tienen algo que les marca para bien o para mal, que los convierte en referencia, solo que ésta no es invisible. Se compone de piel, músculos, tendones, huesos, sangre. Vida.
Adquieren otra dimensión, no puedes imaginar el mundo, tu mundo, sin ellos. Y cuando su llama se hace más tenue, sufres, no tanto por ellos como por tí. El espíritu egoísta del ser humano. Si ellos están abatidos ¿qué podemos esperar los demás? Es entonces cuando, como dije en otro post, nuestro mundo de tambalea y empieza a girar sobre sí mismo, cambiando de dirección. Como si fuese un inglés conduciendo. El problema puede consistir en que no hay otro mundo, ni particular ni universal. Solo hay uno, por mucho que le pese al soldado Witt en "La delgada línea roja". El ha visto otro, lo ha experimentado. ¿O todo fue un sueño? Al final la realidad le atropella y se lo lleva por delante. Como nos pasará a todos.
Y la realidad agobia, ahoga, te atenaza con sus poderosas manos que te rodean el cuello. No solo no puedes respirar, tampoco puedes moverte. Y sientes que pocas cosas tienen sentido. Que no reconoces nada de lo que antes creías saber. Que todo cambia, pero a peor. Que cada pequeña cosa que significaba algo se devalúa, perdiendo su valor inicial. Todo acaba engullido, se institucionaliza. Nos han jodido el cine. Nos han jodido la música. La literatura. Hay que bucear entre los excrementos para encontrar algo que merezca la pena. Si ya es dificil respirar con esas tenazas alrededor del cuello, imagina lo que es meterse así en el fango.
Quieres sentir. Ser un barco perdido en la noche más oscura, rodeado de niebla que encuentra en el último aliento de vida la luz de un faro. Pero ningún faro ilumina para siempre. Incluso el sol tiene fecha de caducidad. Así que es mejor encender un fuego interior que te ilumine y alimentarlo. El faro no te puede salvar siempre, también depende de tí. Ser un barco que encuentra su faro... La luz, la llama, la vida. Cuida de lo que tienes, hasta que se te acaben las fuerzas. Si hasta Campanilla lloró en "Peter Pan", ¿queda esperanza para los demás?

Sí.



la escapa·ratista dijo
Siempre.
8 Agosto 2006 | 01:36 PM