El Cuervo (1994)
No llueve eternamente.
Estos días he rescatado de mi videoteca particular una historia que obsesionó mi adolescencia: El Cuervo. Han pasado más de diez años desde que Brandon Lee interpretase el que sería su primer y último papel de éxito, como alma en pena que regresa del infierno para vengarse de aquellos que le asesinaron a él y a su novia. Mezclando trágicamente la realidad y la ficción, Lee murió de un disparo durante el rodaje, lo que desencadenó una serie de acontecimientos que convirtieron lo que podría haber sido una cinta de segunda en una obra de culto, oscura y melancólica.
La primera vez que vi El Cuervo fue una Nochevieja, no recuerdo de que año. Sé que estaba solo en casa, algo raro para esas fechas y que creo que no se ha vuelto a repetir. Me impacto de tal forma que cuando terminó la rebobiné, me senté en el suelo, cerca de la pantalla y volví a darle al botón de "Play". Lo que más me sorprendería, más tarde, sería darme cuenta de que la película había llegado a mi por casualidad. Mi intención era llevarme del videoclub algo para pasar el rato, y cuando llegué al mostrador con "Rapid Fire", también de Lee, la dependienta me señaló un cartel a su espalda. "Día del espectador", decía. Pagabas una y te llevabas dos, a condición de que la segunda no estuviese en la sección de novedades. Me pareció gracioso escoger dos del mismo actor, y puedo estar agradecido de haberlo hecho.
Uno puede pensar que la historia no tiene nada de especial. ¿Cuántas veces se ha contado una venganza de ese tipo en el cine? "El Aparecido", de Charlie Sheen, sigue la misma pauta casi punto por punto. Entonces ¿qué hace a ésta diferente?
Para remontarnos al momento en el que el mito toma forma tendríamos que conocer al autor del cómic que dió pie a todo, James O'Barr. Parece imposible que la tragedia esté tan ligada a algo o a alguien. Huérfano, no tuvo una infancia fácil, cambiando de una a otra casa de acogida. Por si fuera poco, a principios de los 80 su novia murió a manos de un conductor borracho. Un tiempo después, todavía incapaz de superar la rabia y la frustración, O'Barr comenzó a dibujar El Cuervo como una forma de terapia. Según confesaría más tarde, el resultado fue el contrario, y cada página acabó estando más llena de odio y autodestrucción que la anterior. Cuando comenzó el rodaje de la película, pensó que ver su historia en la pantalla grande podría resultar una experiencia liberadora. Se hizo amigo íntimo de Brandon Lee... con el final que ya conocemos. Más tarde diría que ojalá nunca hubiese escrito nada de aquello.
Antiguamente, la gente creía que cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma al mundo de los Muertos, pero a veces ocurre algo tan terrible, que junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza, y el alma no puede descansar. Pero a veces, solo a veces, el cuervo es capaz de traer de vuelta el alma, para enmendar el mal.
La imaginería de Edgar Allan Poe, la poesía de Rimbaud y Milton, los gestos de Ian Curtis de Joy Division o la figura de Peter Murphy de Bauhaus confluyeron en el personaje de Eric Draven, alma torturada por excelencia. Buen material para que el director Alex Proyas construyese una fantasía gótica en una Detroit que se quema una noche antes de Halloween.
Sin el esfuerzo de Brandon Lee por llevar adelante su visión del personaje es probable que la película no hubiese sido la misma. Aunque suene terrible, sin su muerte tampoco. Había tan poco rodado de ciertas partes de la historia que hubo que cambiar planos, usar dobles de cuerpo, evitar que se viese el rostro del protagonista y en general, adoptar un tono mucho más oscuro. Se perdió su presencia pero se ganó fuerza, haciendo la trama más clara y directa. Hubo escenas completas que se desecharon (como el "skull cowboy", un personaje que sólo puede verse en los descartes), para mejor en mi opinión. Simplificar, como ocurre muchas veces, dió resultado.
Siempre es de noche y siempre llueve en El Cuervo y en los corazones de todos los protagonistas. Sólo en flashbacks vemos alegría, en brazos de una pareja, Eric y Shelly, que sabemos desde el primer minuto que ha sido rota de la forma más cruel posible. La música, intercalada de la mejor forma posible, los diálogos poéticos y cargados de significado ("la infancia termina cuando sabes que vas a morir", "madre es el nombre de Dios en los labios y corazones de los niños"), todo nos va llevando, introduciéndonos en la sensación de tristeza, de pérdida. Mostrándonos un dolor que deja corta y falta de satisfacción cualquier venganza.
Supongo que ví esa película en un momento muy adecuado para mí. Mi estado mental, ya de por sí melancólico, se vió acentuado por su mensaje, que se me quedó grabado. Anteayer, al verla por primera vez en versión original, sin subtítulos, me dí cuenta hasta qué punto: cuando no era capaz de traducir algún fragmento, me venía a la cabeza automáticamente el diálogo en castellano, palabra por palabra. No era consciente de las veces que he escuchado a Sarah decir:
Si nos roban a nuestros seres queridos, la forma de hacer que vivan más tiempo es no dejar de amarlos nunca. Los edificos arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre.
Ojalá no llueva eternamente.


niña azul dijo
siempre recuerdo la escena de la madre de Sarah en la que se ve como sale la droga de su brazo, me impactó muchísimo esa escena y lo que dice Brandon lee. También la banda sonora me trae muchísimos recuerdos. Casi recuerdo cada fotograma, aún me emociona. snif.
19 Mayo 2006 | 04:16 PM