Cuando no puedas más, grita
"Si quieres ganar una carrera, corre 100 metros, si quieres ganar una experiencia, corre una maratón." Emil Zatopek
Tanto mi compañero Flanagan como yo tenemos una breve experiencia en el mundo del atletismo, la suya más prometedora que la mía. Si él era el hijo del viento, yo me quedaba más bien en sobrino, o en primo segundo por parte de padre. Nunca se me dió especialmente bien y como muestra está el tipo de carrera al que mi entrenador me asignó: medio fondo, que equivale a decir que no eres ni muy rápido, ni muy resistente, sino algo indefinido en el medio (o quizá simplemente no lo que yo esperaba).
Para mí la carrera de velocidad pura y la maratón eran (y son) las pruebas reinas de la disciplina, así que cualquier cosa intermedia me resultaba algo decepcionante. A pesar de todo siempre me empleé con dedicación y deportistas legendarios como Paavo Nurmi "el Finlandés Volador" o Emil Zatopek "la Locomotora Humana" se volvieron mis ídolos.
Del atletismo me gusta sobre todo su sencillez y la capacidad que tiene para exigir al que lo practica hasta la última gota de sí mismo. La carrera comienza y sea corta o larga el cuerpo se emplea al máximo, los músculos se exprimen hasta la extenuación, estallas en un despliegue de energía que me imagino que será el mismo que debían sentir los antiguos griegos mientras corrían por las planicies de Maratón. Y no requiere de nada más que la predisposición a hacerlo. En carretera, suelo empedrado o campo a través, cuando el primer ser humano decidió intentar llegar antes que otro a un sitio, nació el atletismo.
Siempre ha sido un reto personal, hasta tal punto que para mí los entrenamientos se volvían pequeñas competiciones olímpicas. Era entonces cuando me venían a la cabeza escenas de muchas películas, "Gallipoli, "Carros de Fuego", "Rocky" y en especial una interpretada por Gene Hackman o James Caan en la que su entrenador le dice algo como: "cuando no puedas más, grita". Y más tarde aparece él a lo lejos, descendiendo una colina al sprint, gritando. Recuerdo que hablaba con mis compañeros sobre eso que los ingleses llaman "second wind", el empuje que te lleva con fuerzas renovadas cuando por lógica ya deberías estar en el suelo, agotado. Muchas formas de decir lo mismo: que al final lo que te mantiene en pie es la simple fuerza de voluntad.
Puede parecer extraño pero durante cada prueba yo tenía mucho tiempo para pensar. Eres tú solo contra el mundo, contra los demás, contra tí mismo en definitiva. Nunca tuve un rival tan duro como mi propio cuerpo pidiéndome que me detuviese, ni nada que tirase más de mi que ver el camino por delante y a los demás sufriendo lo mismo que yo. Había una voz que repetía "puedes hacerlo, puedes hacerlo", incluso cuando las piernas ya eran trozos de madera y te invadían los calambres y las ganas de vomitar. Cuando el aire entrando en tus pulmones te cortaba y el dolor te mareaba dejándote en un estado diferente de consciencia. Entonces apretabas los dientes y seguías.
Si le busco explicación probablemente pueda achacar esta obsesión mía al gusto que siempre he tenido por las historias épicas, que lleven una parte importante de sacrificio. Correr bajo la lluvia, con viento, frío o nieve, rebasando tus propios límites físicos y psicológicos para alcanzar una meta... no hay mejor metáfora de lo que es la vida. Ni mejor forma de conocerse a uno mismo.


cretina dijo
resulta que cuando mas damos es cuando menos tenemos, los esfuerzos titánicos y esa capacidad para ir mas alla de nuestro límite lógico es lo único que me hace confiar en esta máquina compuesta por tejidos mas o menos viscosos...
28 Abril 2006 | 02:13 PM