El próximo best-seller (temblad, temblad, malditos)
Cuando este blog estaba en pañales, mi compañero Roberto escribió un post acerca de "El nombre de la rosa". En él hacía una pequeña mención a "El código Da Vinci", como ejemplo de lo que se había colado por la puerta que Umberto Eco abrió con su obra maestra. En su momento contestaron dos personas defendiendo la obra de Dan Brown y con el paso del tiempo el artículo se convirtió en un sleeper, generando 24 comentarios, el último de ellos realizado a finales de febrero. Yo mismo escribí otro post como reacción a aquellas primeras impresiones de los lectores del artículo.
No es nada nuevo el funcionamiento de la industria editorial. La literatura siempre se ha rodeado de un aura de respetabilidad y calidad que no siempre se ha correspondido con las obras editadas. De eso se han aprovechado un número infinito de listillos y oportunistas, que juntando cuatro letras y logrando publicar cualquier panfletillo se hacen llamar escritores. Que no se me cabreen los seguidores de Dan Brown, que no me estoy refiriendo concretamente a él. Si hasta Alfonso Ussía y Ramoncín han visto sus "obras" en las estanterías de las librerías...
La literatura de evasión o de entretenimiento siempre ha existido. Ocupaba su lugar junto a las obras de Shakesperae o Stendhal sin ningún problema. Pero de un tiempo a esta parte el mundo editorial ha tomado prestadas ciertas cualidades del planeta rosa, ese del folletín y la figuración, en el que priman más los premios mediáticos, los sobornos a jurados, el amiguismo y la pésima calidad literaria. Se ha desatado una carrera en todas las editoriales por conseguir el próximo best-seller. En cualquier librería o centro comercial, tienes que esquivar las montañas de los superventas para dar con otros libros, que generalmente están desterrados en uno de esos expositores giratorios tan incómodos.
Como en el cine o en la música, la novedad por la novedad ha sustituido cualquier otro tipo de variable. Los clásicos ya los conoce todo el mundo y además son libros que hacen pensar. Sacrilegio. Algunos pocos autores consiguen aunar éxito en ventas y calidad, pero son la excepción. Los dioses son los Tom Clancy, Dan Brown, Ruiz Zafón, y no voy a dar más nombres que alguno me podría linchar por deshonrar a su ídolo literario.
El género que arrasa en todas partes es el de la novela pseudohistórica de trasfondo detectivesco. Aquellos libros que sitúan la acción en algún momento histórico importante o que utilizan la figura de alguien famoso o alguna conocida institución para hilvanar una trama de misterio a su alrededor. Estoy tan, pero tan harto de toparme en todas partes con códigos, enigmas, clubes, profecías, códices, ecuaciones, que utilizan apellidos ilustres para llamar la atención (Dante, Vivaldi, Da Vinci, Romanov) que he decidido probar suerte yo mismo. Si todos esos gualtrapas se forran las orejas de oro y aquí cualquier mindundi trepa en el escalafón literario y aparece en los "serios" suplementos de los grandes diarios, no se qué hago yo perdiendo el tiempo con un blog. ¡¡El futuro está en el best-seller!! Y a vivir que son dos días.
Lo primero y fundamental para tener éxito es conseguir un buen título. Algo así como "La Ecuación Cuchufleta" o algo similar. Yo, después de varias horas estrujándome la meninges he llegado a la conclusión de que "El Enigma Everest" es un título de impacto. Ahí va la trama. Un joven escalador es contratado para conducir una expedición secreta al Everest por una ruta nueva. Sus contratadores llevan un mapa que les conduce hasta un petate enterrado en el hielo, con una cámara de fotos y varios libros de notas que demuestran quién llegó primero al Everest. Hasta aquí todo normal, ¿no? Pero ahora viene el giro Dan Brown, no os lo perdáis.
Los expedicionarios son en realidad Templarios que quieren ocultar que Mallory era un seguidor suyo, que escalaba el Everest para poner una antena y mandar una señal para despertar al Ejército Secreto de Jesús contra el Priorato de los Sabios de Sión. Nuestro protagonista debe lanzarse montaña abajo montado en una reproducción facsimil de las tablas de Moisés que casualmente llevaba en la mochila. Al llegar abajo conoce a una arqueóloga pakistaní de ondulado pelo azabache sobre los hombros que le lleva en submarino hasta una base con forma de estrella de cinco puntas bajo el Mar Rojo. El tema del submarino en el Himalaya ya lo solucionaremos, podemos decir que fue cavado por los monjes tibetanos con cucharillas en la invasión china. Lo de menos es el rigor histórico, que queremos vender millones de ejemplares, no aparecer en las enciclopedias.
A partir de ahí descubrimos que la posición de todos los McDonalds del mundo unidos en un mapa forman un versículo de la Torah. Al protagonista se le ponen las sienes plateadas al pronunciarlo y descubre con su compañera de melena al viento que el presidente de EEUU es masón.
Claro que también podríamos darle un toque a lo Michael Crichton, que ese sí que sabe de vender libros. Mmm, a ver qué os parece. Los expedicionarios encuentran la cámara de fotos y unos diarios que muestran que los tibetanos tenían una tecnología superior que girando unos rosarios y unos rodillos de oración canalizaban un rayo. Un rayo místico, eso sí. Un rayo que abría una grieta espacio temporal, por la que el Dalai Lama quería viajar al pasado a asesinar a Mao. Pero un comando americano descendió en paracaidas hasta el Everest para detenerle y robarle el secreto.
Mallory era en realidad el Coronel Mallory, de la CIA. Total, que el prota lo descubre y huye con los diarios, refugiándose en el K2 donde descubre que en realidad la montaña es una base alemana, el Kampfstrupffe 2 donde Himmler se oculta desde la II Guerra Mundial esperando encontrar un pelo del Fuhrer para clonarlo. Allí encuentra a una doctora alemana rubia de turgentes senos que huye con él en un platillo de la Luftwaffe y aterrizan en Arkansas, despedazando unas cuantas vacas de camino y avisan al presidente, que bombardea el Tibet y lo deja plano y ahí acaba todo.
Creo que ya estoy preparado para recibir las cantidades ingentes de dinero y fama artificial que me va a proporcionar este fulminante éxito. Y si alguno de vosotros, envidiosos, se atreve a plagiarme que se prepare para que la ira de Dan Brown caiga sobre él. Avisados estáis.
*Para Roberto, el auténtico genio.


polidori dijo
¡Apúntate una! ¡Sí señor!
Y estoy completamente de acuerdo: la calidad literaria de las obras que hoy pueblan nuestras librerías es directamente proporcional a la ingente cantidad de títulos que se publican (muchos, muchísimos, sin ton ni son). Salvo honrosas excepciones (Sábato, por citar una), lo demás es carne de hoguera.
Saludos
11 Abril 2006 | 04:33 PM