La Coctelera

6 Abril 2006

Lo que hay en un nombre

"El Nombre de la Rosa" es una de mis novelas preferidas, la he leído varias veces y siempre me ha maravillado el realismo con el que Umberto Eco construye su escenario medieval de intriga y crímenes. Es una obra en la que el "verbo" tiene mucha importancia, se podría decir que una importancia vital (los que conozcan el libro sabrán a qué me refiero). Y es una palabra la que suele intrigar a los lectores: el "nombre" de esa "rosa" a la que se refiere el título.

No voy a desvelar el misterio, solo diré que la respuesta se encuentra entre las páginas y que merece la pena buscarla, no tanto por la solución en sí como por el camino hasta ella. A veces eso es lo mejor de un viaje. De todas formas cuando me preguntan sobre el porqué del título, recuerdo las palabras que le dedica Julieta a Romeo (hoy estamos literarios): "¿Qué hay en un nombre? Lo que conocemos como rosa exhalaría el mismo perfume con cualquier cualquier otra denominación...".

Sin embargo le damos nombre a todo, empezando por nosotros mismos. Mejor dicho, eso que nos identificará toda la vida nos es otorgado antes incluso de nacer, con lo que siempre queda la duda... ¿tengo yo cara de Roberto? Dejando de lado esas divagaciones, tenemos una costumbre obsesiva: nos damos apodos cariñosos entre nosotros, bautizamos a nuestras mascotas, incluso nuestros coches, cada lugar, ya sea ciudad, barrio, calle, edificio. Todo está etiquetado y ordenado en nuestra mente... . O como mínimo en los planos, porque a mi me resulta complicado, tanto que recuerdo los sitios por aquello que hay cerca (tiendas, bares) más que por su nombre. ¿Avenida del Comandante Rivera? ¿Y eso dónde queda?

Otro de mis grandes problemas es que soy incapaz de asociar un nombre a una cara la primera vez que me presentan. Quizá es que estoy demasiado concentrado en ser educado, tender la mano con firmeza o dar dos besos castos y puros, incluso a esa chica que me hace subir los colores, como para fijarme en nada más. Luego llegan las maniobras de todo tipo para averiguar cómo se llama alguien sin que piense que eres un maleducado por olvidarte de él o ella... pero eso daría para varias páginas por si solo.

En un nombre siempre hay algo de magia, por eso en muchas películas, empezando por los espagueti western de Clint Eastwood hasta llegar a "Waterworld" de Kevin Costner, el héroe no tiene nombre. La filosofía detrás de esta idea es muy básica: aquel que sabe como llamarte acaba teniendo algo de poder sobre tí, invade esa intimidad tan preciada y podrá pedir tu ayuda cuando se encuentre en dificultades. Parece una tontería, porque igualmente acabarás teniendo un apodo ("ese tío raro que no me quiere decir su nombre")... pero salir del anonimato y decirle a alguien especial "me llamo..." se vuelve así algo trascendental. Has roto la barrera que te separa del otro y le estás haciendo una promesa, sin decirla explicitamente. "Cuando me necesites, silba...".

Quizá lo que más me intriga de todo ese proceso de bautizar y rebautizar no es lo que afecta a personas o lugares, sino a nuestros propios sentimientos. Nos afanamos en averiguar qué narices está pasando en nuestro interior, como si hubiese algún manual con el que comparar: "ah, si es azul y brilla, es amistad... si es rojo es cariño". El asunto se complica cuando descubrimos que para cada persona eso es diferente. Incluso enfrentados a las mismas situaciones, no llamaremos a las cosas del mismo modo. También están las convenciones sociales. ¿Es Flanagan un amigo o esa palabra se me queda corta? ¿Si digo que es un hermano me pedirán el libro de familia (porque no nos parecemos ni en el blanco de los ojos)? ¿Tengo que decir entonces que es "como un hermano"? ¿Un camarada? ¿Un mosquetero? ¿Se parece Flanagan a Atos y yo a Portos?

Al final estas cosas se solucionan de la forma más sencilla, en especial con ciertas personas. Cuando ella (siempre ella) se te planta delante, con ese gesto de "pero tú eres tonto" y te dice algo así como que te olvides de llamar a las cosas de una forma o de otra... (ahora estoy pensando en lo que comentaba hace unos días sobre las miradas). Y que si sientes algo, lo demuestres. Las palabras, si hacen falta, vendrán luego.

servido por nocheenlaciudad 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Horrorscope

Horrorscope dijo

Las palabras son efímeras, lo que sientes no.

14 Abril 2006 | 03:29 PM

Vestidos de Novia

Vestidos de Novia dijo

Es un punto de vista intereseante.

29 Mayo 2006 | 02:03 PM

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Dos amigos escribiendo sobre sus gustos, aficiones, manías y cualquier cosa que surja de su imaginación desbordante.

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