¿La consulta del Dr. House, por favor?
Hace cosa de medio año, quizá un poco más, un anuncio llamó mi atención en un canal por cable. En él un hombre con bastón y cara de pocos amigos miraba a la cámara mientras de fondo sonaba el tema "Teardrop" de Massive Attack. La escena se me quedó grabada: en ella una chica, enferma terminal, le reclamaba su derecho a morir con dignidad. Sin vacilar, el hombre clavaba sus acerados ojos azules en ella y le respondía algo como: "No se muere con dignidad, se vive con dignidad". Era el doctor House, y ese, el comienzo de su leyenda.
Recuerdo que me impresionó tanto su seguridad y la claridad de su razonamiento, expresado en menos de una docena de palabras, que decidí usarlo como base para un post sobre la eutanasia. Finalmente lo descarté (no estaba de humor, y menos lo estoy ahora) pero sabía que se me quedaba una deuda pendiente. Intentaré solucionarlo.
Reconozco que al principio pensé que House era una serie más de médicos, mezclada con ese "aspecto CSI" del que nadie se libra hoy en día. Me equivoqué. La catalogué como una de tantas del género de hospitales, con algo de humor ácido... y me equivoqué también. Quizá sería mejor resaltar sus puntos fuertes, y dejar de intentar etiquetarla. Tenemos el trabajo de sus protagonistas, sus conversaciones cargadas de tensión, enfrentamientos, ironías, dobles sentidos, la forma en la que han ido creciendo los personajes capítulo a capítulo... . Todo es mérito de los actores y sobre todo de los excelentes guionistas, que quizá sean algo repetitivos en cuanto a argumentos, pero dominan el arte de escribir buenas líneas de diálogo.
De eso, de los argumentos, poco se puede decir. Alguien la ha llamado "el Equipo A de doctores", porque su estructura casi siempre va cortada por el mismo patrón: paciente con enfermedad inexplicable, diferentes diagnósticos erróneos, investigación y finalmente solución a cargo de nuestro querido doctor, al que todos odian. Qué importa que se repita mientras sigamos teniendo al gran Hugh Laurie (actor y cómico de carrera) descargando su lengua como un látigo sobre cualquiera que se cruce en su camino.
Podemos preguntarnos ¿es el imparable verbo de House el que mantiene todo el tinglado? ¿Sería igual sin en vez de médicos fuesen historias de abogados o policías? Probablemente el tono y las verdades como puños podrían mantenerse, pero el contacto "persona a persona" da muchos alicientes. La idea de que no sólo se solucionan problemas sino que se salvan vidas hace que ese huraño y despiadado doctor pueda acogerse al viejo dicho de "el fin justifica los medios". A la larga, para sorpresa de todos, resulta ser él el más sensible y centrado en los pacientes.
House ha ido evolucionando con el tiempo, dotándose de profundidad y personalidad, dando sentido y antecedentes a su cinismo y su humor negro. Ha adquirido toda una dimensión humana convirtiéndose en ese cabrón simpático que cuaquiera querría conocer y nadie tener en contra. A medida que su historia personal se va revelando (el final de la primera temporada, memorable), descubrimos el porqué de su cojera, su evidente lesión física y su no tan evidente lesión emocional. Comprendemos el motivo de que se escude en palabras hirientes y puñados de calmantes para no volver a sentir dolor. Nos cae bien, qué narices. Y estamos deseando que les dé su merecido a esos estirados de la bata blanca.


Neska dijo
:)
2 Abril 2006 | 10:47 AM