Venganza
* Este post ha sido republicado con la estimable aportación de nuestro amigo Chico Viejo, quien nos ha prestado el párrafo referido a Park Chan-Wook. Nuestro agradecimiento a él desde aquí.
El deseo de venganza es un sentimiento universal. Y no me refiero a que todos, como seres humanos que somos, experimentamos los mismos sentimientos, provengamos del entorno que provengamos. Lo que quiero decir es que, independientemente de raza, cultura o condición social, cualquier persona del mundo manifiesta sus síntomas de la misma forma. Hay conceptos que se viven de forma distinta en función de contextos culturales. Pero la idea de ajustarle las cuentas a alguien que nos ha ofendido o humillado, alimentando un rencor que corroe otros sentimientos anulándolos, suele traspasar barreras.
Dicen que el odio es tan fuerte que de vivirlo es mejor dosificarlo porque su veneno se puede volver en contra de uno mismo; que es tan poderoso como el amor y por eso debemos elegir cuidadosamente las personas a las que va dirigido. Y la venganza suele traer como compañero al odio.
Cuando realizamos ese sano ejercicio de imaginar en nuestros momentos solitarios, un desarrollo diferente para acontecimientos que ya han sucedido, gastamos bastante tiempo en colocarnos en el papel de víctimas injuriadas. Guionizamos y rodamos un desenlace distinto al verdadero, en el que somos capaces de hacer y decir lo que no pudimos, no nos atrevimos o no nos dejaron. De esos momentos se aprovecha el sentimiento de venganza para instalarse en nuestros pensamientos.
Yo lo llamo sano ejercicio porque a veces, como decía Buñuel, es fantástico imaginar que uno toma decisiones drásticas que nunca lleva a cabo. Puedes desearle mal a alguien en un momento de furia, como que le corten la cabeza al vejestorio de la vecina de al lado que ronca como una burra milenaria con flemones. Pero eso no te convierte en asesino. Creo que esa es una de las razones por las que las películas de venganza suelen gustar tanto. Da igual el escenario, todos nos identificamos con ese sentimiento y deseamos que el protagonista acabe su tarea. Nos alivia.
La quintaesencial película de venganza es, para mí, "Ben-Hur". Dos hombres cuya amistad traspasa los límites fraternales, fatalmente enfrentados. La desmedida reacción de Messala ante el rechazo de Judá de su ambición, inicia el calvario personal de Ben-Hur. Un largo recorrido que culmina con el descomunal clímax de la jamás igualada carrera de cuádrigas. Brutal la escena en la que retorciéndose de dolor a poco de fallecer, Messala le lanza esa carga de profundidad a Ben-Hur: sus familiares están vivos, pero... Eso es morir matando. Durante casi 4 horas de metraje ansiamos que el personaje principal encuentre la paz ostiando a cuanto romano se cruce por su camino. Y siendo el prota Charlton Heston hay esperanzas de que agarre su arma como presidente de la Asociación Nacional del Rifle que es y se líe a pegar tiros a diestro y siniestro. Total, si en la peli ya aparece un anacronismo en forma de zapatillas de deporte, un rifle aquí o allá no se nota.
En nuestra época Ben-Hur ha tenido el relevo de Máximo Décimo Meridio, comandante en jefe de los ejércitos... bla bla bla. En "Gladiator" la figura del vengador justificado no ha sufrido muchos cambios. También se utiliza a su familia como represalia y el personaje protagoniza un calvario personal que finalmente le proporciona la oportunidad de enfrentarse a su némesis. Aunque aquí la máquina de matar que es Russell Crowe encuentra también la muerte. Ha consumado su venganza, ya no le queda más por hacer en la Tierra.
Un ejemplo de venganza llevada al paroxismo son las dos partes de "Kill Bill". A la Mamba Negra/Beatrix Kiddo/La Novia si que la hacen perrerías. Claro que no es que ella fuera un angelito de la guarda. Como dicen en "Sin perdón" es una maldita bastarda y despiadada asesina sin entrañas. Pero una vez más entra en escena la apariencia del mal. Ella es Uma Thurman, brutalmente asaltada el día de su boda, que pierde a su hija y se pasa años en coma. Además, sus enemigos son aún peor que ella. El contexto y la exageración, en la que Tarantino es una maestro, ayudan a que uno no se lo tome demasiado en serio y entre sin dificultad en un universo comiquero, disfrutando como un enano con cada espadazo. Lo que le hace a Daryl Hannah... Madre mía.
Cineastas obsesionados con la temática del ojo por ojo los ha habido siempre, pero es digno de mención el caso de Park Chan-Wook. El prestigioso director coreano es el autor de la conocida como "Trilogía de la Venganza", que compone los siguientes títulos: "Sympathy for Mr. Vengeance", "Old Boy" y "Sympathy for Lady Vengeance" (estrenada el año pasado). Del estilo austero y desagradable al más irreal y preciosista. Personajes al límite envueltos en una espiral de violencia. Desde un padre que busca vengarse de los secuestradores y asesinos de su hija, hasta una mujer que ansía la redención a costa de un asesino de niños pasando por una locura donde un hombre busca respuestas (y algo más) por un secuestro que le mantuvo encerrado, sin razones, durante 15 años. Cine difícil de digerir, como debe ser el tratamiento de un tema tan humano como trágico.
Hay muchos otros ejemplos. Desde "A quemarropa" hasta la efectista "Revenge" de Tony "Vacuo" Scott, o las salvajadas de Charles Bronson. Pero todas tienen un denominador común. Todo depende de la forma en la que se presente el vengador en la pantalla. Cualquier espectador tiende a identificarse con el protagonista, que goza de una posición de privilegio porque maneja la acción a su antojo. Da igual la ambigüedad de sus motivaciones, estamos hablando, como dije antes, de la apariencia del mal en el cine (algo de lo que espero extenderme en otro post). Porque si el mal es "Carrie" (¿se la puede considerar otra cosa después de la escabechina que prepara?), nadie está dispuesto a juzgarla. Aquellos mamones se lo merecían.
Es curioso como la representación de la venganza en el cine no ha sufrido grandes modificaciones a lo largo de su historia. Es un sentimiento milenario muy tozudo. El amor, por ejemplo, sí ha evolucionado. Ni se manifiesta, ni se exterioriza, ni se experimenta de la misma forma que hace siglos. Ha cambiado hasta su condición social. La venganza por el contrario continúa inalterable. Puede ser fría y calculada, o producto de un calentón salpicador. En cualquier caso yo bendigo al cine por darme la oportunidad de desahogarme gracias a la imaginación, y permitirme transportarme por un par de horas a un estado de alivio... mmmm. Os dejo, mi vecina sigue roncando...


Chico Viejo dijo
¿Cómo se habla de venganza en el cine y no se incluye la trilogía de la venganza de Park Chan-Wook? O_o
Si quieren les hago un parrafito... por mí encantado ;-)
Saludos y enhorabuena por el post, muy interesante.
3 Marzo 2006 | 01:36 PM