La Coctelera

Noche en la Ciudad

Música, cine y literatura bajo las estrellas

2 Febrero 2006

Jim Henson, el maestro de marionetas

Cuando era un retaco escuchimizado mi madre encontraba serios problemas para hacerme engullir los brebajes y experimentos culinarios que paría en la cocina. No me malinterpretéis, mi progenitora es y ha sido siempre una excelente cocinera, lo que pasa es que yo era un melindroso. Mi médico de cabecera sempre me decía que yo no comía con la boca sino con los ojos. Aquello que ante mi exigente escrutinio visual no pasaba del "bleaaagh" tenía prohibida la entrada a mi aparato digestivo. Esto provocaba un estado de desesperación en mi madre que se verbalizaba en la ya mítica frase "este niño no me come".

Ante su sorpresa encontró la solución donde menos lo esperaba. A su ayuda acudió un monstruo de color azul obsesionado con las María Fontaneda, que engullía al grito de "¡¡Galletaaaaaaas!!". Triki, el monstruo de las galletas, había hecho su aparición en mi vida. Era ver aquel peludo muñeco de trapo y quedarme embobado. Lo que hacía él lo copiaba yo. Tamaño descubrimiento provocó que cada tarde mi madre me plantara cual ficus delante del televisor y aprovechara aquellos pocos minutos para alimentarme. Claro que de la merienda estaban desterradas verduras, legumbres y otros "bleaaagh". Ese era un momento para ¡¡el pan con chocolateeee!! (señor qué tiempos aquellos...)

Pero Triki no era lo único que me llamaba la atención. Me fascinaban desde el primero hasta el último de aquellos muñecos que para mi tenían más vida y eran más reales que muchas de las personas que conocía. Seguía con expectación las aventuras de Coco y su fiel Jaca Paca; la relación imposible entre Gustavo y Miss Piggy; aprendía el abecedario cantando a los Beatles; ponía los ojos como platos con cada aparición del bicho bicéfalo que no paraba de repetir "bip bip humaaanooo"; me desternillaba con Linda Mirada y el Profesor Armonía; admiraba más que a cualquier profesor al Conde Draco por enseñarme a contar; canturreba todos los días aquello de "un dos tres cuaaaatro cinco seis siete ooochooo nueve diez once doooceee". De hecho, los personajes españoles (Espinete, Chema el panadero y compañía) y sus andanzas suponían una interrupción. ¡¡Yo quería ver a los muñecos!! ¡¡Despejad la pantalla, mamelucos!!

No os podéis imaginar la influencia que han tenido en mi vida Barrio Sésamo y sus teleñecos. A mi edad, y ya paso de los 30, aún conservo gestos fotocopiados de aquellos benditos personajes, algo de lo que pueden dar fe mi gran amigo Roberto y mi niña guapa. En esos momentos de una discusión en los que uno pretende con su vehemencia imponer su criterio, mi cuerpo empieza a generar una serie de movimientos espasmódicos que más que convencer al contrario, le provocan un irrefrenable ataque de risa: "Juaaassss, pareces Coco".

En mi etapa escolar, un compañero y yo organizábamos pases para nuestra particular saga familiar. El interpretaba a tres miembros de una especie de familia Trapisonda y yo a otros tres. Nos colocábamos tras los pupitres ocultando los brazos a la vista, moviendo únicamente el tronco, como si fuéramos hermanos de sangre de la rana Gustavo. Jamás, y digo JAMÁS, he sentido con cualquier otro personaje u obra de ficción lo que he sentido viendo los programas que protagonizaban esas criaturas. Y os lo dice un fanático del cine y la literatura. Pero la sensación de inmensa felicidad qe me provoca tan solo el recordarlos... eso es impagable. Crecí y llegué a la adolescencia viendo una y otra vez programas repetidos de Barrio Sésamo. Mientras mis compañeros alucinaban con nuevas series como "V", "Los caballeros del zodiaco" o la puñetera "Bola de dragón" a mi se me saltaban las lágrimas de la risa con un solo gesto de SuperCoco.

No fue hasta varios años después que descubrí el nombre de la persona que había hecho posible con su imaginación tantas horas de inagotable disfrute. El genio que daba vida como un mago y que hacía tan creíbles a unos "simples" muñecos de trapo: Jim Henson. Nacido en un pequeño pueblo de Mississippi en 1936, Henson se mudó en la decáda siguiente a un suburbio de Maryland, donde su padre, un agronomista, había encontrado trabajo. Estando en el instituto Henson se enamoró de la televisión, obsesionado por la idea según sus propias palabras, de que lo que veía a través del aparato estaba sucediendo al mismo tiempo en otro lugar. Justo antes de entrar a la universidad, Jim se enteró de que una cadena local estaba buscando a alguien que manipulara muñecos para un programa infantil. Aunque entonces no estaba muy interesado en ellos, sus ganas de conocer el medio televisivo le impulsaron a fabricar un par de muñecos con la ayuda de un compañero y ambos fueron contratados.

Un año después se pasó a la NBC donde consiguió su propio espacio, de apenas 5 minutos, llamado "Sam and friends", en el que se incluía una primera versión del reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, la rana Gustavo, que entonces se parecía más a un lagarto. El mítico muñeco, la creación más querida por el propio Henson, nació del cruce de un viejo vestido materno con una bola de ping-pong. El programa se emitía en directo dos veces al día y se prolongó en antena durante 6 años, en los cuales Henson conoció a una asistente llamada Jane Nebel con la que se casó (y tuvo 5 hijos).

Fue en esa época cuando Henson adquirió su estilo inconfundible y evolucionó el mundo de las marionetas con hallazgos que hoy parecen muy sencillos. Uno de sus descubrimientos fue darse cuenta de que no necesitaba esconder a los marionetistas detrás de alguna estructura cuando estaban delante de la cámara. Lo único que había que hacer era enfocar a los muñecos, dejando fuera del fotograma a los operarios. De esa manera los muñecos dominaban completamente la imagen y parecían más reales. El otro gran hallazgo fue mezclar las técnicas clásicas del arte de las marionetas con los muñecos. Las marionetas de toda la vida tenían una estructura sólida y sus movimientos eran bruscos. Pero la rana Gustavo tenía una cabeza móvil y podía sincronizar sus labios con las palabras y gesticulaba con más facilidad que una marioneta gracias al material con el que fue concebida, mucho más manipulable.

A lo largo de la década de los 60 Henson y sus creaciones fueron adquiriendo más popularidad, realizando apariciones en algunos de los shows más famosos de su época y protagonizando varias campañas de publicidad. Mientras, Jim experimentaba en el campo fílmico y su cortometraje "Time piece" era nominado al Oscar. Pero lo mejor estaba por llegar justo al final de la década del hippismo. El grupo Children´s Television Workshop comenzó a trabajar en un revolucionario programa infantil que iba a ser bautizado como "Sesame street". Henson fue contratado por la creadora del show, Joan Ganz, proporcionando el toque de genio que convirtió ese espacio en el programa más famoso de la historia de la televisión mundial. Henson siempre se sintió incómodo recibiendo todos los elogios por la elaboración de "Barrio Sésamo", pero según la propia Ganz "Jim fue el Chaplin, Mae West, W.C. Fields y los hermanos Marx de nuestra época".

Entonces Henson fue encasillado como un hombre de entretenimiento solo para niños, algo que le molestó siempre. Lo curioso es que a pesar del enorme éxito de "Sesame street" ninguna cadena estadounidense le ofreció un show propio. Fue un productor británico llamado Lew Grade el que le daría la oportunidad, financiando "The muppet show", donde hicieron su primera aparición Miss Piggy, Gonzo y el oso Fozzie. La rana Gustavo condujo el programa a modo de maestro de ceremonias durante 5 temporadas, tras las cuales Henson canceló el espacio al considerar que su calidad había descendido. Actores, músicos y famosos en general acudían cada semana como invitados. En su momento de mayor esplendor, "The muppet show" fue visto por casi 250 millones de espectadores en todo el mundo. El programa tuvo un revival en los 90, con invitados como Michelle Pfeiffer cabreando a Miss Piggy con su belleza y regalando sketches inolvidables como el concierto punk protagonizado por una banda compuesta por... patatas, que terminaban convertidas en puré. Irrepetible, me mondo recordándolo.

Contrariando a los que sostenían que sus protagonistas fracasarían si fuesen llevados a la gran pantalla, Henson realiza "The muppet movie" en 1979. La película se convierte en un taquillazo y ya no hay quien le tosa. Henson traspasa las categorías y encasillamientos. Se le considera un creador nato, un genio del entretenimiento más allá de barreras impuestas por la edad, raza o condición. La recaudación de la película allanaría el camino de posteriores producciones como "Cristal oscuro", que se gestó a lo largo de 5 años, y "Dentro del laberinto", con una Jennifer Connelly que ya provocaba sueños húmedos a nuestra generación.

Sus éxitos en el mundo del cine no le apartaron de la televisión. A los maltratados 80 les debemos clásicos como "El cuentacuentos", ya homenajeado por Roberto en un post anterior; una serie animada protagonizada por Gustavo, Miss Piggy, el irrepetible Animal, Fozzie y compañía; y los inolvidables, maravillosos Fraguel, serie que adoro casi por encima de cualquier cosa. ¿Hay alguien aquí que no se sepa la letra de su tema principal? ¿Hay alguien que no se postre ante creaciones geniales como la montaña de basura? En esos años también alumbró la Jim Henson Foundation, entidad destinada a promocionar y desarrollar el arte de las marionetas en Estados Unidos, y la Jim Henson´s Creature Shop, que aún hoy en día es considerada la más avanzada en la creación de criaturas para películas.

Jim Henson nos dejó en 1990, víctima de una neumonía cuyo padecimiento ocultó a su familia y amigos porque no quería ser una carga para nadie. Cuando se decidió a solicitar ayuda médica, ya era demasiado tarde, falleciendo la misma semana en la que iba a vender su compañía a la todopoderosa Disney. A su funeral acudieron alrededor de 1000 personalidades (y teleñecos, por supuesto), con Harry Belafonte cantando "Turn the world around", su canción favorita. Cuando pienso en ello, no puedo evitar acordarme de la fantástica escena de la boda en "Love actually", cuando se van levantando los músicos ocultos por toda la iglesia e interpretan "All you need is love". Esa escena está basada en la propia boda de Henson, en la que sus muñecos fueron apareciendo por doquier cantando para su creador el tema de los Beatles.

Partiendo de la base de que todos tenemos debilidades, de que el axioma "Nadie es perfecto" estará siempre vigente y que no es muy saludable idealizar a una persona, no se me ocurre a nadie que haya hecho tan felices a tal cantidad de gente a lo largo y ancho de todo el planeta. Si su obra ha calado tanto no es solo por su contagioso optimismo y por la trasnmisión de valores positivos. En manos de cualquier otra persona eso se habría convertido en cursi. La valía de Henson está en transmitir esos valores de la manera más realista posible. Sus muñecos no eran ñoños sino irónicos, satíricos. Epi y Blas siempre estaban discutiendo; Miss Piggy era vanidosa y caprichosa; la rana Gustavo sufría decepciones que la sacaban de quicio... por eso resulta más fácil aceptar su dulzura, bondad y optimismo; porque detrás del trapo late un corazón tan grande como el que más. Hacer eso posible no es una labor de genio, es un milagro. Como dijo una vez un crítico de Time Magazine: "Lo que vivimos de pequeños nos marca tanto que es posible que Henson tenga tanta importancia en este siglo como en el anterior, porque sus espectadores crecen llevando consigo su visión".

servido por nocheenlaciudad 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gatinha

Gatinha dijo

Que dulces recuerdos me has traìdo esta mañana,
otra cosa màs que agradecer...

2 Febrero 2006 | 04:47 PM

polidori

polidori dijo

Pues yo ya peino canas y alopecias, tengo algo más de años que tú (36) y comparto todo lo que dices de los teleñecos. Además, debes recordar a otros dos personajes que no has mencionado y que eran también para mí de los mejores: los dos viejos cascarrabias que, sentados en los palcos del teatro, se mofaban de todo lo que veían. Eran sublimes.

Lástima que las pelis estén dobladas como están dobladas...

Por cierto, "chica de la tele" tiene un post que te va a encantar. Sólo te digo esto: "manamaná". Entra en esta dirección:

http://www.chicadelatele.com/chicadelatele/post/2006/01/21/manama...

Un abrazón

2 Febrero 2006 | 05:41 PM

Flanagan

Flanagan dijo

Aaah, los dos cascarrabias, personajes geniales. Pero entre tantos es normal que me deje alguno. Ahora también recuerdo al cocinero que lanzaba pollos a una especie de canasta, a los diminutos Nabucodonosorcitos que vivían con Epi y al irrepetible personaje con perpetua cara de susto que solo decía mimmmimmimimmmi. Gracias por el enlace.

Saludos a todos, gracias por comentar!!

2 Febrero 2006 | 06:00 PM

Steiner Copete

Steiner Copete dijo

A pesar de tener solo 19 años y no vivir en la epoca de su auge, siempre me gustaron estos muñequitos. Entre mis favoritos, el conde Drako(un murcielago jajajajaja dos murcielagos. jajajajaj) y Blas. Si me gustaba Blas pasa algo?

saludos y sigue asi

3 Febrero 2006 | 09:15 PM

ana

ana dijo

gracias por dedicarnos tiempo!! :)

genial crónica !!

gracias gracias ! :)

4 Febrero 2006 | 03:23 PM

la escapa·ratista

la escapa·ratista dijo

¡¡Que tiempos!! La causa de mi debilidad por las galletas!!

5 Febrero 2006 | 09:41 PM

olguix

olguix dijo

También guardo pesadillas que sugieron viendo a escondidas pelis de dos rombos que no tenían nombre hasta muchos años más tarde, y,aunque nunca he sido forofa de la tele, me recuerdo sentada en el sillón del salón mirando esos mismos muñecajos repasándome los números que acababa de aprender en el cole...

Tus palabras me han dejado un poco desconcertada...me estaban gustando, y las estaba disfrutando, hasta que una ráfaga ha cruzado mi cabeza diciendo...¡pareceis los abuelos cebolleta!!...

.. y es que recuerdo cuando "los mayores" empezaban con el "qué tiempos aquellos!" y vaya...que me he dado cuenta de que pasan los años y que hace casi una década desde que me quitaron el abono transportes naranja, un auténtico trauma en esa época...

un abrazo y gracias por los momentos que me dejas compartir; al fin y al cabo, lo curioso de todo esto es ver que muchos hemos crecido (y menos mal!) incorporando historietas que a primera vista parecían insignificantes...

6 Febrero 2006 | 02:31 AM

Flanagan

Flanagan dijo

Olguix, entiendo lo que dices sobre el paso del tiempo. A mi me pasa muy a menudo últimamente. Nunca lo había hecho y ahora siempre pienso en ello, en que los días no se paran. Hay gente que piensa que cuando uno se pone a recordar es porque tiene más pasado que futuro. Yo no comparto ese punto de vista porque mi futuro pasa por no olvidar mi pasado. Y yo no me siento viejo, lo mejor está por venir. Un abrazo.

6 Febrero 2006 | 03:05 PM

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