Una verdadera historia de violencia
"La teoría más pura del documental es ser una mosca en la pared", según las propias palabras de una de las realizadoras de "La Sierra", el descarnado retrato de la violencia en Medellín rodado durante un año en el barrio del mismo nombre. A través de las experiencias de tres adolescentes nos acercamos al conflicto entre paramilitares que se recrudeció especialmente durante el 2003 y dejó un reguero de victimas, incluyendo a uno de los protagonistas.
Acostumbrados a conocer la guerra de forma despersonalizada, sin nombres ni apellidos, sin ver la cara de los que matan ni de los que mueren, resulta impresionante compartir durante meses la experiencia vital de una persona para verle finalmente tirado en la calle, acribillado a balazos por la policía. Pero también es igualmente impresionante conocer la sangre fría con la que asumen sus destinos, la necesidad de llevar armas, de hacerse mayores de forma apresurada (el protagonista era padre de seis hijos con varias chicas diferentes, todas quinceañeras).
Uno se imagina lejos esos lugares y a esa gente, o prefiere verlo así. Pero por desgracia "La Sierra" me recordó a otro reportaje, de hace años, sobre la guerra en la antigua Yugoslavia. En él se hacía un repaso a datos como que Sarajevo fue en 1984 sede de las Olimpiadas de Invierno, o se entrevistaba a algunos de los combatientes, que antes del conflicto llevaban vidas normales como panaderos, taxistas o barrenderos.Esas cosas son las que hacen que veas de forma muy relativa, y agradecida, el entorno en el que vives.
La violencia en ese grado es algo que tenemos la suerte de no sufrir salvo contadas excepciones, por ejemplo la del terrorismo. Es fácil olvidar que no siempre ha sido así y que aunque mi padre nunca ha tenido que empuñar un fusil, su padre, mi abuelo, si que tuvo que hacerlo y en las condiciones más crueles posibles, las de una guerra civil. Me gustaría saber si en su momento ellos lo vieron venir de una forma clara o también estaban convencidos, como nosotros, de haber desterrado el odio visceral y fratricida. ¿Lo pensaban en La Sierra o en Yugoslavia?
Echando la vista atrás sólo cien años el panorama no es muy alentador, dos guerras mundiales y multitud de otras salpican el calendario de aniversarios terribles hasta llegar a nuestros días. La "paz" parece un invento tan reciente como la televisión y reservada para pequeñas zonas que la conservan más por razones económicas que por cualquiera de índole humanitaria. El mayor impedimento actual para la III Guerra Mundial sería el coste para las multinacionales, no el de vidas humanas. En todas partes sigue habiendo personas dispuestas a matar, con ganas de tirar de un gatillo o pulsar un detonador.
Quizá la situación de los paramilitares de Medellín, que nos parece tan ajena, sea realmente la normal de la condicion humana, el pequeño oasis en el que vivimos un espejismo efímero antes de la próxima debacle y nosotros mismos, potenciales víctimas o verdugos. Luchemos para no serlo.


polidori dijo
¡Que Dios o el demiurgo te oigan!
Somos muy afortunados.
26 Enero 2006 | 12:12 PM