Grábame una casete
Buenos momentos estos para echar la vista atrás y rescatar del cajón, literalmente, unas cuantas de mis viejas casetes. Es curioso que se forme ahora tanto revuelo por la piratería y el top manta cuando hace años era lo habitual llegar a casa de un amigo y decirle “grábame eso”. Y le dabas una flamante cinta virgen TDK, o como la que tengo ahora al lado, una BASF Ferro Maxima I con su bonita carcasa negra y sus letras en color cobre. A lo que la respuesta solía ser “mejor dame una de 90 que ahí no te va a caber”.
Había todo un ritual en torno a la grabación de casetes y las recopilaciones. La que suena en mi cadena ahora mismo no llevaba título, y yo la bauticé como “Hard as a Rock”. El artífice fue un compañero de instituto, apasionado del heavy, y con su cinta fue con la que descubrí grupos y artistas como Yngwie Malmsteen, Whitesnake, Poison, Black Sabbath, Helloween o Judas Priest. Digo descubrir sonoramente, porque de nombre (o de vista, gracias a las eternas camisetas negras de sus fans) ya los conocía.
Otro paso indispensable, aparte de titular o no, era escribir los títulos en los pequeños cartoncillos rayados que venían en las vírgenes, con una letra minúscula y la duda de si cabrían enteros o no. Usar dos líneas no quedaba demasiado bien, y diferentes tamaños tampoco. Así que ¿cómo metías ahí Creedance Clearwater Revival o Tom Petty & The Heartbreakers? Ya podían elegir todos los grupos algo más corto como Cream o mejor, U2, para que entrasen las canciones sin apreturas. En casos extremos o cuando el pequeño libreto había desaparecido tras múltiples regrabados, había quien recortaba folios y hacía pequeñas obras de arte con autor, título y dedicatoria incluida, filigranas en los bordes e ilustraciones. Eran los menos porque ¿quién no ha tenido cintas anónimas en cajas anónimas, de esas que si no puedes ponerlas tienes que jugar a las adivinanzas? Y te llevas algo que crees que es Led Zeppelin para un viaje y resulta ser Juan Pardo, o peor, la selección de mariachis que le encantan a tu padre.
Otros de los grupos que descubrí a través de una cinta grabada fueron The Doors o los Ramones. Siempre cuento la misma anécdota: el más fervoroso seguidor, que todos los días llevaba puesta una camiseta suya diferente, se sentaba frente a mí en clase, y empeñado en que conociese las excelencias de los hermanos Ramone, me dijo que le diese una casete para grabarme unos discos. “¿Una de 90? Ahí entra la mitad de la discografía...”. Es una exageración claro, pero lo cierto es que cuando me la devolvió tenía más canciones por minuto que ninguna otra.
Hay que decir que la SGAE ya cobraba un canon en aquella época por las cintas vírgenes, tanto de música como de vídeo, aunque yo no lo sabía. Lo de los CDs me habría pillado menos de sorpresa si hubiese sido consciente del tanto que se llevaban por mi heavy metal y mis grupúsculos de rock tecno industrial. Y lo que es peor, por mis primeros pinitos con la grabadora, en forma de entrevistas o charlas sobre trabajos en la facultad, aunque esa es otra historia.
El auge de los discos compactos mató a las casetes al final de mi etapa en la universidad, y como “greatest hits” de aquella época conservo dos inigualables recopilaciones de Neil Young que construyó artesanalmente para mí mi compañero Flanagan. También la de los Doors que ya he mencionado, una original de INXS que me regaló después de que desapareciesen del Olimpo de grupos particular de su guapísima hermana y cayesen en desgracia (y de ahí, camino al fondo de cualquier caja en el desván, porque no me imagino a Flanagan escuchando a Michael Hutchence y su “Baby don’t cry”).
En definitiva, y como diría el eslogan de cualquier radio, música para toda una vida, solo que guardada en unas extrañas cintas que siguen sonando bastante bien, o que en su defecto podemos desenrollar y hacer que sirvan para adornar el árbol en fechas tan “entrañables” como las que vivimos. Mejor las guardaré, seguro que dentro de diez años me toca escribir algo que comenzará así: “recuerdo cuando grabábamos MP3s en CDs, unos discos plateados perfectos para servir de posavasos”.


septiembre dijo
Todos recordamos las casettes ahora que el tema de la piratería está tan "de moda". Era bonito intercambiar música. Incluso grababamos de la radio y,a veces, hacíamos auténticas chapuzas... yo también guardo muchos recuerdos de estos años.
No voy a hacer de tu post una crítica a la SGAE ni enrollarme demasiado con el tema de la piratería... Solo decir que no sé como se puede decir en un anuncio que la piratería va en contra de la cultura cuando tanto la facilita. Intercambiar música, películas, videos hace más sencillo acceder a la cultura y no hablo de vender lo que se graba sino de un intercambio. Si nos fijamos en el precio que le ponen a la cultura, eso si que es indignante...
un abrazo
26 Diciembre 2005 | 10:09 AM