La Coctelera

21 Diciembre 2005

La apasionante búsqueda del tesoro

De pequeño tenía muchas aficiones curiosas y una de ellas era dibujar pequeños planos o notas en clave que luego arrugaba y envejecía, dejándolos como si acabasen de salir del bolsillo del mismísimo Long John Silver. No recuerdo que enterrase o escondiese nada realmente (no era propio de mi espíritu de ratón de biblioteca) pero a pesar de todo esos pedacitos que ilustraban la geografía de mis historias inventadas hacían volar mi imaginación.

Los mapas siempre ha sido una promesa de aventuras para mí. Ahora que el Google Earth nos permite asomarnos a lugares escondidos por todo el planeta, desde el techo de nuestra casa a las Pirámides de Gizeh, puede parecer una afición más bien trivial, pero hacer girar el globo terráqueo y localizar con el dedo un lugar que conoces sigue teniendo algo mágico. A menor escala, los callejeros provocaban, y provocan, esa misma sensación de "conozco ese sitio", y por extensión, lo que hay tras él.

Si tuviese que elegir dos cosas atípicas para regalar a un niño serían una enciclopedia (o en su defecto un libro de historia) y un atlas. De decidirme a hacerlo, las probabilidades de que quedasen aparcados al momento en favor de la consola de última generación del año son muy altas. Tanto que ni siquiera yo, que considero que fui un enano lector y bastante curioso, puedo asegurar que conmigo tuviesen éxito. Pero aquellos que se atreviesen a pasar las páginas, descubrirían una fuente inagotable de diversión y conocimiento.

Seguramente todo esto lo pienso con la experiencia que dan los años y mi redescubierta vocación por la historia y la arqueología. Seamos realistas, ¿un chaval va a querer saber dónde está la Isla de Pascua o cuáles son las leyendas aborígenes sobre la roca Uluru de Australia? Aquí ocurre como con la discusión entre Harry Potter y Julio Verne: parece que cuando te haces mayor el síndrome de abuelo Cebolleta ataca con fuerza y tienes más ganas que nunca de decir a todo el mundo lo que deben leer, descubrir o conocer. Y no digamos ya si te consideran un "cerebrito", en ese caso te vuelves insoportable recomendando a Homero y Kafka (es broma).

Ya lo hemos hablado otras veces, no está de moda imaginar, o mejor dicho, lo está siempre y cuando el medio para hacerlo venga empaquetado, con el precio puesto y una etiqueta "de 3 a 6 años". Un libro que hable de lugares que existen o existieron, sus gentes, sus mitos o sus creencias, no parece ser adecuado. Y es una pena, porque la mayoría de las veces la realidad supera a cualquier ficción que un escritor con ganas de hacer reciclaje de los cuentos populares ponga en las estanterías de las grandes superficies. O a cualquier trama que consiga hilar un diseñador de videojuegos.

Pero las cosas no están hechas así. Los niños piden juguetes y como mucho sagas de fantasía infantil de moda. Ante eso los padres están atados de manos, si es que tenían la intención de darle algo diferente (raro). ¿Hay que tomar la riendas y añadir al lote algo un poco más maduro? Si tuviese sobrinos, probablemente lo haría, porque yo siempre he agradecido muchísimo a aquel pariente bibliófilo que me regalase "El Hobbit", "Mi familia y otros animales" y una colección del Reader's Digest que empezaba en 1959 y acababa en los años 80. Claro que si, aunque me tachasen como mínimo de atípico... en nueve de cada diez casos el flamante Pequeño Larousse, el libro de Patrick O'Brian y las cartas náuticas se apolillarían sin remedio, pero el décimo niño puede que se convirtiese sin quererlo en un capitán de mar y guerra. Y sólo por ese merecería la pena.

servido por nocheenlaciudad 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

wallias

wallias dijo

Qué post mas evocador y cómo me siento de identificado. Siempre me apasionaron y me apasionan los mapas. Te recomiendo también el Google Earth..único!!

Me gustaría hacer mención a esto:

" en ese caso te vuelves insoportable recomendando a Homero y Kafka (es broma)"

¿Por qué? Presiento que te apasionan y lo dejaste escapar por la boca pequeña con miedo a que te pudiera tachar como dices de insoportable...me vas a perdonar pero Homero escribió dos de los más grandes libros de aventuras de la historia. Estoy convencido de que poniendo la misma pasión que para el resto de post de vuestro blogs lograríais arrastars a más de uno a leerlo, y eso, en tiempo de OT y Da Vincis de palo es todo un logro!!

Añadiría los libros de Joseph Conrad y Slagari dentro del género de aventuras.

Y no me enrrollo más, pero me ha encantado perderme unos segundos por añejos mapas y viejas novelas de avenuras...

Un saludo

21 Diciembre 2005 | 10:50 PM

septiembre

septiembre dijo

Me encanta lo que nos cuentas. Comparto tu opinión. Yo de pequeña salía directamente sin mapas a buscar tesoros... y encontraba pequeñas cosas que yo consideraba tesoro. Quizá esas exploraciones por el campo y esos ataques de imaginación se deban al montón de cuentos e historias que saboreaba cada día. Es complicado no regalar lo que te piden los niños pero el problema es que muchos no pueden elegir en plenas facultades porque no conocen que existen otras cosas más allá de los videojuegos.
Añado a Julio Verne.
un abrazo

22 Diciembre 2005 | 10:54 AM

Jamais vu

Jamais vu dijo

Ohhh qué recuerdos... Me encantó "Mi familia y otros animales" de Durrell.

A mi da mucha pena no poder regalar libros a mis primos o a mis sobrinas, siempre ha sido mi regalo favorito... y me fastidia que sólo les haga ilusión cosas como tal juego de la play o tal muñeca que hace no-sé qué. En fin.

Un saludo y felices fiestas.

22 Diciembre 2005 | 03:33 PM

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Dos amigos escribiendo sobre sus gustos, aficiones, manías y cualquier cosa que surja de su imaginación desbordante.

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