Los diamantes son para... la guerra
Mientras suena en los altavoces "Ain't got no - i got life" de Nina Simone, echo un vistazo a las imágenes que he elegido para ilustrar este artículo. Las cosas han cambiado mucho desde mediados de los 60, hasta el punto de que ella, tan involucrada en la lucha por los derechos civiles, probablemente se sorprendería al ver quiénes son ahora los mayores representantes de la comunidad negra: un enorme grupo de raperos enjoyados.
Podría pasarme un buen rato hablando sobre las dudosas actitudes que salpican el panorama musical por el que se mueven Puff Daddy, 50 Cent o Nelly, empezando por el gangsterismo, la violencia verbal o física y la tendencia a resolver cualquier disputa con un buen tiroteo. Pero me quedaré en lo que más llama la atención a primera vista, su aspecto y en concreto lo que lucen en sus cuellos, dedos y muñecas.
Los diamantes se han convertido en los mejores amigos de muchos raperos de EE.UU, en algunos casos hasta extremos realmente horteras. Que conste que no censuro su mal gusto o que hagan alarde de su riqueza. El dinero es de cada uno para gastarlo como le apetezca. (Para no quedarme sólo con ejemplos del otro lado del charco hay que decir que David Beckham también se ha unido a esta moda con sus pendientes de 105.000 euros, o los más modestos de 35.000 para su hijo Brooklyn.) Me pregunto si como modelos que son para la juventud mundial, la negra en especial, y en muchos casos símbolos de la lucha por salir del gueto y triunfar, no les parece contradictorio llevar uno de los mayores símbolos de explotación y guerra que existen.
En África se encuentran algunos de los mayores yacimientos de diamantes del mundo, pero lo que debería ser una bendición para los países que los albergan se ha convertido en todo lo contrario. Grupos revolucionarios en Sierra Leona o Angola utilizaron los beneficios de la venta de piedras preciosas extraídas de minas bajo su control para financiar la compra de armas y la guerra. La situación llegó hasta tal punto que tras la denuncia de varias ONGs la ONU impuso sanciones a estos y otros países. Amnistía Internacional comenzó una campaña en la que se explicaba cual era el verdadero coste en sufrimiento de los diamantes.
Como resultado de estas acciones se creó el Proceso de Certificación Kimberley, por el cual los países productores deberían asegurar que ninguna de sus piedras provenía de zonas de conflicto. Los "diamantes de conflicto" o "diamantes sangrientos" quedaban así fuera del mercado internacional... al menos en teoría. La realidad es que resulta complicado hacer un seguimiento a toda la producción y se sospecha que la certificación está facilitando la salida de diamantes "dudosos", introducidos entre otros legales.
Según las cifras oficiales, el 98% del comercio de diamantes está controlado, eso si asumimos que todos los países dentro del Proceso Kimberley actuan de buena fe, recordemos que no existen observadores neutrales externos. Diversas fuentes hablan de un 4% o hasta un 15% de "diamantes sangrientos" pasando de mano en mano por Europa, Asia y América. En 2004 la República del Congo fue excluída del proceso acusada de hacer contrabando de este material a través de Suiza y los Emiratos Árabes Unidos. En 2005 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recibió un informe sobre la explotación de minas en Costa de Marfil como parte del modelo de financiación de grupos rebeldes en el país.
Con este panorama ¿deberíamos preocuparnos por el origen de esas piedras que adornan nuestras joyas? El público en general no es un gran consumidor de diamantes, al menos habitualmente, pero teniendo en cuenta su valor y lo que puede significar para miles de vidas al otro lado del mar, debería ser importante. Y más para aquellos que orgullosos de lo que son, de dónde han llegado y de su procedencia, invierten millones en ello, actuando como símbolo para otros. Pero como decía al principio, cada cual es libre de hacer lo que desee con su dinero y con su conciencia. De todas formas, tampoco nos preocupamos de si nuestro petróleo viene de Irak.


srta desconocida dijo
a veces es mejor seguir ciegos para poder dormir por las noches, si mirasemos a nuestro alrededor de un modo más crítico puede que nos asustasemos...desde las etiquetas made in china, sinónimo de explotación, hasta los cosméticos testados con animales, las maderas de bosques tropicales...
en muchos casos lo único importante parece ser mantenerse a flote, aunque para ello haya que ahogar a otros.
Es la ley de la calle, y esa los raperos parecen conocerla bien.
11 Diciembre 2005 | 04:47 PM