Surcando el cielo (Saint-Ex)
El pequeño Antoine no era buen estudiante. Sus notas dejaban mucho que desear y a juicio de sus profesores en el colegio jesuita era un alumno poco disciplinado. Su taquilla era la más desordenada de todas, siempre repleta de libros, cuadernos llenos de notas y papeles. Su desinterés por los volúmenes que no relataran viajes y aventuras extraordinarios provocaba que llegara a casa atiborrado de castigos, con los dedos manchados de tinta y cabizbajo. La enseñanza estricta del colegio no iba con el carácter soñador de un niño huérfano de padre a los 3 años, crecido y criado entre castillos (los de su abuela y su tía) con almenas desde las que contemplar la bruma al amanecer e imaginar todo lo que se ocultaba a la vista.
De familia de nobleza provinciana, a Antoine no le faltará nada material en su niñez. Pero sí añorará, no sólo la figura paterna, también a su madre, que no logra hacer buenas migas con la familia del conde fallecido y deja a sus hijos a cargo de sus tías. "...Ud es verdaderamente el único consuelo, cuando uno está triste. Cuando era niño, volvía a casa con mi pesada cartera sobre mis espaldas, lloriqueando por haber sido castigado -¿se acuerda Ud., en Le Mans?- y, sólo con besarme, hacía que lo olvidara todo. Era Ud. un remedio todo poderoso contra los maestros y los padres perfectos..." Esta sería, años después, la visión de Antoine del tiempo pasado junto a su madre durante su niñez.
"Las cosas esenciales de la vida no se ven con los ojos sino con el corazón."
Lo mejor de aquellos años son los veranos en Ambérieu. A pocos kilómetros se había instalado un aeródromo al que Antoine se escapaba con su bicicleta para ver surcar el cielo a aquellos primitivos aparatos. Todo niño es un volcán en erupción de preguntas y el pequeño huérfano interrogaba durante horas a los mecánicos sobre el funcionamiento de los aviones. Autonomía, potencia, velocidad, mecánica... "Las alas temblaban bajo el soplo del atardecer, el motor con su canto mecía el alma adormecida, y el sol nos rozaba con su luz lívida..." Antoine había descubierto que se podía volar despegando el cuerpo de la tierra, dejando descansar la imaginación.
En julio de 1912, Antoine sube a un avión por primera vez en su vida, en un Berthaud-Wroblewski. El propio diseñador del aparato es quien lo pilota. Antoine ya no se bajará nunca. Es en la compañía de las nubes donde se sentirá menos solo. Es en el intacto azul celeste donde continuará imaginando historias protagonizadas por intrépidos hombres voladores. Es en medio de las tormentas y tempestades donde surgirá un solitario muchacho que cree en boas que comen elefantes.
"El amor verdadero es inagotable; cuanto más das más tienes."
Tras suspender el examen de ingreso en la Escuela de la Armada, Antoine acude a clases de arquitectura en la Facultad de Bellas Artes de París y después de cumplir el servicio militar ingresa en el 2º Regimiento de Aviación de Caza en Neuhof. En 3 meses pilotará en solitario y no parará de ascender en los años siguientes. Su carrera fulgurante se corta al oponerse la familia de su prometida a que ingrese en el ejército del aire. Antoine acepta un trabajo de oficinista del que no le libera ni su capacidad para la fabulación, hasta que su novia rompe el compromiso.
Irá dando tumbos de un trabajo a otro, mientras su pluma sigue creando pasajes donde las alas metálicas son las protagonistas. En 1926 ve publicado su primer trabajo impreso, "El aviador", y consigue su título de piloto de transporte ingresando en una compañía de transporte aéreo de correo. Es quizás la mejor época de su vida. Rodeado de hombres aventureros llegados de otra época, en los años posteriores se suceden rescates de película; el descubrimiento de nuevas rutas; la creación de líneas aéreas que unen ciudades; la publicación de "Correo del sur" y "Vuelo nocturno"; sus innumerables patentes de inventos para mejorar la navegación; el recibimiento de la dignidad de Caballero de la Legión de Honor; y su encuentro, enamoramiento y boda con Consuelo Suncin.
"Las máquinas no nos aislan de los grandes problemas de la naturaleza sino que nos sumergen más profundamente en ellos."
Durante todos esos años, Antoine sufre varios accidentes que le curten como piloto, incluida la odisea de chocar con la cumbre de una meseta en pleno desierto libio. Él y sus compañeros de vuelo fueron rescatados después de 3 días de darles por desaparecidos. Durante la Guerra Civil española, acude a Lérida para realizar un reportaje para el periódico L´Intransigeant. No será el último, Paris-Soir también contratará sus servicios para que cubra el frente de Madrid.

Los viajes, proezas y accidentes se suceden. Entre medias, su tormentosa relación con su esposa, tan brillante como él y siempre a la sombra de su célebre esposo. Antoine escapa de todo aquello que le aleje de sí mismo y del cielo. No puede con la rutina de la vida en tierra firme ni con las responsabilidades de la vida en pareja. Sus aventuras no se reducen a vuelos transoceánicos. La soledad también tiene su reverso... y su solución. No le resulta difícil acabar siempre en compañía. A fin de cuentas esa también es una forma de escapar. Más terrena, más física. Huele, respira, siente. Puede que su mente se alimente sola. Lo demás es otra cosa.
Los años pasan y estalla la Segunda Guerra Mundial. Antoine sufre un revés al ser declarado no apto para el servicio militar. Demasiadas heridas. Obtendrá un permiso especial a lo largo de 1940, pero sólo dura 2 meses. Al menos se ha estrenado con misiones de guerra. Sus viejos camaradas caen en el cielo que tanto le dio y Antoine inicia una actividad literaria frenética. De esa época datan "Piloto de guerra" y "El principito". Gracias a su insistencia vuelve intermitentemente al servicio activo, realizando misiones durante 1943 y 1944.
"La lógica pura es la ruina del espíritu."
El 29 de julio el coronel Chassin le aconseja que lo deje ya que él solo había realizado más misiones de reconocimiento fotográfico sobre Francia que cualquiera de sus compañeros, más jóvenes, en un año. Antoine se niega y le responde: "... me quedaré con mis compañeros hasta el final." El día 31 del mismo mes debe realizar una última misión de reconocimiento sobre Grenoble y Annecy, para recoger datos sobre movimientos de tropas alemanas. Despega con 6 horas de autonomía hacia las 8h 45m. Una mujer declaró haber visto un avión accidentarse al mediodía cerca de la Bahía de Carquerainne. Días más tarde fue encontrado el cuerpo de un hombre, vestido con uniforme francés, siendo enterrado en Carquerainne en septiembre.
En 1998, un pescador encontró el brazalete de plata de Antoine, cerca de la isla de Riou, al sur de Marsella. Tenía grabados los nombres de su esposa y de sus editores, Reynal & Hitchcock, y estaba enganchado a una pieza de fábrica del traje del piloto. 6 años más tarde, investigadores del Departamento Francés de Arqueología Marina confirmaron que el Lockheed P-38 Lightning rescatado en Octubre de 2003, era el de Saint-Exupéry. Un veterano de guerra alemán declaró haber derribado el avión de Antoine, sin embargo los registros de combate aéreo germanos no recogen ningún enfrentamiento o derribo el día 31 de julio de 1944, además de que no se encontraron en el fuselaje restos de haber sufrido un tiroteo.
Las causas del accidente siguen siendo un misterio aunque se acepta comúnmente el fallo mecánico como explicación. A los 44 años, Antoine de Saint-Exupéry dejaba de surcar el cielo que fue su alimento practicamente toda su vida. Su literatura humanista, profundamente reflexiva tuvo un epitafio soberbio con la publicación de sus "apuntes", recogidos durante años de viajes y travesías celestes, bajo el título de "Ciudadela". Poético, filosófico y espiritual, recomiendo su lectura a cualquiera que aún crea que su visión de la fe (no me refiero a la religiosa), de la vida y del ser humano puede admitir nuevas formas e ideas. Saint-Ex no es el creador de el pequeño príncipe; es el creador de universos enteros que nunca dejarán de tener vida propia.


Jamais vu dijo
Felicidades por el artículo. Me ha hecho recordar que tengo la asignatura pendiente de releer "El principito"...
Saludos
22 Noviembre 2005 | 04:31 PM