Michael Corleone
Ser el hermano pequeño, el hijo menor, dentro de una familia repleta de fuertes caracteres y personalidades que chocan, se lo que es. Estar a la sombra de figuras que llenan estancias sin pronunciar una sola palabra. Sentirte ahogado, solo, ante egos del tamaño de continentes. Supongo que esas son algunas de las razones que han hecho que me identificara tanto con Michael Corleone desde que le descubrí en una noche televisiva. Yo no he matado, jamás he tenido a mi alcance semejante dosis de poder ni me he codeado con políticos, hombres de negocios corruptos ni mafiosos. Pero se lo que sentía. Conocía su interior, incluso sus motivaciones.
La transformación del personaje de Michael Corleone a lo largo de la saga de "El Padrino", principalmente en la primera entrega, está construida con la precisión de un reloj suizo. De interpretar un papel de comparsa en la familia a constituirse en el pilar que sostiene no solo a la suya, sino a varias. De apocado, tímido joven que ansía valerse por sí mismo alejado de toda influencia consanguínea, a brazo ejecutor, líder de un submundo que abarca otros mucho más grandes.
En el fondo creo que su peripecia personal ejemplifica el deseo de muchos individuos de romper el cascarón y ofrecer todo su potencial en un estallido violento pero hermoso personalmente. La catarsis. Michael Corleone hace lo que muchos han imaginado en la soledad de sus pensamientos íntimos pero no realizan. Decía Buñuel que cometía sus crímenes solo en la imaginación, como una forma de liberarse del deseo criminal. Que la imaginación puede permitirse todas las libertades. Las fantasías de acabar con alguien que nos hace la vida imposible, que nos revienta la existencia, eso es lo que lleva a cabo Michael. La metamorfosis de oruga a mariposa. Una mariposa letal. Toma las decisiones que tanto miedo le habían dado, y paga el precio de convertirse en algo de lo que siempre había huido.
El muñeco se convierte en maestro de marionetas. Pasa por un aprendizaje regado de sangre, claro que para ello él da el primer paso. En la antológica escena del restaurante, la lucha interior del personaje ante la acción que debe llevar a cabo (acabar con la vida de dos personas) está magnificamente retratada por un Al Pacino que estaba al borde del despido. Actor desconocido en esos momentos, se sentía como su personaje, intimidado en el set ante gigantes como Brando y Caan. Cuando los productores vieron la escena, optaron por dar la razón a Coppola y seguir contando con los servicios de Pacino. A partir de ahí, él y su personaje crecieron exponencialmente. Cogieron las riendas.
Su historia parece digna de una tragedia griega. La pérdida de su hermano mayor, asesinado. La muerte de su padre cuando ya se ha convertido en Don. La traición de sus amigos y de su propio hermano Fredo, a los que acaba ajusticiando. El asesinato de su primera mujer. Su separación de la segunda con la consiguiente lucha por la custodia de los niños. Michael es un Dios que juega al ajedrez, que tumba las fichas que desea, pero que no controla las reglas del juego. Estas a veces le superan y los que están por debajo de su nivel acaban pagándolo.
De todas las películas que componen la trilogía, me quedo con las escenas finales de las dos primeras. Las que definen a la perfección la transformación de Michael. En la primera, tras negar a su mujer que él haya tenido algo que ver en la muerte de su cuñado, la puerta de su despacho se cierra ante la mirada de Diane Keaton mientras sus invitados le besan la mano llamándolo Don Corleone. En la segunda, Michael acude a una cena familiar con la noticia de que se ha alistado en el ejército. Su hermano mayor le abronca y cuando llega Don Vito, todos abandonan la habitación para saludarle excepto Michael, que se queda solo.
Esa es la tragedia del menor de los Corleone. Que todo su poder, toda su influencia, no pueden evitarle la soledad más dolorosa. Muerto su padre, asesinado su hermano mayor, muerto por orden suya su hermano Fredo, abandonado por su mujer; el asesinato de su hija pequeña en la tercera parte no es más que el colofón a una historia sin final feliz. No hay moraleja en "El Padrino" del estilo "el crimen se paga". Pero sí tragedia, como la de la ópera que escucha Michael mientras se ejecuta el destino que él ha elegido para varias personas a la vez que el que otras personas han elegido para él se pone en marcha.


wallias dijo
Acabas de dar con la razón por la que vivo para el cine...pq todo emepezó el mísmísimo día en que llegó a mis manos en VHS las dos peliculas del padrino...
Desde aquél día supe que nadie me impresionaría tanto como Michael Corleone en una película y efectivamente no me ekivoké...
Hay una escena que me parece sublime, soberbia, digna de mostrar a cualquiera que quiera aprender lo que es una PERFECTA atcuación:
en el fuenral por la madre Corleone, toda la familia reunida en casa de los Corleonne, Michael baja al salón donde yace su madre para "perdonar" a Fredo delante de toda la familia fundiéndose en un abrazo (ya que dijo que mientras viviera la madre no querría ni verle). El gesto petreo que michael lleva es único mientras abraza a Fredo...entonces, en ese mismo momento, no se como lo hace pq os juro q no mueve ni un trazo de su cara, mira a su guardaespaldas (es cuestion de un plano de 2 segundos) y éste ya entiende q acaba de sentenciar a muerte a Fredo.
La he visto decenas y decenas de veces..y me pone los pelos de punta...ni un solo gesto!! ni uno!! y dice todo!!
Ahora aparte de estas pajas mentales (del padrino podría hablar horas y horas...) sólo me gustaria añadir algo a un comentario que has hexo que me ha encantado por compartirlo por completo:
"En la segunda, Michael acude a una cena familiar con la noticia de que se ha alistado en el ejército. Su hermano mayor le abronca y cuando llega Don Vito, todos abandonan la habitación para saludarle excepto Michael, que se queda solo"
Lo que me pone los pelos de punta es que en esa escena el unico q le apoya es Fredo, a quién acaba de matar...y si te fijas..sin sentido alguno (pero sí simbolico) en esa secuencia van desapareciendo uno a uno los personajes hasta quedar él solo (como se siente en ese mismo momento)..pero lo bueno es q van desapareciendo en el mismo orden en que en vida fueron muriendo...
Preciosa secuencia...sin duda mítica.
Perdonad la extensión y el impulso.
Q gran articulo el publicado hoy!!
Un abrazo
8 Noviembre 2005 | 06:22 PM