Plagio con P
Ayer me enteré de que Jorge Bucay, apostol de la autoayuda, ha sufrido en sus carnes una dolorosa acusación de plagio. Algunos párrafos (o páginas, dependiendo de la fuente que se lea) de la obra de otra autora española se han colado en su último manual de bricolage emocional sin la debida referencia bibliográfica, por decirlo suavemente. Traduzcamos: que los copió y ahora le han pillado, con lo que tendrá que dejar de "autoayudarse" a sí mismo o a su cuenta corriente.
Puede que yo sea algo inocente pero pensaba que ese género literario se libraba de la "intertextualidad" por su propia naturaleza: la mayoría de los títulos ya son calcos los unos de los otros sin necesidad de intervención externa... lo cual no dice mucho de la labor de Bucay. O de la persona que redacta lo que él luego firma, que todo es posible. Esa es una sensación que tengo cada vez que sale a la luz un caso de este tipo, la de que el "escritor" está más preocupado por los cheques que por el trabajo literario. Y lo que es peor, convencido de que no tiene ni tiempo, ni ganas, ni talento para sacar algo literario adelante, sea bueno o malo.
Nombres que se han mezclado en nuestro país con este tema son los de Camilo José Cela, Ana Rosa Quintana, Quim Monzó, Lucía Etxeberría... . En algunos casos el plagio ha sido demostrado y en otras ha pasado como simple acusación dudosa. Algunos, como Monzó y Etxeberría, alegan que puede haber inspiración u homenajes en sus obras pero nunca copia de otros. En el caso de Cela, no ha llegado a aclararse si "La Cruz de San Andrés" surgió de su pluma total o parcialmente, o si usó "referencias" de otra obra que casualmente se presentó al premio Planeta también ese año.
Como paradigma del plagio tenemos el caso de Ana Rosa, la popular periodista del corazón, que fue protagonista de un episodio que incluye todos los elementos para un telefilme del sábado por la tarde. Tras publicar su novela "Sabor a Hiel" se descubrió que en ella había párrafos completos tomados tanto de Danielle Steel como de Laura Esquivel. Como disculpa alegó que se trataba de un error debido a su inexperiencia con la informática. Cuando esta explicación resultó insostenible, salió a la luz la verdad: un "negro" había realizado ese collage de diversas fuentes (con o sin mala leche, eso nunca se sabrá) al que luego ella había puesto nombre y cara. Todos los ejemplares de la obra fueron retirados.
Respecto a la figura del "negro" tengo una opinión ambigua desde que me enteré que Alejandro Dumas los usaba con asiduidad. Viendo el excepcional trabajo que realizaban y la estrecha colaboración que mantenían con él casi podríamos hablar de "colaboradores" o coautores. Pero lo cierto es que el que firmaba era él y el mérito actual de "Los Tres Mosqueteros" y "El Conde de Montecristo" es sólo suyo... y no suyo y de Auguste Maquet, su más conocido ayudante. Evidentemente no es comparable eso a que un deportista o estrella mediática no tenga tiempo para ponerse a teclear y en la editorial contraten a alguien para realizar las páginas que luego venderán con su nombre.
Lo que tienen en común el uso del "negro" y el plagio es que la persona que realmente debería escribir no lo hace. En el menos grave de los casos dejando la tarea a otro y en el peor, apropiándose de algo para hacerlo pasar como suyo. Y yo me pregunto, ¿compensa hacer algo así a alguien que casi tiene el éxito y las ventas aseguradas? ¿Resulta tan trabajoso intentar que salga algo de uno mismo, sea cual sea su calidad? Porque seamos realistas, nadie habría rechazado algo nuevo de Cela en su momento, aunque estuviese a la altura de los Cuadernillos Rubio.
Supongo que todo esto lo veo desde el prisma del aprendiz de escritor, sabiendo lo difícil que es meter la cabeza en ese mundillo, el trabajo y las frustraciones que conlleva. Uno escribe porque le gusta y porque desea transmitir algo a los demás, aparte de por la posibilidad de vivir de ello, claro está. Que luego alguien que ha tenido la suerte de poder hacerlo ni siquiera se tome la molestia de intentarlo, y para redondear sus millonarios ingresos mienta y copie descaradamente, resulta como mínimo frustrante.


Chico Viejo dijo
Lo que a mí más me sorprende es cómo viven luego con ello. Quiero decir que si yo hiciera eso, no podría dormir un sólo día sin pensar en las consecuencias... en que alguien puede descubrir el engaño sucio y rastrero en que consistiría mi obra. O que el "negro" (o la "negra") se vaya de la lengua. O que el cabronazo haya copiado "dejando evidencias"... En fin, que por eso no copié nunca en mi vida en un examen. Luego me toca dormir y prefiero que sea en paz.
Aparte está la cuestión que se menciona en el artículo: ¿¿realmente es necesario??
Un saludo!
16 Octubre 2005 | 05:11 PM