Cómo ser novelista
Hace un par de años encontré en la librería de segunda mano que suelo visitar un libro titulado "Cómo ser novelista". El original en inglés venía a ser algo así como "In Writing", pero al traductor no le debió parecer demasiado atrayente (literalmente vendría a decir "sobre la escritura") y optó por esa fórmula más propia de los manuales de bricolage o autoayuda: "cómo cultivar fresas", "cómo perder 10 kilos en 10 días", etc.
Habría sido genial que el contenido fuese tan prometedor y directo como el título, que los capítulos me condujesen desde el estado de "no novelista" al de "novelista" con sencillas recetas de cocina para primerizos. Habría compartido esa panacea con mis amigos, o con todo el mundo porque ¿quién no tiene algo que decir? ¿Y qué mejor forma que una novela? Es un poco exagerado pero el caso es que a pesar de que el librito era (y es) excelente, sólo me sirvió para aclarar algunos conceptos y recordarme algo que ya decía Sean Connery en "Descubriendo a Forrester": escribir, escribir y escribir. Una variante machacona del dicho "que la inspiración te encuentre trabajando".
Ah, pero por desgracia no resulta tan fácil, sobre todo para alguien tan inconstante como yo. Es complicado compaginar el trabajo con la labor creativa, y aunque pudiese hacerlo la motivación no es la misma. Después de ocho, diez o doce horas delante del ordenador la chispa que me impulsa a quedarme un par de horas más y comenzar una historia muchas veces no está. ¿Sería diferente si estuviese en el paro? No lo se porque cuando ocurrió en su momento no me planteaba "el oficio de los libros" como una alternativa profesional inmediata.
Siempre he soñado con presentarme a concursos, intentar publicar, etc, pero lo dejas pasar, los años vuelan y cuando te quieres dar cuenta tus obligaciones cotidianas no te dejan levantar un lápiz. Algún escritor consagrado daba como consejo trabajar en cualquier parte, anotar un párrafo en el autobús, en la cola para comprar el pan o en la pausa para el café. En mi caso sería imposible porque una hora es lo mínimo que necesito para que mi cerebro se ponga a trabajar en condiciones y unas cuantas más hasta que lo que sale tiene verdadero sentido para mí.
Una de las razones de comenzar este blog (aparte de compartir un medio de expresión con mi gran amigo Javi) fue no oxidarme literariamente. Está claro que ese medio no se parece demasiado a una novela o un cuento, pero permite "flexionar los músculos" del lenguaje, por así decirlo. Es rápido, es directo, casi una terapia liberadora, y además se conoce gente agradable ¿qué más se puede pedir? Al final resulta más real que todas esas ideas que siempre se me ocurren y nunca plasmo en el papel. Debo ser el autor con la mejor colección de originales nunca realizados del mundo.
En cualquier caso, no pierdo la esperanza porque si alguna vocación tengo clara es la de escritor. De momento intentaré sacar todo lo que tengo en mi cabeza para que no se pierda (otro buen propósito para pavimentar el camino hacia el Infierno), luego veré si algo de ahí es publicable. Como mínimo siempre serán cosas que enseñar a los amigos para que me den palmaditas en la espalda mientras comento "lo que podría haber sido". Quién sabe, puede que en un futuro mi preocupación sea defenderme de críticos con ganas de despellejar a "ese escritorzuelo de tres al cuarto", si es así, podré estar contento porque querrá decir que algo habrá en las estanterías con mi nombre. Ya veremos. Por ahora... a escribir todos.


laveron dijo
decime a mí...
hace como 5 años que tengo una novela por retazos, a medio hacer...
5 Octubre 2005 | 04:43 PM