He cruzado océanos de tiempo para conocerte
Tenía 18 años cuando vi, en una pequeña sala de unos multicines bilbaínos, la versión de Drácula dirigida por Francis Ford Coppola. Fui acompañado por dos amigos, uno de los cuales ya había visto anteriormente la película. No le importaba en absoluto repetir. Él era un fan de la música clásica, el típico coleccionista que amontona discos y discos de obras de Haydn, Mozart o Grieg. Y la banda sonora de Wojciech Kilar le había impactado muchísimo. Tras asistir con la boca abierta a los primeros cinco minutos de la proyección, giré la cabeza y miré con gesto estupefacto a mi amigo, que tenía escrito en el rostro "¿qué te había dicho?".
Creo que ya he escrito muchas veces aquí que la música es un elemento fundamental para que me guste o no una peli. Obviamente no tapa los agujeros de guión, ni dirige la cámara por el camino correcto. Pero si me gusta, los efectos que produce en mi son muy eficaces. Pero la película de Coppola no es la música del genio Kilar. Es mucho más. Recuerdo haber salido de la sala con la sensación de haber visto una de las mejores películas románticas que jamás se hubiesen filmado. No era un film de terror. Al menos de terror al uso, porque el look de Tom Waits sí que es como para poner los pelos de punta. Sin embargo, por primera vez, el protagonista no era mostrado como un monstruo. Corrijo. Sí que era mostrado como un monstruo, pero un monstruo enamorado.
Drácula ya no es un tipo con el gesto pérfido y el acento de Bela Lugosi (jir de criturs of the nait, guat a biudiful soun dei meik). Ni era el imponente Christopher Lee, con los ojos inyectados en sangre y los colmillos goteando líquido rojo. Aquí la creación de Stoker tiene el rostro de Gary Oldman. La idoneidad de su elección provocó una discusión entre el melómano y yo que aún continúa hoy en día. En mi opinión, es la mejor interpretación de Oldman, un magnífico actor que dotó al personaje de una elegancia y humanidad desconocidas hasta entonces para un vampiro muerdecuellos. La escena de su primer encuentro con Mina Harker en las calles de Londres, inolvidable para mí. Su atuendo, su mirada, su forma de moverse, de hablar. De los mejores momentos del cine de la década pasada.

A introducirte en las motivaciones personales de Drácula te ayuda el camino marcado por la cámara. A base de trucos más viejos que el catarro y un soberbio montaje, te ves atrapado por una historia que no es de venganza. No hay sed de sangre (aunque a la pobre Lucy la deja más seca que una alpargata). Pero qué queréis que os diga. Cuando ves una peli tiendes a tomar partido, a identificarte con alguno de los protagonistas. Y yo no dudé en apoyar a Drácula. Leñe, si hasta la ofrece la vida eterna a Mina. ¿Qué tiene Johnathan a cambio? ¿Unas canas prematuras? ¿Una aventurilla con las tres vestales del Conde?
Mi momento, el que siempre guardo de cada película que veo en mi memoria, es el de la frase que titula este post. La conquista. El enamoramiento. El baile entre las velas. "He cruzado océanos de tiempo para conocerte". Siempre acompañado de la excepcional partitura de Kilar. Romántica pero a la vez amenazadora. No todo es como lo pintan y en mi opinión, eso lo refleja a la perfección la melodía.
Hacia el final, la trama da un giro y la última media hora, la persecución a la que someten al Conde estropea un poco lo anterior, para mi gusto. Sabes que la cosa tiene que acabar mal pero te niegas a aceptarlo. Como cuando ves "Casablanca" por décima vez y aún sigues queriendo que Bogart se quede con Bergman. Porque en el fondo, insisto, esta no es una peli de vampiros cualquiera. Es una historia de amor, de las más bellas que he visto y como dije hace unos días acerca de la frase de Vader, en este caso también espero que algún día le pueda decir a alguien, mirándola a los ojos, algo similar a "he cruzado océanos de tiempo para conocerte". Y que me quede tan bien como a Gary Oldman, claro.


yeyo dijo
Jajajajaja...Me han dado ganas de admirar mejor la música, sé que estaba bien, pero no la recuerdo con claridad. Si me gustó la fotografía y la interpretación de Oldman.
Buena frase, aunque no creo que quedase "creíble" en la realidad...jajaja
Un saludo.
26 Septiembre 2005 | 03:41 PM