Mejores que muchas películas
La publicidad siempre ha sido un mundo audiovisual aparte, relacionado con la música y el cine pero reservado a su propio territorio: el de la pequeña pantalla del televisor y la corta duración. A pesar de ello en muchas ocasiones uno piensa que esas minúsculas piezas son mejores que muchas películas.
Puede parecer que hablo de los últimos años, de esta etapa reciente en la que la producción es de tanta calidad y los guiones tan elaborados que los spots casi parecen trailers de películas: "Lo he visto esta mañana, a las ocho...". Pero nada más lejos de la realidad, ya cuando estudiaba en la universidad (allá en la prehistoria) en clase nos regalaban maratones de publicidad como para dejar con la boca abierta, demostrando que el séptimo arte tiene y ha tenido siempre un hermano pequeño avispado.
Mis favoritos son aquellos anuncios que cuentan una historia, a ser posible épica o que vaya mas allá del chascarrillo fácil. Recuerdo especialmente el de un chico en silla de ruedas jugando al baloncesto en una cancha solitaria mientras sonaba de fondo "Don`t give up" de Peter Gabriel. O más reciente, el que explicaba el "síndrome de Stendhal" con sencillas y evocadoras imágenes. Y cómo no, aquel de Volkswagen parodiado hasta la saciedad y que empezaba: "Este hombre lo ha perdido todo en el casino, su mujer se ha fugado con su mejor amigo...".
A nivel práctico (lo que interesa a los que pagan las campañas) los anuncios que más se recuerdan son aquellos que apelan a los sentimientos, porque un chiste o una melodía se pegan más que cualquier razonamiento: "Amigo mío, solo tú encuentras leña, por nosotros si hace falta te despeñas... " o su gemelo "Si te echas laca... no hay cepillo de rulo que me separe de tí...". Pero recordar un anuncio no significa recordar la marca o el producto y se dan casos en los que no sabes si lo que viste era de Audi o de BMW, o tienes en la cabeza la trama de principio a fin pero no el logotipo que aparecía al final. El mayor triunfo es que no haya ninguna duda: ¿quién confundiría a Nike o Coca Cola?
Como a una película, a un spot lo hacen bueno su idea base, su interpretación, su música, sus valores de producción... algunos de estos componentes son más relevantes que otros y por encima de todos está el guión. Puedes rodar con cámara en mano temblequeante que si das con una idea original o de humor inteligente (aquí estoy pensando en Woody Allen o los Monty Python, no en Buenafuente) se perdona todo. Aun así se nota quién tiene dinero para invertir y dejarte clavado en el asiento con el producto final, por ejemplo las marcas de automóviles: ¿Te gusta conducir?.
Si no fuese porque mezclados con esas obras maestras hay toneladas de morralla promocional del tipo "mi detergente con bolas azules lava más blanco", uno podría olvidarse del zapping y disfrutar hasta que comenzase de nuevo la película. O cambiar compulsivamente en busca de bloques y más bloques publicitarios, esquivando las telenovelas, la carnicería fácil de Ana Rosa y la Campos o la enésima repetición de la película del domingo. Lo que no sé es si eso significa que tenemos un excelente panorama publicitario o unos programas de televisión horribles.

yeyo dijo
Soy un "aficionado a la publicidad". Veo todos los certámenes que ponen en Canal Plus sobre cualquier concurso, Europeo, Suramericano... y he pasado horas memorables riéndome con muchos de ellos. Argentina, España y Brasil, que no poseen los mayores presupuestos, realizan trabajos muy buenos.
Junto con la viñetas, otro arte no tan reconocido.
Un saludo.
23 Septiembre 2005 | 04:59 PM