Audrey
No recuerdo la edad que tenía la primera vez que vi "Desayuno con diamantes". Lo que sí recuerdo es que desde que tengo uso de razón he estado enamorado de Audrey Hepburn. Jamás un rostro me ha transmitido tantos sentimientos. Miro sus ojos, su sonrisa en la pantalla y me transporto a otra dimensión en la que sólo existimos ella y yo. Se que es un poco enfermizo, quizás me lo debería hacer mirar por un experto.
Pero es que tampoco soy un fan obsesivo. No colecciono recortes, pelis o artículos relacionados con ella. Me basta con repasar de vez en cuando su filmografía, con alguna de mis películas favoritas de siempre, mirarla y encontrarme mucho mejor. Es lo que veo en ella a través de sus personajes (no me refiero únicamente al físico) lo que me sube la moral, lo que me reconcilia con el género humano. Nadie tan natural, nadie tan bella, nadie tan cercana pero lejana a la vez.
Para mí Audrey nunca ha tenido edad. Eso es algo a lo que aspiran casi exclusivamente los actores. El personaje sustituye a la persona, que fallece como todo el mundo, tarde o temprano. Pero la imagen, el icono, permanece inalterable. Los aficionados siempre pueden recurrir a la videoteca para soñar que aún podrían conocer a sus ídolos y protagonizar juntos una historia de amor. Sustituir a Bogart en "Casablanca" para no dejar escapar a Ingrid Bergman, o a Gregory Peck en "Vacaciones en Roma" y huir con la princesa. Pero los personajes de cine siempre son más nobles y menos egoístas que las personas de carne y hueso.
Me resulta muy difícil escoger un rol de entre todos los que interpretó Audrey a lo largo de su carrera. Mi debilidad es Holly Golightly en "Desayuno..." La chica de pueblo huida a la gran ciudad, donde sin saberlo está más perdida y sola. La chica que no quiere querer, pero no puede evitarlo porque tiene un corazón, un espíritu que no le cabe en el pecho. Años después de verla, en plena fiebre de descubrimiento de la obra de Truman Capote (al que algún día dedicaré un post como es debido), compré la novela corta del escritor norteamericano. A pesar de la prosa alada de Capote, de que su obra es magistral, la película tiene a Audrey. Suele suceder que los libros superan con creces sus adaptaciones cinematográficas, sobre todo si salen de la máquina de escribir de un portento literario. Pero en este caso yo no puedo olvidar a Audrey Hepburn, sentada en el alfeizar de la ventana con una guitarra en las manos, cantando "Moon river".

Dicen que la cara es el espejo del alma. Si eso es verdad Audrey debió ser un ser humano excepcional. Como aficionado al cine muchas veces me han interesado los aspectos personales de las estrellas. He leido biografías, mejores y peores. En el caso de Audrey Hepburn practicamente nunca he sentido ningún interés en conocer aspectos de su vida privada. No se si es por miedo a romper el hechizo, o si es que no me hace falta. Sólo un recuerdo me viene a la mente, cuando haciendo una prueba de cámara para "Vacaciones en Roma", confiesa que siendo una cría ayudó a pasar información a la resistencia durante la 2ª guerra mundial. Y sonríe. Y yo con ella.

En la obra de Capote, el lugar de la inolvidable melodía de Henry Mancini es ocupado por una canción que tararea Holly que dice así:
"No quiero dormir, no quiero morir, solo quiero seguir viajando por los prados del cielo."

Sea.


Chico Viejo dijo
Magnífico homenaje a uno de los símbolos del séptimo arte. Podría ponerme a contar las sensaciones que me despierta verla en una película pero sería un comentario muy extenso; mejor dejo lo que más me ha gustado del artículo:
"Para mí Audrey nunca ha tenido edad (...) El personaje sustituye a la persona, que fallece como todo el mundo, tarde o temprano. Pero la imagen, el icono, permanece inalterable. Los aficionados siempre pueden recurrir a la videoteca para soñar que aún podrían conocer a sus ídolos y protagonizar juntos una historia de amor"
Saludos!
23 Septiembre 2005 | 07:04 PM