Que la muerte (ajena) no nos impida seguir ganando dinero
Es un hecho. Vivimos en una sociedad en la que el éxito o el fracaso personal se miden por el grosor del fajo de billetes que uno pueda lucir en su bolsillo. Nuestro refranero, bastante rico por cierto, ya nos lo advertía: poderoso caballero es don dinero. Cómo en el sexo, cuanto más se tiene, más se quiere. Claro que el dinero no produce impotencia o frigidez. Es más, ayuda a superarlos. Así que ya hay más de uno que se corre antes al tacto de un billete que al de su mujer.
En otros posts ya hemos hablado de la ferocidad mercantilizadora de la industria del entretenimiento (ya no la llamo cultural ni por el forro). Esa obsesión que prima el resultado económico a la calidad de lo puesto a la venta. Ni las editoriales, ni las productoras cinematográficas o musicales están dirigidas por personas de arte, sino por tiburones de las finanzas. Los ejecutivos de las grandes empresas son jóvenes recien salidos de su master en deshollar al rival en la industria, que creen que la historia del cine comenzó con "Parque jurásico" y que el mejor disco de la historia fue el primero de Britney Spears.
Paradigmas de esta fiebre, contagiosa parece ser, son los casos de explotación de derechos de la obra de artistas fallecidos. Los nombres, creo que todos los tenemos en mente. Para una casa discográfica no hay nada como la separación de un grupo. Su catálogo sube como la espuma inmediatamente. Pero lo que les deja el colmillo goteando es un buen fallecimiento. Preferiblemente el protagonista debe espicharlas joven, en su lozana plenitud. Mejor un James Dean o un Kurt Cobain que un Spencer Tracy. No se pueden vender posters ni camisetas de viejos.

Los casos son infinitos. Desde el mencionado James Dean, la fábrica de sueños nos ha vendido biografías edulcoradas de jóvenes talentosos que vivieron una muerte romántica. ¿Qué de romántico tiene hacerse fosfatina a los mandos de un Porsche? ¿No es lo mismo en un 600? ¿Y las sobredosis de barbitúricos? Mmmm, sí, se me saltan las lágrimas... Marilyn Monroe, River Phoenix, Montgomery Clift, estos son sólo algunos de los nombres más conocidos en el cine. Sus muertes han alimentado a sanguijuelas varias que no han dejado ni los huesos.
En el mundo de la industria musical el tema quizás sea peor. El selecto club de los 27 (los años que tenían cuando murieron) es un buen ejemplo: Hendrix, Joplin, Morrison, Cobain. Todos han visto editados más discos de ultratumba que en vida. Conciertos, grabaciones inéditas, sesiones de estudio, eructos enlatados en una vieja cinta guardada por el roadie de la gira de 1969 encontrada en un mercadillo de Bombay por un estudiante de físicas de la universidad de Yale, etc etc etc. Da igual que todo sea reciclaje, le ponemos una bonita portada, nos gastamos unos cuantos dólares en promoción y no tenemos más que sentarnos a esperar que el dinero nos llueva desde el cielo. Nunca mejor dicho.
Un caso que me pone particularmente de los nervios es el de la reciente novela sobre la saga de El Padrino. Todos sabeis que las películas de Coppola se basan en una única novela, escrita por Mario Puzo en 1969. De esa única obra desarrollaron los guiones de las tres partes de la saga cinematográfica. Puzo siempre se negó a escribir una continuación literaria de las aventuras de los Corleone. Y por mucho dinero que le ofrecieron, no volvió a estampar ese apellido sobre una hoja en blanco.
Pero Puzo falleció en 1999. Momento inmejorable para que la editorial se pusiera manos a la obra organizando un concurso al que podía presentarse cualquiera. El objetivo, encontrar una "buena" continuación a la historia justo dónde la había aparcado su autor original. El vencedor final fue un tal Mark Winegardner, que tituló tamaña hazaña como "El Padrino: el regreso".... atención, con semejante alarde en las primeras palabras imaginaos el resto. Un libro que da vergüenza ajena en varios pasajes. Pero qué más les da a sus responsables. Lo importante para ellos es el color del dinero.


yeyo dijo
Tremendo artículo y pura verdad. ¿Por qué los buenos cineastas siempre han huído de la industria y han hablado pestes? ¿Qué le pasa a los verdaderos artistas con las casas discográficas? Se sienten explotados; como los agricultores, ellos hacen el trabajo duro y luego viene un intermediario que por hacer "nada" se lleva el triple.
Pero para hacer negocio de los muertos, además de las Funerarias, están la llamada industria del "entretenimiento", como tú dices.
Un saludo y felicidades por el post.
24 Agosto 2005 | 12:45 PM