Esperando a que vuelva el cuentacuentos
Hace años ponían en televisión, supongamos que los viernes, una serie en la que un anciano sentado en una mecedora frente al fuego, acompañado de su fiel perro (que hablaba) narraba una historia fantástica... a nosotros, los espectadores. Se trataba del Cuentacuentos y sólo después de mucho tiempo supe que era obra de ese mago de las marionetas que era Jim Henson.
"El Cuentacuentos" sintetiza todo lo que era la televisión para mí en esos años: imaginación, descubrimiento y aventura. Siempre preferí los libros, pero a lo largo de la semana había una serie de citas ineludibles que me hacían aparcar sus páginas, al menos durante un rato, para sentarme en el sillón y esperar los nuevos capítulos de "V", "McGyver", "Los Fraguel" o "Barrio Sésamo".
Ahora podría decir que cualquier tiempo pasado fue mejor y que la televisión ya no es lo que era... eso es lo habitual y probáblemente en parte sea cierto, pero hay que reconocer que algunas series modernas me han hecho pasar también grandes ratos, como "Expediente X" o "CSI". No se pueden eliminar de un plumazo veinte años de TV o cine y decir que no ha habido nada bueno en ese periodo.
Lo que echo de menos no es tanto el contenido como la intención. Cuando John Hurt adoptaba su papel de cuentacuentos y empezaba a narrar uno podía pensar que lo que le interesaba era transportarte a ese mundo fuera de la realidad y hacer que pasases un rato entre duendes, brujas y gnomos. Era la misma magia que te hacía mirar a la rana Gustavo y verla como un ser vivo, con sus hilarantes muecas y gestos de sorpresa. No sé si es que todo era entonces diferente o era yo el que lo vivía de forma más inocente.
Sigo siendo un gran aficionado a los dibujos animados y tengo la sensación de que se ha producido un cambio de rumbo, para mal, en la filosofía de todo lo que se emite. Volvemos al mismo punto de siempre, a ese mercantilismo feroz que hace que todo deba ser consumo o excusa de consumo. Me sorprende pensar que cada nuevo capítulo que sale al aire hoy en día lo hace para que un cromo, un muñeco o un videojuego se quede grabado en nuestra cabeza o en la de los chavales que los siguen religiosamente.
Algunos detalles si que son reveladores. Creo que recibo tres o cuatro canales que programan series infantiles las 24 horas del día y recuerdo sólo una vez que me haya quedado viendo alguno, y fue con un dibujo clásico de Disney. Las pocas veces que han coincidido unos minutos en pantalla Pokemon, Digimon o Yugi-Oh (campeones del merchandising) he tenido que cambiar por puro aburrimiento. ¿Es mi imaginación o es siempre lo mismo? Y eso que no me considero un sibarita en cuanto a dibujo, trama o personajes, recuerdo pasarlo en grande con las aventuras de un pingüino diminuto llamado Chilly Willy, más simple imposible.
En mi opinión nos hace falta un poco más de fantasía y no sólo que los niños se sigan quedando pegados delante de la tele. Eso nunca debería ser suficiente. Soy consciente de que aunque mi mundo interior lo definieron los libros, lo que vi de pequeño en la "caja tonta" amplió mi capacidad de imaginar dándome temas y mundos enteramente nuevos. Y quizá sea un poco utópico pero me gustaría que a los chavales que se sientan en el suelo a media tarde, como yo lo hacía, les ocurra algo parecido.


maest dijo
Qué razon tienes, y qué buena era esa serie, y LOS FRAGUEL, BARRIO SÉSAMO, los dibujos de entonces, y tantas y tantas series y programas infantiles que hicieron que la imaginación de los niños (hoy 30añeros) volara. Qué diferencia con la programación de ahora.
Y mira que yo veia tele, pero nunca me pudo tanto como para dejar de lado los libros, con los que mi mundo imaginario creció aún más.
Qué tiempos aquellos...aunque CSI y EXPEDIENTE X son grandes series de ahora :)
Saludos nostálgicos
23 Agosto 2005 | 03:24 PM