El sonido del peligro
Solo alguien con una visión tan personal del mundo como Frank Zappa podía cobijar una banda de este pelaje. Los Stooges vieron la luz a finales de los convulsos 60, cuando el sueño de paz y harmonía alumbrado por la generación hippie comenzaba a tornarse en pesadilla. El folk practicamente desapareció de la primera linea musical, el blues se trocó en hard rock, Woodstock dio paso a Altamont, y la filosofía oriental puesta de moda por los Beatles comenzó a ser tratada como una moda pija para snobs.
Mejor escenario imposible para 4 desequilibrados que se comieron el punk antes de que el punk supiera de su propia existencia. Sus conciertos en Detroit eran bacanales del exceso sonoro y escénico. Con un fibroso vocalista al que llamaban La Iguana retorciéndose por encima del público mientras se desgañitaba, actuando semidesnudo cuando no se sacaba su miembro viril con pleno regocijo.

Si su debut homónimo de 1969 ya supuso una fuerte patada en los cataplines, lo que vino a continuación significó un seísmo rockero de 9 puntos en la escala Richter. Y no es que el sonido de los Stooges sea atronador. Hay centenares de grupos que apabullan los bafles con muros de graves y guitarrazos por doquier. Los de Iggy Pop eran crudos, secos, pero mucho más trascendentes. No me refiero tanto al mensaje que cualquiera pueda extraer de sus letras, sino a lo que transmite su sonido.
Cuando reproduces "Fun house" por primera vez, ya las ves venir a los pocos segundos. Un batería cuya paleta estilística abarca dos notas, Iggy cantando como una rata que quiere librarse de la trampa en la que ha caido, un guitarrista asesinando su instrumento y un bajista que no puede imponerse al resto de sus compañeros. La leche.

El minutaje avanza y te crees que esa especie de blues drogado que es "Dirt" puede dar paso a otra cosa. Efectivamente, pero esa otra cosa no es lo que esperabas. La histeria se adueña de los cortes que restan y tras la orgía del tema que da título al disco llega el caos hecho canción de casi 5 minutos: "L.A. blues". Scott Asheton, baqueteador, no logra ampliar su registro por mucho que golpee por cualquier parte su kit de batería, Iggy no canta, berrea; las guitarras dobladas por Ron Asheton parecen enzarzadas en una lucha para ver cual de las dos hace más ruido; y para redondear esta "experiencia" musical extrema, se les añade el saxo borracho de Steven MacKay. Una vez más, la leche.
Tan solo 36 minutos de disco que te dejan con una cara que únicamente encontrará un equivalente de nivel superior en un concierto de estos tipejos. En una ocasión escuché a un crítico utilizar la expresión "el sonido del peligro" refiriéndose a este grupo. Estaba en lo cierto. Los Stooges son al rock lo que "El resplandor" al cine de terror. La leche.

