Hugh Hefner, ese simpático abuelito
Este fin de semana me topé haciendo zapping con un reportaje sobre la mansión Playboy. No la revista, ni las chicas, sino la casa en sí, lugar de leyenda donde los haya. El maestro de ceremonias era, cómo no, el octogenario más feliz del planeta, Hugh Hefner.
Hefner y su batín de seda roja encarnan para mí la esencia del sueño americano, si es que existe. Tuvo una visión o un momento de inspiración, decidió apostar por un tipo de publicación que no se hacía o se hacía mal entonces (recordemos que era el año 1953) y funcionó, quizá por estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Su primer número era ya una declaración de intenciones: la imagen central era Marilyn, en una de las sesiones de fotos más sensuales que se le han hecho... la pin-up por excelencia.
El resto ya es historia. Sus fotos de las "vecinas de al lado" han dejado paso a luminosas y neumáticas chicas retocadas con Photoshop que parecen flotar sobre el papel satinado. Sus contenidos, que impulsaron una revolución en la sociedad americana, se han trivializado un poco, en parte probablemente por la legión de imitadores, más o menos radicales, con Penthouse a la cabeza, con los que ha tenido y tiene que competir desde casi su mismo nacimiento. A pesar de todo, no se puede negar que ha cambiado la vida de su creador.

Es de admirar que el abuelo Hefner siga de tan buen humor como siempre, tenga seis novias, salga casi todos los días a bailar, controle parte del negocio y tenga tiempo para entrevistas y apariciones en la MTV. Uno puede pensar que con tanto dinero y ese tipo de trabajo ¿quién no viviría así? Nada más lejos de la realidad. El mundo está lleno de millonarios estirados que parece que no disfrutan de la vida, pensemos por ejemplo en el alter-ego de Hugh, Larry Flint, disputándole el puesto de gobernador de California a Arnold Schwarzenegger ¿se puede ser más aburrido?
Cuando decidió hacer su vida en pijama, tras sufrir una importante crisis pesonal, Hugh Hefner ya estaba dejando claro que se tomaría las cosas con humor. Creó la mansión, con sus piscinas, sus canchas de tenis, salas de juegos y la famosa gruta, la llenó de amigos y de chicas explosivas (no necesariamente en ese orden) y adoptó la filosofía de que es mejor pasárselo bien. Puede que Playboy ya no esté en la cresta de la ola como antes, pero eso no ha impedido que él siga disfrutando. Creo que pase lo que pase, lo seguirá haciendo.


israel dijo
hugh es mi heroe
21 Agosto 2005 | 06:48 PM