La importancia de llamarse...
Si hay algo en lo que nos parecemos los seres humanos, más allá de razas, religiones o estratos sociales, es que todos tenemos un nombre. Éste, al igual que la familia, no podemos escogerlo. Venimos con el de fábrica. Hay gente que en la edad adulta desafía el buen gusto de sus progenitores y se lo cambia. Pero esos casos no se dan asiduamente. La mayoría de mortales aceptamos con resignación la decisión de nuestros padres.
Y es que un nombre tiene su importancia. Obviamente, no define nuestra personalidad o carácter, pero ejerce cierto influjo en la mente de las personas. Todos hemos presenciado situaciones en la que un amigo o conocido soltaba una frase tipo: "todos los Federicos que he conocido son unos...." o "no me caen bien las Marisas". Por favor, que no se me ofendan los portadores de estos nombres, son meros ejemplos.
De máxima importancia a la hora de bautizar a un recién nacido es comprobar la compatibilidad con el apellido. ¿Os acordais de los chistes acerca de Armando Casitas o de Mestoica Gando? No recuerdo casos similares en la vida real, pero es posible que me falle la memoria. Aunque apuesto a que más de uno conoceréis a alguien que responda por Fernando Fernández Fernández o algo parecido.
Yo siempre he tenido fijación por los nombres o apellidos rocambolescos, llamativos, de sonoridad rotunda. Esos que por complicados que sean se te quedan grabados en la memoria como si fueran grandes acontecimientos. No puedo evitarlo. Así, si creara una posible lista de nombres inolvidables, los primeros puestos los ocuparían el actor Fortunio Bonanova (quien dude de su existencia, que visite el imdb) y el diplomático Porfirio Rubirosa. Arrea. Indeleble en mis recuerdos, mi ex-compañero de instituto Dante Maximiliano Guz Granowski, al que asábamos con aquello de "Dante la vuelta, que te estoy hablando!".... aquellos maravillosos años.
El deporte es una fuente inagotable, una mina. Futbolistas (Piturka, Mirko Votava, Vierchowood) los hay a centenares. Aquella selección soviética que acudió al mundial de España ´82, el de Naranjito, con jugadores como Darashelia, Shuladvelidze o Demianenko. Y sin duda el baloncesto, con mis queridos amigos de Europa del este. Los lituanos, Sarunas Marciulionis (pedazo de jugador, un fuera de serie), Valdemaras Homicius, Sergei Iovaisha, Rimas Kurtinaitis.... música para mis oidos. Hasta el entrenador español Javier Imbroda fue rebautizado como Javieras Imbrodas durante su estancia en el staff de Lituania como técnico ayudante.
La palma de oro en esta disciplina se la lleva un norteamericano, ex-NBA. Uno de los grandes tiradores de su época, los años 70-80, un mozalbete al que sus padres bautizaron como World B. Su apellido era Free. ¡¡Mundo se libre!! Qué poético. El muchacho quiso liberarse tanto que no conocía la disciplina de equipo y tiraba a canasta hasta la camisa y los calzones.
Ayyy, ya no hay nombres como aquellos. Si alguno de vosotros recuerda alguno que merezca entrar en un panteón, por favor, que me lo haga saber. Gente tan extraordinaria merece un altar. Y no bromeo.



Steiner Copete dijo
Siempre me gusto Larry BIrd. Larry pajaro suena bien. que crack era
21 Octubre 2005 | 10:19 PM