The man who loved life
... Heard a million stories
Am I living in your dream?...
26 Octubre 2009
31 Marzo 2009
23 Marzo 2009
Every night before I go to sleep
Find a ticket, win a lottery,
Scoop the pearls up from the sea
Cash them in and buy you all the things you need.
Every night before I rest my head
See those dollar bills go swirling 'round my bed.
I know they're stolen, but I don't feel bad.
I take that money, buy you things you never had.
Oh, baby, it would mean so much to me,
Oh, baby, to buy you all the things you need for free.
I'll buy you a jet plane, baby,
Get you on a higher plane to a jet stream
And take you through the stratosphere
And check out the planets there and then take you down
Deep where it's hot, hot in Arabia, babia, then cool, cold fields of snow
And we'll roll, dream, roll, dream, roll, roll, dream, dream.
When we dream it, when we dream it, when we dream it,
We'll dream it, dream it for free, free money,
Free money, free money, free money, free money, free money, free money.
Every night before I go to sleep
Find a ticket, win a lottery.
Every night before I rest my head
See those dollar bills go swirling 'round my bed.
Oh, baby, it would mean so much to me,
Baby, I know our troubles will be gone.
Oh, I know our troubles will be gone, goin' gone
If we dream, dream, dream for free.
And when we dream it, when we dream it, when we dream it,
Let's dream it, we'll dream it for free, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money,
Free money, free money, free money, free.
14 Marzo 2009
13 Marzo 2009
21 Febrero 2009
"He visto de todo a lo largo de mi vida. He visto la esclavitud y he visto tocar a Jimi Hendrix. Creo que eso lo cubre todo." Nora Rose Moore, abuela de Jimi Hendrix.
Antes del advenimiento de la red de redes, de los programas peer to peer, de los torrents y de la burda bazofia de los mp3... antes de todo eso, digo, existían un tipo de comercios llamados tiendas de discos. Es posible que los más jóvenes del lugar los conozcan por historias legendarias narradas por hermanos mayores, al modo de aventuras de abuelo cebolleta. Dichas tiendas solían estar regentadas por algún tipo de especie extraterrestre, vertiente recolectora, cuyo único interés en su paso por la Tierra consistía en pensar en, hablar de, y escuchar música. Ojito con desplazarles de su campo de dominio, si intentabas sonsacar información de cualquier otra materia, entablando lo que tú pensabas era una amistosa conversación para conocerse mejor y esas cosas propias de la Humanidad, el sujeto en cuestión comenzaba a balbucear en una jerga ininteligible, sudaba cataratas del Niágara y acababa por mudar la epidermis, dejando a la vista su verdadero ser: un lagarto verde a lo "V" de lengua bífida.
En el pueblo donde yo vivía había un establecimiento mítico, llamado "Bird". Un enjambre de vinilos ajados, primerizos cd´s, cassettes de saldo, comics desgastados y otro tipo de publicaciones esotéricas, vistas en ningún otro lugar. Su propietario era un ente larguirucho, desaliñado, siempre vistiendo los mismos vaqueros y jersey, con una barba que escondía su propio ecosistema. Nadie conocía, ni se podía llegar a imaginar, qué clase de mecanismo regía aquel cuerpo, qué es lo que le empujaba a levantarse todas las mañanas y acudir a su puesto de trabajo para quedarse horas quieto como la estampa de una polaroid, pasando las páginas de alguna revista, sin elevar la cabeza cuando algún incauto cliente intentaba realizar una pregunta. Si probabas a recabar información acerca de una obra o artista de los expuestos en las estanterías, sus respuestas eran tan lacónicas y breves como definitivas: "no se" y "están bien" eran dos de sus habituales.
Podías reclamar algún artículo que no tuviera en stock en esos momentos, claro que sí, pero más te valía armarte de paciencia e insistir para que lo pidiera. Cuando volvías al cabo de semanas y comprobabas que aún no lo había recibido, aseguraba que en breve lo tendría. La situación se repetía hasta el infinito, y claro, a uno se le iban hinchando los cataplines de tal manera que al final no podía ni salir de casa incapaz de arrastrarlos. Pedirle que reprodujera un disco de segunda mano era como si le llevaras a Guántanamo a una tortura eterna. La cara dibujaba una mueca entre disgusto y esfuerzo sobrehumano, las extremidades comenzaban a chirriar como las puertas del averno y cuando sus manos agarraban el disco en cuestión, te miraba con sus ojos tristes y decía "si está bien, hombre..."
Pero oh, amigos, aquel saco de huesos y músculos atrofiados y subdesarrollados guardaba en su interior sus propias filias. En algún oculto baúl interior nuestro lagarto favorito cuidaba aquellas cosas que elevaban su espíritu y le hacían soñar con un regreso al hogar, a ese planeta desagradecido que le había abandonado. Un lugar que cuando se iluminaba con fuerza era capaz de borrar de sus ojos la expresión de desapego por la vida, de estar aquí pasando los días sin más motivación que tachar con una X las fechas en un calendario. Un día, inolvidable, acudí a la guarida del dragón de comodón en busca de un cd de, atención, Jimi Hendrix. Se acababa de publicar la enésima obra de material inédito con la que llevan bombardeando desde su temprana muerte. Su título era "Blues". No creo que requiera una definición pormenorizada. Más claro, el agua.
Cuando cometí lo que yo creí que era la primera torpeza de la visita, preguntando por él, se escuchó un "click" ensordecedor y aquel man or astro-man alumbró la tienda y todas las calles adyacentes con una mirada llena de esperanza y vitalidad. Dejó todo lo que estaba haciendo (pasar las páginas de un amarillento periódico con apática parsimonia) y dio muestras de una verborrea de académico de la lengua que me dejó clavado en el sitio. Recuerdo en concreto una frase de manera textual: "Le oyes tocar blues hace casi 30 años... y aún hoy en día suena más moderno e innovador que lo actual". Intercambiamos alguna que otra observación más, no muchas, porque su reacción fue tan inusual que me paralizó y me fui de la tienda. Lo que no recuerdo es si aquel fue el último disco de los que compré allí ("Sticky fingers", "Led Zeppelin III", "Dr. Feelgood"...) porque no sobrevivió mucho tiempo más. La sustituyó un establecimiento de ropa y complementos.
De regreso en mi refugio particular, con aquel artefacto bluesero en mis manos, comprobé que aquellas palabras eran la ley, y que al pronunciarlas lo más probable es que a miles de kilómetros de distancia, en un tal Monte Sinaí, un par de pedruscos se habrían desprendido con esa frase impresa a fuego. No, no era el primer contacto que tenía con Hendrix. Lo conocí años antes, cuando un número de una inenarrable colección por fascículos de la historia del rock vino acompañado por "Axis: bold as love". Así que ya sabía como se las gastaba aquel chamán de la guitarra. Pero a pesar de la corta vida artística del individuo y del incesante bombardeo de reediciones de su obra y las machacantes publicaciones de conciertos, jams, ensayos, discos inéditos, regurgitaciones estomacales producidas por una gastroenteritis, etc, jamás he dejado de asombrarme con su pericia. No importa lo machacada que tengas su discografía, las veces que hayas reproducido sus lp´s hasta el desgate, lo de memoria que te sepas ciertas notas y sonidos, porque cada vez que poses tus oídos sobre su música, será como la primera vez. Tal es la magnitud de su talento, la descomunal habilidad de inundar de matices distintos la paleta sonora del rock.
James Marshall Hendrix nació en 1942 en Seattle, probablemente de un cortocircuito en una noche de tormenta eléctrica. Imagino a su madre, con mirada asombrada gritando a su marido "cariño, un bebé acaba de salir del enchufe del dormitorio." Cuando creció, el chaval demostró un apetito insaciable, que hizo que su madre agotara la cadena alimenticia. Como no había manera de frenar su progresión, y el joven Jimi no quería arruinar a su familia, comenzó a zamparse todo poste eléctrico que encontraba a su paso, ya fuera al colegio o a la tienda para hacer la compra. Imagino que sus allegados, intentando hallar un pasatiempo que le alejara de los telégrafos, le compraron su primera guitarra, que empezó a sonar nada más posar los dedos en ella, sin necesidad de amplificador, ni corriente, ni ostias en vinagre.
Después de patearse el circuito de rythm´n´blues como acompañante de figuras tales como Little Richard y los Isley Brothers entre otros, Hendrix emigró a Nueva York y se recorrió todo local, ya tuviera luz o no, eso a él le daba igual, hasta que un tal Chas Chandler, que entonces tocaba en los Animals, esos de "House of the rising sun", fue alcanzado en la frente por un rayo que salió directamente de las cuerdas de la Fender de Jimi. Y vio la luz, la más brillante que había contemplado en toda su vida, en forma de negro con aspecto de haber metido los dedos en un enchufe, con el estilo capilar de Medusa y más hambre que Carpanta en un restaurante macrobiótico. Chandler, que ambicionaba iniciar una carrera como representante debido a la inestabilidad reinante en su grupo, recluta para la causa a dos músicos, bajista y batería (Noel Redding y John Mitchell) y convence al trío de que tiene más posibilidades de éxito inmediato en Inglaterra, volando hacia la capital del reino.
Cuenta la leyenda que Chandler, hábil prestidigitador de relaciones públicas, tiró de agenda para correr la voz de que tenía una gema de incalculable valor entre sus manos. Un diamante en bruto, bueno, más bien un pedrusco brutal que iba a dejar a todo bicho viviente con la boca más abierta que la entrepierna de Sharon Stone en "Instinto básico." Así que reunió a la creme de la creme de la escena británica ante el escepticismo de aquellos que ya habían enseñado al mundo sus credenciales artísticas. Y allí tenemos a todas aquellas luminarias de la música, guitarristas exitosos y endiosados incluidos, observando con recelo la aparición sobre el escenario de aquel tipo, con sangre irlandesa y cherokee, con una sonrisa más grande que la barra del local, que más que delatar seguridad en sí mismo ocultaba cierta timidez patológica y ansias por caer bien a todos sus ídolos. Lo que siguió constituyó tal exhibición de feedback, distorsión y pirotecnia guitarrera que al acabar a Clapton le atrapó una depresión de caballo, Jeff Beck decidió empeñar su instrumento al día siguiente, Pete Townshend se bebió el doble de whiskies que Keith Moon y Keith Richards exclamó "¿Y ahora a qué me dedico yo, a vender seguros?"
El resto es historia. Aquel día nació oficialmente el mejor guitarrista de la historia de la música moderna, o popular o como queráis llamarla. Un dios, griego, romano o selenita que revolucionó su instrumento como ningún otro intérprete lo ha hecho nunca. La ya bautizada Jimi Hendrix Experience entró al estudio para recoger "Are you experienced?", que al rebufo de sus actuaciones consiguió un éxito inapelable en el Reino Unido. Después de conquistar las islas, vuelta a casa a dejar a todos en su sitio, incinerando el Festival de Monterey en Junio de 1967. Con una maquinaria engrasada a la perfección, el concepto power trio se redefinió, haciendo parecer a grupos como Cream hermanitas de la caridad. Eric Clapton lleva 40 años agobiando a Jack Bruce preguntando "¿A que soy mejor que Hendrix, eh? Anda, dímelo, por faaaaa..." El pobre Ginger Baker un día le clavó las baquetas en la laringe, a ver si se callaba de una santa vez.
El problema para Jimi es que se convirtió en una atracción. Su forma de tocar, su exhibicionismo en directo, las muestras circenses de su talento, como tocar con los dientes o detrás de la espalda, y quemar la guitarra en el escenario minimizaron su extraordinaria capacidad compositiva. Letrista dotado y cantante excelente a pesar de las limitaciones de su voz (como dijo Dylan, pertenecían a la misma raza de vocalistas, sin grandes condiciones pero de enorme expresividad y fuerza), su figura se vio ninguneada por la tendencia a la sobreexposición mediática a la que se ven abocados aquellos que unen a su éxito un talento especial. Sin embargo la baza ganadora de Hendrix no es su dominio de las cuerdas. No es el qué, es el cómo. La abrumadora expresividad de la que hace gala. Uno escucha sus interpretaciones y le asaltan los sueños de la razón. Lo posible y lo imposible. Parece brujería. Como Panoramix revolviendo la pócima mágica con el mástil de una guitarra. En un corto espacio de tiempo lo hizo todo. A un disco tan redondo (no es un fácil juego de palabras) como el primero, siguió el extraordinariamente melódico "Axis", y su particular interpretación de lo que es pop: "Little wing", "Castles made of sand", "Bold as love". Piezas de orfebrería perfecta.
Después vendría "Electric ladyland", su polémica con la portada de chicas desnudas y aquel testamento autobiográfico, "Voodoo child", con Steve Winwood desgastando las teclas de un órgano llevado al límite, en un duelo antológico con Hendrix. La música del genio de Seattle siempre estuvo propulsada por ese caballo desbocado que era "Mitch" Mitchell, dispuesto a saltar cualquier obstáculo y llevar al mejor jinete adonde éste quisiera. Octopus con baquetas con licencia para aporrear cualquier superficie, no se entiende la obra de Jimi sin su colaboración y sus descomunales aportaciones rítmicas. Respecto a Noel Redding, lo siento, igual soy injusto, pero a mi siempre me dio igual. Si colocásemos a Manolo el del Bombo entre dos colosos como Hendrix y Mitchell el resultado sería el mismo. Y si de cuando en cuando se podía contar con colaboraciones de amigos como la del genial ex-Spencer Davis Group y futuro Traffic, pues mejor que mejor.
Siempre consideré una lástima que se rompiera la Experience, más por la parte del batería que por la de Redding. Ahí hubo el intervalo en el que Jimi formó la Band of Gypsies con Buddy Miles y Billy Cox, grabando el lp en directo del mismo nombre. Poco tiempo después, Mitchell recuperó su lugar y la formación se estabilizó con Cox. Pero no hubo tiempo para mucho más. El 18 de septiembre de 1970, Hendrix falleció de una sobredosis, supuestamente accidental, quebrando su recorrido terrenal. Para la posteridad, sus extraordinarios trabajos en estudio, repletos de creatividad e innovación, siempre con la inestimable colaboración de Eddie Kramer a los controles, y sus vendavales sónicos en directo, ataques frontales a los sentidos, que se ven abrumados intentando descifrar sus códigos eléctricos. Tony Glover escribió para Rolling Stone: "Sus demonios son más eléctricos y esquizofrénicos que los de Robert Johnson, el gran bluesman del Delta que en muchos sentidos puede ser considerado el padre espiritual de Hendrix... Claro que Hendrix tocó blues del Delta, si el Delta hubiese estado en Marte." Para comprobarlo, por favor, escuchen la versión de "Hear my train comin´" que cierra aquel "Blues" que insufló inusitada vida a aquel que yo pensé incapaz de poseer un corazón. En 12 minutos verán lo que nunca, jamás han visto.
8 Diciembre 2008
When I was young, younger than before
I never saw the truth hanging from the door
And now I'm older see it face to face
And now I'm older gotta get up clean the place.
And I was green, greener than the hill
Where the flowers grew and the sun shone still
Now I'm darker than the deepest sea
Just hand me down, give me a place to be.
And I was strong, strong in the sun
I thought I'd see when day is done
Now I'm weaker than the palest blue
Oh, so weak in this need for you.
11 Septiembre 2008
Cuando leí, primero en "El Mundo", creo, que habían descubierto sospechosas semejanzas entre las letras del último trabajo de Bunbury y las de un poeta para mí desconocido, Pedro Casariego, no me sorprendí demasiado. Quizá porque ya no tengo en demasiada estima al artista y un plagio es lo que me faltaba para redondear la mala impresión que me ha dado en los últimos años. O puede que fuese porque nuestro panorama cultural, que más que panorama debería llamarse galería de tiro, es muy dado a la intertextualidad, o a apoyarse con bastante descaro en la obra de otros.
Bunbury se ha justificado de la manera habitual en un comunicado de prensa: diciendo que no se trata de que haya copiado a Casariego sino del proceso natural de inspirarse en todo lo que uno escucha o ve, citando de paso a Bob Dylan, Leonard Cohen, la Kábala y el I Ching. Probablemente tenga razón y legalmente no exista plagio como tal, es decir, que si se llevase a los tribunales una denuncia por ese hecho, no se considerarían suficientes un par de líneas para llegar a la categoría de delito. Sin embargo no deja de parecerme curiosa la falta total de reconocimiento a sus fuentes, sobre todo hablando de alguien que no está encumbrado en un punto lejano del olimpo de las letras -y por tanto su obra parece más universal-, como Shakespeare, Rimbaud o Baudelaire, sino un escritor madrileño fallecido en una fecha tan cercana como 1993. Y del que además toma su frase enseña, "el hombre delgado que no flaqueará jamás" para título de su single. Se puede pensar que no mencionarlo, sea voluntariamente o por descuido, es como mínimo algo desconsiderado.
También es raro que responda a las preguntas de una entrevista con una frase del mismo poeta, obviando de nuevo comentar quién es el autor de la reflexión. Visto así es difícil saber dónde empieza el pensamiento original del músico zaragozano y dónde el de otras personas, una confusión que sin duda viene bien si se trata de dar esa imagen tan "casual" de bohemio-intelectual-cantante maldito que ha vivido la vida y sabe de todo. De todo lo que saben otros, claro.
Para terminar, algo del verdadero protagonista, Casariego:
Quiero pintar de blanco la hierba de la pradera
y el compacto césped que recubre los jardines;
todos pensarán que venció la fuerza del desierto
y yo seré durante años el Dueño de la vida,
dejando que me acaricie la tibieza del sueño alado
y tiñendo al atardecer lo que brotó del rocío;
mi pincel será la cascada cuyo estruendo nunca percibo
y mi pintura las aguas que en ella se enroscan furiosas,
y los que por los aires naveguen
verán surgir la nieve del pecho abierto del Verano,
variarán de canción los motores aceitosos
y enarcarán las cejas los pilotos sin mirada.
Danzaré entre las hojas chamuscadas por el frío
y los demás conmigo,
pero ellos caerán extenuados
y sus músculos heridos servirán para tensar mi nuevo arco
y clavar en sus corazones suplicantes mensajes de amor
que sin duda secará el aliento de la lluvia;
y arrebataré a los niños la dejadez que me apasiona,
se marchitará colgada de las moreras,
como los plásticos sucios en el invierno espinoso.
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.Pe Cas Cor, 1976
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):