La Coctelera

Categoría: Literatura

27 Abril 2010

Vulgar

El amor es un tópico, una vulgaridad, y lo que yo siento por ti no es común, no es tópico, no es vulgar.

"Matar a Johnny Fry", de Walter Mosley.

No está mal para un libro en el que sus protagonistas no dejan de joderse los unos a los otros. En todos los sentidos (y contorsiones). Buffffff.

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25 Febrero 2010

Palabras

Se pregunta si las palabras no serán un elemento esencial de la sexualidad, si hablar no es en definitiva una forma más sutil de acariciar, y si las imágenes que bailan en nuestra cabeza no son igual de importantes que los cuerpos que abrazamos.

Invisible, de Paul Auster. Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

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21 Febrero 2010

El hombre y el mar

Hombre libre ¡siempre amarás el mar!

El mar es tu espejo; contemplas tu alma

en el desarrollo infinito de su ola,

y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

 

Te agrada zambullirte en el seno de tu imagen;

lo abrazas con los ojos y los brazos, y tu corazón

se distrae a veces con su propio rumor

con el ruido de ese indomable y salvaje quejido.

 

Ambos sois tenebrosos y discretos:

Hombre, nadie sondeó el fondo de tus abismos;

¡oh, mar! nadie conoce tus íntimas riquezas,

¡tan celosos estáis por conservar vuestros secretos!

 

Y sin embargo hace innumerables siglos

que os combatís sin piedad ni remordimiento,

tanto os gusta la carnicería y la muerte

¡oh eternos luchadores, oh implacables hermanos!

 Charles Baudelaire, traducción de Carmen Morales y Claude Dubois.

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20 Diciembre 2009

El dolor de la memoria

Como todas las buenas historias, es una tragedia.

La vida se compone, entre otras muchas cosas, de la suma de sueños, entendiendo estos no como las películas surrealistas que filma nuestra mente mientras dormimos, sino como las fantasías o aspiraciones con las que vamos alimentando nuestra esperanza. Hacer algo en la vida, encontrar nuestro minúsculo espacio de realización personal y otros grandes éxitos del cliché. Decía un escritor, de los buenos, que quien quiera ver cumplidos sus sueños mejor que despierte. Uno de los míos es escribir un libro, no digo ya siquiera publicarlo. Al menos terminarlo. Solo para mí, o para quién sea. Mientras gasto mis créditos vitales en intentar salir adelante y que la rutina no me corroa las entrañas, hago de espectador de lo que otros sí consiguen y no paro de leer. O intento no hacerlo. Aparte del inacabable maná de los clásicos, obras de autores pretéritos, me hace especial ilusión encontrar títulos contemporáneos de escritores noveles. Porque en este mundo editorial superpoblado, perteneciente a una sociedad ultraconsumista y desmemoriada, resulta casi increíble leer un libro primerizo que te recuerde lo que disfrutabas acurrucándote en un rincón de la habitación siendo niño y volver a sentir la sensación de estar descubriendo algo. Y poder pensar "alguien en algún sitio lo ha conseguido".

Ganábamos tierras al bosque y dábamos a nuestros lugares los nombres de las cosas que veíamos... o nombres de nuestras viejas ciudades, recuerdos sentimentales de sitios que no habían tenido sentimientos para nosotros. Esto demuestra que, quieras o no, no puedes dejar atrás ciertas cosas.

Stef Penney lo ha hecho. Y yo sigo de espectador. Y lo leo, y disfruto. Tiene pocos años más que yo. 5, creo. Como yo, se licenció en algo que profesionalmente no la ha ayudado demasiado. Y al contrario que yo, supo encaminar sus pasos hacia lo que quería hacer de verdad y tiró hacia el mundo del arte: la escritura y el cine. Yo no soy crítico literario, no tengo la capacidad, ni económica ni intelectual, de leer todo lo que se publica a lo largo del año. No puedo saber si hay más obras cómo esta, el tiempo es limitado. Así que asegurar que hallar una ópera prima como esta es como dar con un diamante en una concha puede ser una afirmación un tanto atrevida. Sin embargo sí me vienen a la mente muchos títulos y autores primerizos que he sufrido.

Preguntas inútiles. Mis preferidas. Me desprecio por esta debilidad mía, este monólogo interminable que sustituye a la acción (...)

Sucede también con los discos, topar con uno cuyo título o portada, o las dos cosas a la vez, te llaman tan poderosamente la atención que sientes por dentro que ahí hay algo especial, que no puedes fallar en la elección. El método dista mucho de ser infalible, pero así he encontrado muchos de los libros que he releído y muchos de los discos que llevan 10 ó 20 años sonando en mi equipo. Un título tan enigmático y en apariencia contradictorio como "La ternura de los lobos", con esa ilustración en la portada de Alfred-Pierre Agache misteriosamente titulada "The sword" me atrajo de inmediato. Leí la sinopsis, busqué algo de información sobre él y su autora y me olvidé de que existía. A veces sufres el efecto contrario al que buscas. Hay que dejarse llevar por los impulsos alguna vez. Meses más tarde lo hice.

Ser adulto significa enfrentarse a retos indistintos e inquietantes y subordinar la amistad a la responsabilidad. A veces tienes que supeditar el deseo de hacerte querer a la necesidad de hacerte respetar.

Penney sufrió de agorafobia durante la redacción de su primera obra. Curioso teniendo en cuenta el escenario donde se desarrolla la acción, los enormes campos y bosques nevados de Canadá. Penney, escocesa, se inspiró en las historias de aquellos compatriotas que emigraron a Norteamérica en el siglo XIX, realizando un considerable trabajo de investigación... en la biblioteca. Durante un tiempo temió que tras la publicación la tacharan de farsante. Alguien escribiendo acerca de un lugar que nunca ha visitado, que nunca ha investigado sobre el terreno. Sin embargo el primer lugar en el que "La ternura de los lobos" se convirtió en un éxito fue Canadá.

Cuando ella está en la habitación es tal el peso de las palabras no pronunciadas que los oprime, que él apenas puede respirar. Se tardaría años en decirlas todas, aunque no fuera más que para desembarazarse de ellas.

La historia funciona como un rompecabeas, un puzzle repleto de personajes que van encajando sus propias piezas, reclamando su autoría en el resultado del jeroglífico. Tragedia, historia de amor, relato de misterio con crimen por resolver, aventura épica... Dos narradores para una estructura magnífica.

Es evidente, se dice jubiloso, que el secreto de la felicidad consiste en variaciones del principio de estar golpeándose la cabeza contra la pared y parar de repente.

No es muy normal encontrarse con personajes tan trabajados, cuyos caracteres y personalidades estén tan diferenciados, posean unas voces tan propias. Me revienta la uniformidad que impera, esas películas en las que los niños piensan como adultos y hablan como profesores de universidad, o esas en las que todos los personajes se expresan del mismo modo. Solo se oye una voz, la del autor. Pero los personajes tienen que vivir también.

Usted puede afirmar que es prueba de valor aceptar su valoración de sí mismo, pero yo sugiero que eso es una forma de abdicar de sus responsabilidades en la vida. Este cinismo le da licencia para abandonar y ahorrarse esfuerzo. Todos los fracasos están disculpados de antemano.

Un acontecimiento pasado, que cubre a los protagonistas como una sombra de desdicha y misterio, funciona como nexo de unión. La presencia de los parajes abiertos en un duro invierno en el que todo el mundo parece huir incluso aunque no lo pretenda. El peso enorme del ayer asfixiándoles. Y las cuentas por resolver.

Pero, como he podido comprobar tantas veces, aquello que mas deseas te rehúye.

Un dominio del lenguaje y la expresividad que siguen asombrándome cada vez que lo encuentro a pesar de admirar a titanes como Chabon o Auster. Igual es que estoy acostumbrado a ellos. Pero la voz de Penney es propia, no se parece a ninguna de las que conozco. Para muestra, la forma de reflejar los sentimientos de la señora Ross, inolvidale personaje, que funciona de guía para el lector al mismo tiempo que en el relato es guiada por otro.

Por eso deseo mirar, aunque me duelan los ojos. Tengo que ver. Tengo que recordar esto.

Historias dentro de historias, como cambios de melodía dentro de una misma canción. Después de la trabajada estructura que sustenta el relato, a muchos les decepciona el final, algo precipitado, con demasiados interrogantes en el aire, como si esto fuera un episodio de Remington Steele en el que el villano, encañonando a los protagonistas, perdiera varios minutos desentrañando el misterio mientras otorga todo el tiempo del mundo a Steele para idear un contraataque. Supongo que todo tiene que acabar, de algún modo. Quizás los finales nunca sean buenos ni malos, solo finales.

He estado pensando en Parker, desde luego, y soñando con él por las noches. Y él piensa en mí, lo sé. Pero él y yo somos un interrogante sin respuesta. Después de tanto horror no podemos continuar... ni habríamos podido en ningún caso, si he de ser sincera. No obstante, cada vez que paramos, no puedo dejar de mirarlo. La idea de separarme de él es como la idea de perder la vista. Pienso en todo lo que ha sido para mi: extraño, fugitivo, guía.

Amor. Imán. Mi verdadero norte. Siempre me vuelvo hacia él. (...) Es como un cuchillo en mi corazón que no me arrancaría por nada del mundo.

Y los lobos, siempre presentes, desde la primera página. Funcionando como espejo de las flaquezas e imperfecciones humanas. Todos los personajes sienten temor por las criaturas que pueblan el bosque, excepto uno, el tratado como un salvaje. Nadie parece darse cuenta de que los verdaderos animales que se hieren unos a otros son ellos mismos.

Hace años encontré un cachorro de lobo abandonado. Quizá a la madre la habían matado o echado de la manada. Lo eduqué como a un perro. Durante un tiempo se mostró contento y cariñoso, una buena mascota. Me lamía la mano y se revolcaba con ganas de jugar. Pero creció y acabó el juego. Recordó que era un lobo, no una mascota. Miraba a lo lejos. Y un día desapareció. Los chippewas tienen para eso una palabra que significa "el dolor de la memoria". No puedes domesticar a un animal salvaje, porque siempre recuerda de dónde viene, y algún día querrá volver.

Fragmentos de "La ternura de los lobos", de Stef Penney traducidos por Ana María de la Fuente.

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5 Marzo 2009

El sindicato de policía yiddish

A todo el mundo le encanta que regrese el hijo pródigo, salvo al que ha estado durmiendo con su pijama.

(...)

Cada generación pierde al Mesías al que no ha conseguido merecer.

(...)

Una esperanza cumplida ya es la mitad de una decepción.

Michael Chabon, "El sindicato de policía yiddish" (trad. Javier Calvo)

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5 Marzo 2009

Nada

De este modo podía cambiarse por completo el curso de una vida: no haciendo nada.

"Chesil Beach", Ian McEwan.  (Trad. Jaime Zulaika). Fotografía de Peter Van Allen.

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17 Enero 2009

Piensa en mí

Piensa en cuánto me quieres. No te voy a pedir que me quieras siempre como ahora, pero sí te pido que lo recuerdes. Pase lo que pase siempre quedará en mí algo de lo que soy esta noche.

Francis Scott Fitzgerald

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17 Diciembre 2008

Lo que se ama

Es muy difícil no ser injusto con lo que se ama.

Oscar Wilde

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Dos amigos escribiendo sobre sus gustos, aficiones, manías y cualquier cosa que surja de su imaginación desbordante.

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