Categoría: Deporte
11 Julio 2006
Se acabó el Campeonato del Mundo de Fútbol. Se acabó y ya hemos visto infinitas veces en todas las televisiones y a diferentes velocidades la famosa agresión del Rey Sol futbolístico al tosco defensa italiano. Las portadas de todo tipo de publicaciones son monopolizadas por la calva insigne de "Zizou", cuya despedida ha derramado más ríos de tinta que el resultado de la final disputada en Berlín. Yo he procurado no perderme mucho del acontecimiento. He seguido casi todos los partidos y las noticias que se iban produciendo. Y no deja de ser significativo que una reacción violenta casi borre de un plumazo todos los goles, las jugadas y el esfuerzo desarrollados por 32 selecciones hasta ese momento.
Los campeonatos, por aburridos que resulten siempre dejan detalles e incluso perlas para los aficionados al fútbol. Siempre hay conclusiones que sacar, motivos para reflexionar sobre el destino al que se dirige el fútbol. A mi éste no me ha parecido el peor de los últimos años a pesar de los pocos goles. No me parece peor que el horripilante Mundial de Italia 90, o que el soporífero de EEUU 94. Tampoco me quiero cebar soltando una diatriba contra los males que acechan al fútbol. Centrémonos en lo estrictamente deportivo, por que a fin de cuentas esto es un juego cuyos protagonistas, los fabricantes de sueños o pesadillas son los jugadores, no nos olvidemos de ello.
Hay muchas historias detrás de 1 mes de competición, muchas reflexiones que nos entretengan en las tertulias con los amigos cuando el torneo ha llegado a su fin. De lo que sucedió en la primera fase me quedo con la despedida de una gran generación de futbolistas checos, por simpatía. Puede que las dificultades que pasaron determinadas naciones de renombre para llegar a octavos o el papel de las novatas selecciones africanas llamen más la atención. Sin embargo a mi el despliegue ofensivo del que los checos hicieron gala durante los últimos años me enamoró. Y su primera participación en una Copa del Mundo desde la escisión de Checoslovaquia ha acabado tristemente. Han brillado, y mucho, en las competiciones europeas (subcampeones en 1996, semifinalistas en 2004) con un fútbol comandado por Pavel Nedved, extraordinario jugador, y algún que otro veterano (Poborsky, Koller), llegando a Alemania como una de las posibles sorpresas.
Pero después de un buen debut, la pérdida de Jan Koller y la edad de sus mejores jugadores pasaron factura al funcionamiento de un sistema no espectacular pero sí muy efectivo. Llegaron al último partido de su grupo, frente a Italia, con sus 3 delanteros lesionados. Demasiado lastre. Lo que más admiré de su juego todo este tiempo era la poca vergüenza que mostraban al chutar a portería y la precisión con la que realizaban los tiros. No es que disparasen sin ton ni son, como forma de acabar una jugada estancada. Lo hacían con sentido, buscando el más mínimo resquicio y sin complejos. Y lo mejor es que casi siempre iban dirigidos entre los tres palos. Su técnica de chut era asombrosa. Algo envidiable. Debían tener bien aprendido aquella obviedad de que para marcar goles hay que chutar a puerta. Echaré mucho de menos a Nedved, aunque aún tienen jugadores de enorme futuro como Cech o Rosicky.
De España no tengo mucho que decir. Me da igual el juego que realizaran en los 3 primeros partidos o que Aragonés optara por rejuvenecer la plantilla y apostase por un juego técnico y vistoso. Llegada la hora de la verdad, más de lo mismo, con la correspondiente vergüenza que provocan los medios de comunicación deportivos de este pais. Realmente deplorable su actitud, irrespetuosa y estúpida. Lo peor es el resultado final, porque si a fin de cuentas España hubiese mejorado sus prestaciones hasta, por ejemplo, semifinales, nos darían igual los desvaríos de un mediocre rotativo deportivo. Por lo demás, jamás entenderé que es lo que tiene Raúl para que goce de inmunidad, ni que Joaquín, que se dedica a quejarse cada vez que le ve las orejas al lobo además de venderse cada año al mejor postor y que lleva 4 años sin evolucionar su juego y sin aprender a levantar la vista del suelo, siga teniendo un hueco en la selección. Jamás he visto a alguien que llamándose extremo no sea capaz de hacer un solo regate. Quizás gane la línea de fondo como nadie, pero sus fans parecen no darse cuenta de que ese tipo de juego es tremendamente fácil de defender. Así, España podrá presumir de batir records del mundo en saques de banda y esquina y en oportunidades de gol fallidas.
Brasil resultó un fiasco. No porque se despidiera en cuartos, si no por su raquítico despliegue sobre el terreno de juego. En pocas palabras, no jugaron a nada. Brasil inventó el jogo bonito, inspirado por la selección húngara de los 50. Elevaron aquel estilo casi a la categoría de obra de arte. Ganaron 3 títulos en 4 ediciones de la mano de Pelé (eso era un rey de verdad) y después tuvieron su particular travesía por el desierto, huérfanos de títulos a pesar del maravilloso fútbol que la generación de Zico, Sócrates, Cerezo, Falcao, Eder, Careca y Alemao, comandada por Tele Santana desplegó en los 80. Posteriormente volvieron a coleccionar trofeos, cambiando su estilo, jugando a la europea. Recordad que el Brasil campeón en el 94 tenía un centro del campo titular compuesto por Dunga, Mazinho, Mauro Silva y Zinho. Y así ha seguido hasta ahora. Estilo defensivo pero con el plus que le proporcionan jugadores de una técnica maravillosa en ataque. Solo que no siempre les iba a funcionar el invento. Y más cuando el "cuadrado mágico" (ejem) está compuesto por jugadores cuyas caracteríssticas hacen que se estorben los unos a los otros. Que esperen a otro año. Lo siento de verdad por Ronaldinho, no se merece la tormenta que está cayendo sobre él.
Lo de Argentina fue una pena tras la exhibición de toque que hicieron contra los serbios. Que cuando quieren (o pueden) juegan mejor que nadie es más que evidente. Pero he comprobado que en los últimos Mundiales tiran de resultado, intentando manejar los partidos a la italiana, y eso solo lo pueden hacer los propios italianos. Ojalá hubiésmos visto más a Messi.
¿Alemania? Lo de este país es tremendo. Estiraron hasta casi el asilo a la generación de Matthaus, Moeller, Klinsmann y Voller por la crisis galopante de su cantera y sin embargo llegaron a la final en el 2002 con la peor selección de su historia y hasta las semifinales este año con algún que otro buen jugador, sin más. Lo que les hace diferentes del resto debe ser algo genético, porque no les ha faltado nunca, pasen las décadas que pasen: determinación, carácter, personalidad, afán de superación, lucha. Antes de comenzar el Mundial le comenté a un amigo, "si en algo se define la personalidad futbolística de un jugador alemán es en como tira un penalti, fuerte y colocado, nunca pierden en las tandas porque lo lanzan con toda el alma". Y así ha sido. Solo han perdido una vez, contra Checoslovaquia en la Eurocopa que decidió el mítico Panenka. Incluso en la final de Champions que enfrentó a Bayern Munich y Valencia, el único jugador del equipo bávaro que falló no fue alemán, fue Patrick Anderson, sueco. Si España jugara con la misma concentración, con el mismo ímpetu...
Inglaterra me dio pena. Es un caso similar al de España. Una liga potentísima, buenos jugadores, nunca se llega a nada. Solo tienen un título que exhibir, el conseguido en su pais en 1966. Ni siquiera han jugado una final de Eurocopa en toda su historia. Este año acudían con una selección magnífica, a mi entender. Pero si alguien no jugó al fútbol durante este verano, esa fue Inglaterra. Rácano, pobre, simple, penoso... Portugal fue la sorpresa, si es que se puede considerar que la subcampeona de Europa juegue unas semifinales mundialistas. Una lástima que Deco no jugara más.
Y llegamos al final, o a la final. La vieja Francia, aquellos a los que íbamos a retirar, jejeje, se planta en el último escalón. Es curioso como después del partido contra España cambió el discurso de todo el mundo respecto a ellos. Y la verdad es que aquel partido no lo jugó bien nadie. Para mí Francia solo jugó un buen partido en todo el campeonato, el repaso que le dio a Brasil. Durante la final hubo momentos en los que arrinconó a Italia, pero con más corazón que juego, apenas crearon oportunidades si exceptuamos el remate de Zidane. Lo que mostraron fue que un centro del campo de portentos físicos se impone a uno de portentos técnicos. Que defienden como nadie. Que saben jugar partidos decisivos. Que la veteranía es un grado.
Pero lo que de verdad es digno de admiración es lo de Italia. Yo siempre he sido muy crítico con ellos. Su estilo me saca de quicio, me pone de los nervios. El resultadismo o catenaccio, la suerte que les acompaña en momentos decisivos, su manejo psicológico del contrario... No obstante yo me quito el sombrero, me da igual que no desplieguen nunca un fútbol que pasará a los libros de historia. Además, en mi opinión esta vez si que nos regalaron los mejores momentos de todo el Mundial, en la antológica prórroga de la semifinal frente a Alemania. Lo admirable de lo logrado por Italia es que si nos fijamos en su plantilla no veremos a 7 jugadores del Milan, 5 de la Juve, 4 del Inter, otros tantos del Lazio... No. El club que más nombres aportaba este año era el ¡¡Palermo!! Italia acudió sin un solo jugador de esos que entra en toda discusión sobre premios individuaes: Balón de Oro, Fifa World Player... Lo más cercano a eso que tenían se llama Francesco Totti, buen jugador pero no extraordinario, que para colmo llegaba limitadísimo. Su Mundial, patético, así lo corrobora. También estaba Del Piero, aunque éste en plena cuesta abajo de su carrera.
Sin embargo Italia ha ido pavimentando su camino con un juego compacto, más propio de un club que de una selección. Con un portero excepcional y una defensa en estado de gracia a pesar de la baja de Alessandro Nesta (Cannavaro y Zambrotta, impresionantes), un centro del campo donde el único que sabe jugar la pelota es Andrea Pirlo, con Gattuso y Camoranesi peleándose con todo bicho viviente, y una delantera sin grandes nombres Italia ha obtenido su cuarto título mundial.
No importa que tuvieran su eterna suerte frente a Australia, o que su rival en cuartos fuera el más flojo. Creo que se lo merecieron. Principalmente por una cosa que sucedió hace 6 años y que ha dado pie al título de este post. En la Eurocopa del 2000 una Italia raquítica llegó hasta la final tras sobrevivir a una semifinal contra Holanda en la que los naranjas fallaron 2 penaltis en el tiempo reglamentario, y más aún en la tanda definitiva. El juego italiano había resultado todavía más triste que de costumbre, mientras los franceses, sus rivales en la gran final, habían desarrollado mejor fútbol que el que les proclamó campeones del mundo 2 años antes, principalmente gracias al crecimiento de Thierry Henry, nombrado mejor jugador de la competición. Lo que son las cosas... En el partido final Italia barrió a los "bleus" del campo. No se qué comieron aquel día, pero lo hicieron todo bien. Hasta que Francia empató cuando los 90 minutos expiraban, imponiéndose en la prórroga con un gol de oro de Trezeguet.
Esta vez fue Francia la que barrió por momentos a Italia, a la que arrinconó durante la segunda parte. Pero yo no ví a un solo italiano que perdiera los papeles o que se pusiera nervioso. Simplemente esperaron su momento (estrellaron un balón en el larguero y les fue anulado un gol por fuera de juego). La confianza en sí mismos que mostraron fue brutal. Su campeonato era mejor que el francés en líneas generales. Más regular, más esforzado, más épico. Merecían ganar y el destino o el azar les devolvió lo que perdieron 6 años antes ante el mismo rival. Justicia poética. Trezeguet fue el hombre que falló en la tanda de penaltis. No importa cómo se consiga, el campeón siempre lo es con merecimiento.
El epílogo de Zidane, triste pero no tan extraño. Gran jugador, pero en mi opinión con muchos claroscuros. Supongo que el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. El problema es que siempre se engrandece la figura más reciente empequeñeciendo injustamente la de los demás. Es natural, el jugador actual es noticia, es conocido y seguido. Vende. Los retirados no. Cada pequeña cosa que hace es el no va más. Yo siempre he tenido la impresión con él de que se le ha valorado más el cómo que el qué. Es decir, no ha hecho nada que otros no hayan realizado antes, su fútbol no es mejor que el de los que le han precedido en el panteón de los elegidos. Pero las formas son otra cosa. Probablemente nadie tan elegante ni con tanto estilo al manejar la pelota que Zinedine Zidane. Daba gloria verle acariciar el balón. Por contra, nunca fue un dechado en velocidad ni en despliegue físico a pesar de su imponente presencia. Tampoco destacó como goleador pese a ser un centrocampista ofensivo. Pero lo peor de todo su repertorio es la mala leche que ha mostrado siempre. Aquellos que se sorprendan por cómo acabó su carrera deben recordar que es reincidente. Suma un total de 14 expulsiones en toda su carrera.
Del mismo modo que hay defensas a los que se criminaliza por su juego duro, sobredimensionando a partir de determinado momento de sus carreras cada tarjeta que reciben; hay jugadores excelsos, como Zidane, sobre los que se corre un tupido velo cada vez que pierden los nervios o dan una muestra de bajeza, olvidando sus faltas que son rapidamente sustituidas por ese control imposible o aquel gol deslumbrante. A todos hay que juzgarles por el mismo rasero, con lo bueno y lo malo que hayan mostrado a lo largo de sus carreras. Zidane es un grande, un grande expulsado en el Mundial del 98, en la final del 2006, en la Champions League... Zidane deslumbró con su cátedra ante Brasil y con su ejecución del penalti en la final (maravilloso) pero yo, sinceramente, antes que la de Zidane prefiero recordar la estampa de Cannavaro levantando la copa mientras a su espalda el cielo se inunda de papelinas blancas.
servido por nocheenlaciudad
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7 Junio 2006
Llevo varios días pensando en fútbol y en el venidero Campeonato del Mundo. Quizás por la inercia del anterior post que escribí, relacionado con la selección húngara de la década de los 50. El caso es que no se muy bien por qué ocupa tanto mi mente el dichoso jueguecito, hacía tiempo que no le dedicaba muchas reflexiones. Ya expliqué en el pasado artículo que no me embarga la ilusión ante el acontecimiento que se avecina, no espero que el fútbol que se practique en Alemania ´06 me haga saltar del asiento ni nada por el estilo, independientemente de que se produzca algo que me llame la atención.
Pero la mente humana es caprichosa y si le da por el fútbol, ¿qué le voy a hacer yo? Lo extraño es que en una de esas asociaciones extrañas que se producen en ocasiones, el Mundial me ha llevado a acordarme de aquellos tebeos magistrales que dibujaba Francisco Ibañez en los cuales esos genios del disparate llamados Mortadelo y Filemón ponían todo patas arriba, además de perder el partido decisivo, para mantener intacta la tradición hispana.
El caso es que a mí me parace que humor absurdo y fútbol hacen buena pareja. Y ya que después de un mes de competición solo ríen los aficionados de una selección mientras los demás lloran y se lamentan, me he dicho, ¿por qué sufrir la enésima humillación a manos de los futbolistas que más cobran y menos rinden? Riámonos todos. Creemos nuestro propio Mundial, un torneo alternativo sin árbitros gandules, estrellas que jamás responden a las expectativas ni entrenadores de sobacos antiglamurosos. Un panorama irreal, un "pudiera ser si"... Si Mortadelo y Filemón fueran de carne y hueso y los jugadores que inundarán los campos alemanes a partir de este viernes fueran personajes que vivieran en el interior de las viñetas.
Así que mi colega Roberto y yo nos hemos estrujado las meninges imaginando un universo futbolístico paralelo, en el que expresar lo que de verdad nos gustaría ver por la televisión (el que tenga La Sexta, claro). Algo por lo que estrujaríamos al antenista si la señal desapareciera más fácilmente que un político honrado. Una competición sin más normas que las que dicten nuestra imaginación. Algo así como "El Campeonato Mundial de Fútbol por Monty Python". Y esto es lo que nos ha salido. Grupo por grupo. Ronda por ronda. Que ustedes lo disfruten y disculpennos la incorrección política.
GRUPO A
Alemania: todo sería muy sencillo si jugase LOTHÄR MATTHAÜS. Para desgracia alemana y alivio de sus rivales Herr Matthaüs lleva retirado unos años y la selección tiene la deshonra de no contar con jugadores que tengan diéresis en sus nombres. Sin embargo Alemania se anexiona al equipo polaco, por aquello del "espacio vital" y construye una selección imbatible con 22 jugadores sobre el terreno de juego.
Costa Rica: usa la táctica del despiste, a saber, un montón de sensuales costarricenses bailan en la grada mientras los jugadores esquivan a contrarios embobados.
Polonia: ni Lech Walesa, ni el espíritu del Papa Wojtila les libra de la anexión alemana.
Ecuador: es vencida por todos sus contrincantes porque sus jugadores no se atreven a moverse de la línea de medio campo. Ahí se sienten como en casa.
Previsión: Polemania queda primera de grupo, la táctica costarricense no surte efecto. Mientras los germanos se divierten en las gradas con las muchachas americanas, los polacos se baten el cobre sobre el campo y ganan. Costa Rica queda segunda.
GRUPO B
Inglaterra: es vencida por no presentarse. La mitad de sus jugadores están haciendo anuncios de calzoncillos Calvin Klein mientras la otra mitad se entretiene filmando anuncios de Pepsi.
Paraguay: la defensa paraguaya es implacable. Plantan una selva en su área y cualquier atacante que ose internarse es devorado por jíbaros enanos.
Trinidad y Tobago: los trinitenses... o triniteños... o trinitarios... Los de Tobago tienen una defensa temible. Salen al campo esgrimiendo unos curiosos muñequitos muy parecidos a sus rivales y les van clavando unas agujitas. De repente el contrario se retuerce en mil convulsiones, lo que aprovechan para marcar a puerta vacía.
Suecia: gana sin oposición, abren un Ikea en una esquina del campo y todo el mundo se despista comprando estanterías imposibles de montar.
Previsión: pasan Suecia y Tobago. Los jíbaros pierden su efectividad al irse a buscar una canoa desmontable al Ikea.
GRUPO C
Argentina: droga el agua de los contrarios, pisa a los lesionados, meten gol agarrando el balón con ambas manos y atan y amordazan a los rivales. Todo fair play.
Costa de Marfil: tiene un conflicto interno entre jugadores, que se atrincheran en lados opuestos del campo y se declaran independientes. Guerrilleros patrullan el área, imposible pasar. Empatan a 0 con los serbios, pero pierden frente a la táctica argentina.
Serbia y Montenegro: es derrotada sin problemas, ya que se pasan los 90 minutos en un referéndum sobre quién será el portero y si levantar un puente en el medio del campo.
Holanda: hombres con bastón y bombín que se hacen llamar drugos pasean por su lado del campo bebiendo vasos de leche. Los contrarios no se atreven a acercarse, porque cuando lo hacen suena música de Wagner y les golpean con gigantescos penes de cerámica. El partido contra los marfileños se convierte en una batalla campal que acaba favorable a los holandeses.
Previsión: Argentina primera, Holanda segunda.
GRUPO D
México: juega con una nueva táctica psicológica. Orondos mariachis tocan narcocorridos mientras invitan a tacos a los contrarios. Éxito fulminante.
Irán: no se presenta, toda su participación es una excusa para robar plutonio de una central nuclear alemana... Su plan era camuflarlo en el balón, pero las barbas de sus jugadores sirven.
Angola: salen directamente con el caldero hirviendo. Centrocampista rival que se les cruza, pal desayuno ñam ñam ñam.
Portugal: son descalificados por vender excedentes de merchandising de la anterior Eurocopa.
Previsión: México primera, los angoleños pasan como segundos al conformarse con los tacos en su partido frente a los mejicanos.
GRUPO E
Italia: Berlusconi, que para eso tiene más cara que nadie, se alinea como delantero. Pero son vencidos estrepitosamente después de intentar comprar al árbitro y esconder a un capo de la mafia bajo el poste derecho de su portería.
Ghana: evidentemente, gana, sin más comentarios.
Estados Unidos: lanza un ataque preventivo y bombardea el campo rival. Sospechoso de pertenecer al eje del mal, capturan el balón, lo mandan a Guantánamo y luego lo traen de vuelta y se mete él solo en la portería.
República Checa: alinea corredores de maratón que vuelven locos a los contrarios dando cientos de vueltas al campo, incansables. Pero gana Ghana, obviamente.
Previsión: USA primera, Ghana después.
GRUPO F
Brasil: utiliza una táctica novedosa. Mientras Ronaldinho deslumbra a los contrarios con su sonrisa de blanco profiden, el resto corren parapetados por detrás de la barriga de Ronaldo, sorprenden al portero y marcan.
Croacia: ¡el seleccionador croata sorprende al mundo! Alinea un equipo de batracios gigantes, que practican un juego aéreo sin igual.
Australia: pierde, tras desestimar la FIFA la táctica australiana de utilizar canguros para contrarrestar la ventaja croata. Batracios sí, canguros no. Esa fue toda la explicación de Joseph Blatter. Por primera vez llevan un equipo de aborígenes que tocan el didjeridoo durante los primeros 45 minutos y luego no saben donde están.
Japón: gana con sus delanteros kamikazes ninja. Se abren camino agitando sus katanas y lanzando sushi a los ojos del resto.
Previsión: Brasil primera, Japón segunda. En el partido que les enfrenta Ronaldo se zampa todo el sushi arrojado por los nipones.
GRUPO G
Francia: colabora con el equipo rival y se rinde. Les dejan paso libre hasta su portería y les regalan pan francés, queso y vino.
Suiza: también innovan este año. Su táctica es que el portero empuje un queso de bola gigante con los 10 jugadores dentro de sus agujeros contra el terreno contrario. Tras aplastarlos, marcan.
República de Corea: los coreanos han dicho que no van a jugar. Mandan robots teledirigidos desde el banquillo. Para tirar los penaltis se unen todos y forman un robot gigante.
Togo: solo presenta un jugador en el equipo, EL GRAN TOGO. Un negro de 6 metros de alto por 4 de ancho que avanza pisando a los contrarios y gruñendo ¡Gran Togo matar! ¡Matar! Sin embargo no se sobrepone al olor del queso suizo y a la fría mecánica coreana. Gran fracaso.
Previsión: Suiza primera, Corea segunda.
GRUPO H
España: salen al campo 7 periodistas sacando pecho, 3 antiguos seleccionadores discrepando y Casillas gritando "¡Venga coño que somos ESPAÑA!"
Ucrania: los ucranianos invaden el campo con tanques excendentes soviéticos y lo declaran Nueva Ucrania. Plantan un oleoducto, si quieres marcar un gol, debes pagar combustible.
Túnez: los tunecinos se sientan con sus pipas de agua en sus flamantes alfombras y se quedan dormidos.
Arabia Saudí: los árabes pagan 10.000 millones por el estadio donde van a jugar sus partidos, construyendo en su lugar un palacio-harén con odaliscas y pasan olímpicamente de manchar sus turbantes con el sudor.
Previsión: ¡¡Increíble!! España pasa primera. Villar se gasta todo el presupuesto de la Federación pagando a los ucranianos y la dejadez de los demás hace el resto. Ucrania avanza como segunda siendo un poco más rica.
OCTAVOS
Polemania - Tobago: la táctica de Tobago resulta estéril, no tienen suficientes muñequitos para tanto jugador. Pasa Polemania.
Argentina - Angola: los angoleños, con un empacho de tacos, nachos y enchiladas, saltan al campo sin apetito. Las artes argentinas hacen el resto.
Suecia - Costa Rica: nadie se resiste a Ikea. Las muchachas costarricenses se lanzan en busca de pareos... desmontables. Gana Suecia.
México - Holanda: ante su enfrentamiento con los drugos, los mejicanos se cansan de cantar los narcocorridos y llaman directamente a los protagonistas de éstos. Allí no queda ni rastro de drugos. Pasa México.
USA - Japón: los americanos son descalificados tras descubrirse su plan de lanzar una bomba atómica sobre el hotel de concentración japonés. Los nipones se toman esta victoria como una revancha de la 2ª Guerra Mundial y lo celebran regalando dvd´s portátiles a todo bicho viviente.
Suiza - Ucrania: el sofocante calor del verano alemán derrite el queso suizo, dejando a sus jugadores caídos sobre el cesped hediendo a mil kilómetros de distancia. Pasa Ucrania, poniéndose sus jugadores una pinza en la nariz.
Brasil - Ghana: el día antes del partido, los brasileños organizan una fiesta que se prolonga hasta altas horas de la madrugada. En el campo sólo se presenta el lesionado Edmilson, que es un obrero de Dios. Gana Ghana, obviamente.
España - Corea: ¡¡La revancha del anterior Mundial!! ¡¡La oportunidad de acabar con los fantasmas del pasado!! ¡¡Iniciar una nueva y gloriosa página deportiva en la historia de nuestro fútbol!! España desarrolla un juego primoroso, electrizante y arrollador. Los expertos declaran no haber visto nada más bello en su vida. El resultado final es de 20-0... jejeje... jijiji... jajaja... BWAHAHAHAHAHAHAHA ayayayay... juajuajua... jojojojojo... BWAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA... ay señor... España hace el ridículo una vez más, ¿qué creíais?
CUARTOS
Polemania - Argentina: la mitad de los argentinos, con antepasados alemanes huídos en la II Guerra Mundial, reconocen a primos hermanos suyos en el equipo de Polemania y se unen en un abrazo fraternal que los polacos aprovechan para marcar y huir de paso. Saltan el muro que los alemanes han construido en el fondo norte con torretas y dobermans y salen por las gradas. Se forma una nueva selección, Argemania.
Suecia - México: el partido es interrumpido por Robert Rodriguez, que quiere rodar una película de acción, El Mariachi 5: Mundial Sangriento, a lo que los suecos se niegan, contraatacando con cintas de Bergman y dogma. Al final los mexicanos se duermen con la depresión del cine de autor, y vence Suecia.
Japón - Ucrania: se impone Japón, después de montar 3 plantas de fabricación de chips en terreno ucraniano y que todos se pongan a trabajar allí felices y contentos.
Ghana - Corea: los coreanos robóticos teledirigidos son sustituidos en este partido por pequeños coches de importación, que no llegan muy lejos. Los ganeses lanzan termitas feroces a través de los techos solares de cierre defectuoso y los coreanos deben huir.
SEMIS
Argemania - Japón: recordando antiguas alianzas, Argemania y Japón forman EL EJE que se presenta unido a la final.
Suecia - Ghana: los ganeses se dan cuenta de que si vencen van a tener que enfrentarse al EJE y se retiran... Así queda en la final Suecia, país neutral en la II Guerra Mundial.
FINALÍSIMA
EL EJE - Suecia: EL EJE despliega todo su potencial... Marrulleros argentinos avanzan por la banda mientras el frente alemán, con kamikazes japoneses en el centro, amenaza con arrasar el centro del campo.
En el otro lado los suecos discuten si el cesped del campo es ecológico y si montar una planta de Nokia aprovechando uno de los corners. Finalmente, deprimidos, montan unas casas prefabricadas de madera en su área y se sientan a esperar, mientras piensan formas de suicidarse.
El ambiente es tan triste que EL EJE se deprime también. Los argentinos se reunen a tomar mate mientras hablan de El Diego. Los japoneses se hacen el harakiri ante semejante humillación. Los alemanes se marchan a ver si reflotan su economía y sus ganas de vivir fabricando Mercedes y BMWs.
En los minutos finales, un suizo nacionalizado sueco marca el único gol del partido empujando el balón con un reloj de cuco. La FIFA declara a Suiza vencedora de una batalla (futbolística) después de años sin combatir.
That´s all, folks.
servido por nocheenlaciudad
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3 Junio 2006
Este es año de Mundial, ese acontecimiento que pone patas arriba las rutinas de millones de ciudadanos por todo el mundo. El causante de que junto a las noticias derivadas del propio fútbol, los informativos se llenen de curiosidades bizarras como que unos chalados han fundado la Iglesia Maradoniana o que unos monjes tibetanos han construido un altar en el que adorar a Beckham (¡¡vaya pringaos!!).
A mi el fútbol me apasiona. Como deporte. Si lo definiésemos como espectáculo la cosa cambiaría. Me pasa con muchos deportes. Aprecio sus características casi hasta niveles pasionales, pero en cuanto a sentir algo viendo una competición... Para ser sincero, a mi me da igual el Campeonato del Mundo. No espero ver un juego vibrante, ni selecciones que practiquen un fútbol hermoso. Me da igual el resultado final, me es indiferente quién gane. Pero como torneo único en el mundo, que sólo se disputa cada 4 años, siempre espero encontrar historias. Unas épicas, otras vergonzosas. Unas humorísticas, otras tristes. Para mi es lo que hace grande al deporte, lo que subyace al circo que se nos vende, cuya carpa está compuesta por toneladas de publicidad. ¿El marketing mató al deporte? Que cada uno responda a esa pregunta.
Supongo que acontecimientos de esta clase le facilitan a uno el retrotraerse a la infancia. Como un personaje de Paul Auster admite en una de sus novelas, el deporte nos ayuda a sumergirnos en una época en la que la vida nos parecía llena de esperanzas. Su irrealidad te facilita huir de la confusión de la vida real. Sueños de gloria de deportistas épicos, de marcas imbatidas, de hacer historia en competiciones imposibles... Luego creces, claro.
No voy a lanzar una diatriba de abuelo cebolleta, echando espumarajos por la boca, asegurando que ya nada es lo que era (aunque sea verdad). Cualquiera cuyo gusto por el fútbol le haya llevado más allá de la época contemporánea sabe que eso es cierto, es consciente de la evolución de este deporte a todos los niveles. Es doloroso comprobar como muchas jóvenes promesas se echan a perder antes incluso de haber debutado en el nivel más alto de la competición. Con sólo 15 años, los chavales son mareados por agentes, representantes comerciales y personajillos varios que les ofrecen, gratis, todo tipo de artículos. Un jugador de juveniles puede estar vestido de los pies a la cabeza por una marca comercial sin pagar un solo céntimo. La ley del mínimo esfuerzo se aplica antes de que se hayan tenido que esforzar de verdad.
Esas son las historias de ahora. Detrás de los Ronaldinho o Henry (los únicos jugadores que hacen que uno se levante del asiento) hay una feria de vanidades en la que los jugadores no pueden ocultar su participación. Aquí todo el mundo es víctima y verdugo. Hay otras historias, por supuesto. Pero de las que uno más se acuerda sucedieron hace mucho tiempo, cuando la consideración social del fútbol era completamente diferente y sus protagonistas tenían nombres que pocos recuerdan. Porque esto no siempre fue así. Todo en esta vida sufre una evolución y para que hoy en día se juegue con el sitema 4-4-2, antes se tuvo que jugar con el 3-2-5; para que hayamos conocido a un Ronaldinho antes ha debido haber un Zico, un Pelé, un Garrincha. Lo actual es resultado de lo pretérito. No se puede entender una cosa sin la otra.
Esa evolución de la que hablaba se truncó por el estallido de la 2ª Guerra Mundial. Hoy en día a la etapa anterior se la conoce como la prehistoria del fútbol. Si a un tiffosi italiano le preguntas cuantos títulos mundiales tiene su pais te responderá que uno. Los logrados en 1934 y 1938 son demasiado lejanos para considerarlos como propios, aparte de estar conseguidos bajo la sombra dictatorial de Benito, ese amigo de Adolfo. La contienda paralizó toda competición, internacional o nacional y el deporte perdió el tren de su progreso.
La disputa de los Campeonatos del Mundo se reanudó en 1950, pasando a la historia por el mítico Maracanazo, la victoria de Uruguay sobre Brasil en un abarrotado estadio brasileño. Pero el mayor protagonismo en aquellos primeros años de posguerra se lo llevó una selección de Europa del Este, Hungría. Con la guerra fría, todo país del telón de acero que se preciara utilizó el deporte como arma propagandística, como expresión de sus ideales políticos y sociales. Era una solución que exteriormente ocultaba al enemigo el fracaso de las políticas comunistas dirigidas dictatorialmente y que de puertas para dentro distraía al pueblo de sus miserias cotidianas. El deporte como opio. Muchos paises del este destacaron deportivamente en aquella época. Unos en fútbol, otros en baloncesto, otros en balonmano, otros en atletismo, y unos pocos en todos y cada uno de ellos (los abusones de los soviéticos).
Los húngaros lo hicieron en fútbol, merced a un estratega llamado Gusztav Sebes, entrenador del equipo llamado "maravilla" o "magiares mágicos" desde 1949. Sebes revolucionó tácticamente el jugar 11 contra 11. Por primera vez en dos décadas alguien inventaba nuevas posiciones sobre el terreno de juego y creaba soluciones estratégicas para enfrentarse al rival. Por poner un ejemplo, Grosics, el portero, solía actuar casi como líbero, llamándolo "El cuarto defensa".
El fútbol húngaro comenzó a hacerse notar en 1950. Pasaban los meses y, liderados por un tal Puskas, los húngaros incrementaban su cifra de victorias. Pasaban los años y nadie conseguía batir a aquel equipo, que se presentó a las Olimpiadas de 1952 invicto durante 2 años. Aquellos Juegos Olímpicos vieron un fútbol tan completo y preciso que los ojos de aquellos que lo presenciaron se salieron de sus órbitas. Los oftalmólogos de Helsinki no dieron a basto. En la final, Hungría batió a un fantástico equipo yugoslavo y a pesar de llevar un par de años sin conocer la derrota fue a partir de entonces cuando desarrolló su mejor juego y pasó a los anales como la mejor selección de todos los tiempos junto al Brasil de 1970.
Maravillaban allá por donde pasaban, de ahí el apodo. En 1953 visitaron Inglaterra, selección que presumía de dominar el juego internacionalmente. El encuentro se disputó en Wembley, el estadio ahora pasto de la especulación inmobiliaria. Afortunadamente, las famosas torres de Wembley no se llevaron consigo lo que vieron aquel día. Cuando sonó el pitido inicial la confianza inglesa estaba intacta, con esa seguridad que tiene el inventor de la bomba de que a él no le va a estallar. Pero los británicos no estaban preparados para lo que se les avecinaba. El sistema que utilizaron los húngaros era revolucionario, jamás visto antes. Las soluciones tácticas de Sebes desconcertaron a los ingleses qe no podían evitar cometer continuos errores de marca. Los húngaros no conocían el juego aéreo excepto para pasarle el balón a Kocsis y que éste rematara de cabeza, con lo que la supuesta superioridad inglesa quedaba anulada. Jugaban al pase corto, siempre a ras de hierba, a una velocidad endiablada. Eran rápidos, increiblemente potentes, técnicamente impecables y precisos.
Si atacaban, atacaban todos, si defendían también lo hacían todos. Tenían un delantero centro que no era el hombre más adelantado del equipo. Él bajaba hasta el centro del campo a recibir el balón arrastrando consigo a los desconcertados defensores, dejando el camino libre para los extremos, dos balas que entraban por las bandas como Pedro por su casa. Luego, el delantero volvía a subir a rematar. En la retaguardia se cubrían con un mediocampista de corte defensivo, algo nunca visto hasta entonces. El resultado final fue de 3-6 favorable a Hungría, con el público puesto en pie ovacionándo un juego tan hermoso. Los futbolistas ingleses declararon más tarde que hicieron todo lo que pudieron dadas las circunstancias. Es decir, dado que jamás habían visto a nadie jugar de semejante forma. Meses después se disputó una revancha, esta vez en terreno magiar. 7-1. No digo más.
Cuando el Campeonato del Mundo de Fútbol de Suiza se acercaba, nadie dudó en adjudicar el papel de favorito a Hungría, que seguía sin perder. La elección del país helvético como sede se produjo al considerar que apenas estaba dañado por la guerra y que era el mejor destino para disputar un campeonato tranquilo, lejos de trifulcas políticas. Se formaron 4 grupos compuestos por 4 selecciones cada uno. Pero la polémica saltó por el sistema de competición, ciertamente calamitoso. Se establecieron 2 cabezas de serie por grupo, a dedo, impidiendo que éstas se enfrentaran entre sí. Los 2 equipos restantes del grupo tampoco se podrían enfrentar entre sí. De modo que a pesar de ser grupos de 4, cada selección disputaría 2 partidos. Los dos primeros de cada grupo pasarían a la siguiente ronda.
Hungría quedó encuadrada junto a Corea del Sur, Turquía y Alemania Federal. Vencieron por 9-0 a los coreanos y por 8-3 a los alemanes. La derrota de los germanos fue tomada como un insulto en su pais, pidiendo la destitución del seleccionador Joseph Herberger. Herberger, conocido como Sepp, alineó un equipo plagado de suplentes que fue arrollado por los húngaros. Su decisión, que nadie entendió entonces daría sus frutos más tarde. Los alemanes quedaron empatados en la segunda plaza con Turqía, a la que ya habían vencido fácilmente y lo volvieron a hacer en el desempate.
Para los húngaros la primera fase no había sido tan fructífera como parecía. El juego duro de sus rivales les costó la lesión de Ferenc Puskas. Aún les quedaban Czibor, Kocsis, Boszik o Hidegkuti, así que no tuvieron ningún problema en reservar a su mejor jugador. Pero los cruces para ellos fueron terribles. En cuartos de final se enfrentaron a Brasil, vigente subcampeona mundial. El partido fue durísimo. Aunque sea difícil de creer hoy en día, Brasil, el arquetipo del jogo bonito, se empleó con una dureza excesiva y el encuentro se convirtió en una batalla campal. 3 jugadores fueron expulsados (2 brasileños) y al finalizar el partido, con 4-2 para los húngaros, se organizó una tangana en el campo que se extendió hasta los vestuarios. Sebes fue agredido por jugadores brasileños que pretendían hacerle un lifting facial. No es que Sebes fuera guapo, pero declinó la amable oferta brasileña saliendo por patas. Aquel partido se conoce como "La batalla de Berna".
En semifinales el equipo maravilla se topó con Uruguay, la campeona mundial. Al parecer los charrúas tomaron nota de los brasileños y se pusieron a repartir estopa por todas partes. Los húngaros, que ya venían maltrechos de la primera fase y peor aún de su enfrentamiento con Brasil, sólo pudieron empatar a 2. En los últimos minutos de la prorroga marcaron 2 goles que les metieron en la final. Por su parte, Alemania tuvo un camino más placentero hacia el mismo destino. La táctica de Herberger había surtido efecto. Sus jugadores estaban más descansados y el nivel de los rivales había sido menor.
A pesar de la confianza húngara en sus posibilidades y en su juego, la cita merecía el riesgo y Sebes puso de titular a Puskas, por aquello de que era, simplemente, el mejor jugador del mundo. El futuro delantero del Real Madrid no se había recuperado de su lesión y saltó al campo medio cojo. Entonces no se permitía hacer cambios. Acababan los mismos 11 que empezaban. Los húngaros salieron en tromba, queriendo quitarles de la cabeza a los alemanes cualquier impresión de cansancio. En tan solo 8 minutos ganaban por 2 goles a 0, siendo el primero obra de Puskas, despejando dudas. Todo parecía encarrilado para una victoria. Pero los alemanes se repusieron inmediatamente, empatando en el minuto 18 de la primera parte. Fueron imponiendo su juego paulatinamente, ese fúbol cansino y de control, ayudados por la aparición de la lluvia, a la que se enfrentaron con sus nuevas y flamantes botas con tacos de madera. Los húngaros resbalaban y no podían imponer su estilo en un campo tan pesado.
En la segunda parte el panorama cambió y el acoso a la portería alemana fue una constante. Hasta 3 balones estrellaron en la madera los húngaros, que sin embargo vieron como a 6 minutos del final Uwe Rahn marcaba para Alemania. Tras ese varapalo, un Puskas cada vez más cojo, agarró un balón en el área germana y lo impulsó al fondo de la red. El árbitro señaló el punto central y poco después, rectificaba su decisión y anulaba el tanto por un fuera de juego que no existió. El cesped estaba completamente embarrado, lo que pesó sobre la maltrecha condición física de los húngaros, mientras los alemanes estaban frescos como lechugas. El árbitro, para rematar su faena, pitó el final del partido cuando Czibor se disponía a botar un corner. 4 años y 31 partidos, 27 de ellos victorias, fue la marca magiar. A Hungría le quedó el honor de ser la selección más goleadora en la historia de las fases finales. Un record que aún ostenta.
Un agotadísimo Puskas fue a felicitar a Fritz Walter, el capitán alemán que a partir de ese momento pasó a personificar el espíritu de lucha, sacrificio y superación alemán. Hoy en día, el estadio del Kaiserlautern, ciudad natal y equipo de toda la vida de Walter, lleva su nombre. Las consecuencias que tuvo el resultado para ambos países fueron completamente diferentes. La victoria supuso para los alemanes el punto de partida para su completa recuperación tras los efectos de la guerra. Aquel partido hizo más por Alemania que cualquier plan socioeconómico urdido por burócratas e inició el mito ya legendario del fútbol germano: nunca des el partido por ganado si los tienes en frente. Para ellos, aquella final disputada en la capital suiza se conoce como "El milagro de Berna". Incluso existe una película que cuenta la gesta.
Para Hungría y sus jugadores la cosa fue muy distinta. La derrota fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los ciudadanos húngaros, que se echaron a las calles, lanzando proclamas contra el régimen. Es curioso lo que pueden cambiar las cosas un simple resultado deportivo. Si Hungría hubiese cumplido los pronósticos, ¿se hubiese utilizado el resultado para glosar la grandeza del gobierno? ¿O el pueblo la consideraría el único bálsamo que aliviase su precaria situación?
Aquel sin duda, fue el principio del fin de ese maravilloso equipo al que el primer ministro Rakosy había manipulado y presionado a su antojo. Tras la vuelta a casa, los jugadores tuvieron una "reunión" con los altos mandos políticos del país. Sebes, el hombre que intentaba mentalizar a sus jugadores de que el fútbol era una extensión de la lucha entre socialismo y capitalismo, fue despedido en 1956, cuando su equipo, tras 18 partidos invicto cayó frente a Turquía. Vio como su selección no fue autorizada a defender su titulo olímpico y como el futbol húngaro iba decayendo poco a poco desde su puesto de funcionario.
Grosics, el portero que tuvo un resbalón durante uno de los goles alemanes, fue "trasladado" a otra ciudad forzosamente. En el mismo 1956, las tropas soviéticas tomaron Budapest. Puskas, que jugaba en el Honved viajó a Bilbao para enfrentarse al Athletic en un partido de la Copa de Europa. La ocupación les pilló en nuestro país, algo que él y muchos compañeros aprovecharon para refugiarse en Occidente. Después de 18 meses de exilio austriaco, Puskas fichaba por el Madrid. Gordo, bajito y en baja forma, la antítesis del jugador de fútbol se convertiría en años sucesivos junto a Di Stefano en la mejor pareja de atacantes de la historia del fútbol.
El legado de Hungría para este deporte es incalculable. Precursores del estilo que deslumbró en Suecia ´58 con la Brasil de Pelé, aquel que hizo exclamar al seleccionador de la URSS "lo que vimos no fue fútbol, fue la cosa más hermosa que he visto en mi vida", o del fútbol total que practicó 2 décadas después la selección holandesa conocida como la Naranja Mecánica, los magiares mágicos permanecen como la joya oculta del universo futbolístico. El diamante maldito, extraordinariamente hermoso pero imperfecto que continúa escondido a la espera de que alguien le haga justicia.
servido por nocheenlaciudad
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28 Abril 2006
"Si quieres ganar una carrera, corre 100 metros, si quieres ganar una experiencia, corre una maratón." Emil Zatopek
Tanto mi compañero Flanagan como yo tenemos una breve experiencia en el mundo del atletismo, la suya más prometedora que la mía. Si él era el hijo del viento, yo me quedaba más bien en sobrino, o en primo segundo por parte de padre. Nunca se me dió especialmente bien y como muestra está el tipo de carrera al que mi entrenador me asignó: medio fondo, que equivale a decir que no eres ni muy rápido, ni muy resistente, sino algo indefinido en el medio (o quizá simplemente no lo que yo esperaba).
Para mí la carrera de velocidad pura y la maratón eran (y son) las pruebas reinas de la disciplina, así que cualquier cosa intermedia me resultaba algo decepcionante. A pesar de todo siempre me empleé con dedicación y deportistas legendarios como Paavo Nurmi "el Finlandés Volador" o Emil Zatopek "la Locomotora Humana" se volvieron mis ídolos.
Del atletismo me gusta sobre todo su sencillez y la capacidad que tiene para exigir al que lo practica hasta la última gota de sí mismo. La carrera comienza y sea corta o larga el cuerpo se emplea al máximo, los músculos se exprimen hasta la extenuación, estallas en un despliegue de energía que me imagino que será el mismo que debían sentir los antiguos griegos mientras corrían por las planicies de Maratón. Y no requiere de nada más que la predisposición a hacerlo. En carretera, suelo empedrado o campo a través, cuando el primer ser humano decidió intentar llegar antes que otro a un sitio, nació el atletismo.
Siempre ha sido un reto personal, hasta tal punto que para mí los entrenamientos se volvían pequeñas competiciones olímpicas. Era entonces cuando me venían a la cabeza escenas de muchas películas, "Gallipoli, "Carros de Fuego", "Rocky" y en especial una interpretada por Gene Hackman o James Caan en la que su entrenador le dice algo como: "cuando no puedas más, grita". Y más tarde aparece él a lo lejos, descendiendo una colina al sprint, gritando. Recuerdo que hablaba con mis compañeros sobre eso que los ingleses llaman "second wind", el empuje que te lleva con fuerzas renovadas cuando por lógica ya deberías estar en el suelo, agotado. Muchas formas de decir lo mismo: que al final lo que te mantiene en pie es la simple fuerza de voluntad.
Puede parecer extraño pero durante cada prueba yo tenía mucho tiempo para pensar. Eres tú solo contra el mundo, contra los demás, contra tí mismo en definitiva. Nunca tuve un rival tan duro como mi propio cuerpo pidiéndome que me detuviese, ni nada que tirase más de mi que ver el camino por delante y a los demás sufriendo lo mismo que yo. Había una voz que repetía "puedes hacerlo, puedes hacerlo", incluso cuando las piernas ya eran trozos de madera y te invadían los calambres y las ganas de vomitar. Cuando el aire entrando en tus pulmones te cortaba y el dolor te mareaba dejándote en un estado diferente de consciencia. Entonces apretabas los dientes y seguías.
Si le busco explicación probablemente pueda achacar esta obsesión mía al gusto que siempre he tenido por las historias épicas, que lleven una parte importante de sacrificio. Correr bajo la lluvia, con viento, frío o nieve, rebasando tus propios límites físicos y psicológicos para alcanzar una meta... no hay mejor metáfora de lo que es la vida. Ni mejor forma de conocerse a uno mismo.
servido por nocheenlaciudad
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28 Noviembre 2005
Hay algo que se repite siempre que decido volver a hacer deporte y es esa recomendación que hacen los amigos bienintencionados, medio en broma, medio en serio: "lo que te hace falta es una cinta con la música de Rocky". Creo que ninguna melodía se asocia más con el esfuerzo físico, igual que el "We are the champions" de Queen con el triunfo.
Durante una corta temporada en el instituto practiqué atletismo, de forma bastante frustrante, hay que reconocerlo. Hacía medio fondo, una disciplina que está a caballo entre la explosión de velocidad de las distancias cortas y la épica del sufrimiento de la maratón. En aquella época nuestro entrenamiento consistía en interminables carreras de varios kilómetros lloviera, nevase o hiciese frío. Nadie nos vigilaba en la salida, conocía nuestro recorrido o nos esperaba al regresar, era un esfuerzo anónimo que normalmente sólo te dejaba dos compensaciones: agujetas y ganas de vomitar. Muchas veces imaginé cómo sería hacerlo con público. Un compañero también debía hacerlo, y por eso llevaba "Gonna fly now" en el walkman.
El entrenamiento de Stallone con ese ritmo setentero se ha parodiado una y mil veces, igual que la subida de las escaleras. La "Rocky Run" es tan conocida que en Philadelphia, lugar donde se rodó la película, el lugar exacto en el que el actor levantaba los brazos al final de la escalinata está marcado en el suelo para que los turistas puedan repetirlo. Si algún día viajo hasta allí no me cabe duda de que yo también subiré con las notas de Bill Conti en la cabeza.
"Efecto Rocky" llamo a la sensación que me producen ciertas canciones como ésta o "Eye of the tiger" de la misma saga, dándome un empujón y haciendo de perfecta banda sonora en los momentos en los que hace falta. Podría hacer una recopilación con esa "música para subir la moral". Incluiría "Jump" de Van Halen, "Sunday Bloody Sunday" de U2, "Dwarf It" de Unida... creo que todos tenemos una lista personal.
Me pregunto qué tiene la música, la buena música, para hacernos despertar por dentro y llenarnos de energía. Y también por qué somos incapaces de apretar ese "interruptor mental" voluntariamente para ponernos en marcha ¿lo intentamos realmente? Quizá las notas sonando sean un sustituto del apoyo que nos gustaría tener siempre, de ese estadio con las gradas llenas atronando mientras tú luchas para darlo todo y llegar a la meta.
El "efecto Rocky" es simplemente otra forma de decir eso que ya sabemos: que la mente es la que manda sobre el cuerpo y cuando no podemos más, todavía hay posibilidad de sacar fuerzas de la nada para llegar más lejos.
servido por nocheenlaciudad
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20 Octubre 2005
Periodista: "¿Por qué escalar el Everest?"
George Mallory: "Porque está ahí."
El 29 de mayo de 1953 es el día señalado en todas las enciclopedias del mundo como aquel en el que la cima de la montaña más alta de la Tierra se situó bajo los pies de un ser humano por primera vez en la historia. El honor y la gloria se las repartieron el neozelandés Edmund Hillary y el extraordinario sherpa Tensing Norgay. La leyenda... no. La leyenda tiene reservado su corazón para dos nombres cuya sola mención hace temblar los cimientos de la verdad aceptada: George Mallory y Andrew Irvine.
Que más de 80 años después de su desaparición aún se siga considerando un tema de discusión, así como de interés informativo, si estos dos hombres fallecieron subiendo o bajando del pico del Everest no deja lugar a dudas. Probablemente jamás se averigüe y es posible que toda esta discusión sea estéril. Obsesionados con el éxito, con ser el primero en todo, con ser mejor que los demás, no nos damos cuenta de que el motivo central de todo esto es una nimiedad. Olvidamos la asombrosa hazaña que ya constituye llegar a dónde llegaron, cuando llegaron y cómo lo hicieron. Como siempre, damos más valor a lo que menos importa. El código del alpinismo, que solo dota de valor a la hazaña si se vuelve con vida.
Nacido en 1886, Mallory mostró una pasión desmedida por el montañismo siendo muy joven. A los 19 años entró en Cambridge para estudiar Historia, dedicándose a la enseñanza tras graduarse. Tiempo después, en 1914, se casa y tiene 3 hijos. Su luna de miel, en los Alpes, por supuesto. Durante todo este tiempo continuó practicando el alpinismo, ascendiendo el Mont Blanc en 1911, relación rota por la irrupción de la 1ª Guerra Mundial, durante la que sirvió en el cuerpo de Artillería. Regresó a casa en 1919 después del armisticio.
En la década de los 20, el Himalaya era considerado el tercer polo. Pasada ya la época de los grandes descubrimientos, la cordillera nepalí aparecía como el último obstáculo para el insaciable deseo de conquista del hombre. Mallory, tras abandonar su profesión de maestro, formó parte de las primeras expediciones a la zona, todas ellas británicas, ascendiendo picos menores para obtener información acerca de la geografía de la región. Pero todo intento de conseguir el éxito con el Everest resultó baldío, perdiéndose muchas vidas en ello.
La tercera de esas pioneras expediciones se llevó a cabo en junio de 1924. Mallory, apodado "caballero Galahad" por su carácter y aproximación romántica al alpinismo, consideraba poco deportivo ayudarse con bombonas de oxígeno. Pero vistas las dificultades de lograr su objetivo sin ellas, toma la decisión de acarrear un peso extraordinario. El 6 de junio, acompañado por el técnico en oxígeno Andrew Irvine, de tan sólo 22 años, inicia la ascensión desde el collado norte con la esperanza de llegar a la cima 3 días después. Durante la subida alcanzan a Howard Somervell, que les presta su cámara de fotos al desistir en su intento.
Alrededor del mediodía del 8 de junio, son vistos por el geólogo Noel Odell a unos 600 metros de su meta. La intensa bruma oculta sus figuras poco después. "Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces, toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envuelta en nubes".
Ya no se supo nada más de ellos. Odell acudió sin esperanzas al último campamento base de sus compañeros, donde comprobó que nadie había regresado.
Se especula con que Mallory e Irvine se precipitaron, movidos por la ansiedad y que aquel error les costó la vida. Pero su fin no fue más que el comienzo de la leyenda. ¿LLegaron a pisar la cima? En 1933 se halló el piolet de Irvine a unos 8400 metros, bajo el primer escalón de la arista noroeste. En 1999, una expedición estadounidense encontró el cadáver congelado de Mallory a más de 8000 metros (oscila entre los 8000 y los 8300, depende de la versión). Una etiqueta en la camisa y un paquete de cartas lo indentifican, pero sin pruebas de ADN, las autoridades nepalíes no dan credibilidad al hallazgo. Anteriormente, en 1975, un escalador chino informó haber visto el cuerpo de un escalador inglés cerca de la cima. Al tocarlo, parte de la ropa se desintegró en sus manos, indicando que llevaba allí décadas. Desgraciadamente el alpinista chino falleció descendiendo, sin que se llegara a precisar el lugar en el que vio el cuerpo. Todo el mundo acepta que aquellos restos eran de Andrew Irvine.
La cámara de fotos prestada continúa perdida en la montaña. Expertos de Kodak afirmaron que si ésta era encontrada con película, es muy probable que se consiguiera reproducir imágenes gracias a la naturaleza de la película de blanco y negro usada en la época y al estado de congelación al que ha estado sometida todos estos años. Si fuera hallada algún día, se convertiría en la única posibilidad fiable de dirimir la cuestión. Los dos últimos años sendas expediciones han intentado encontrar nuevas evidencias sin éxito.
Los defensores de la teoría que reclama reconocimiento para Mallory e Irvine aducen lo siguiente: una de las hijas de Mallory siempre ha sostenido que su padre llevaba consigo una foto de su mujer con la intención de dejarla en la cima en caso de alcanzarla. Esa foto no fue encontrada en el cuerpo. Dado el excelente estado de conservación existe la posibilidad de que lograra su deseo y esa foto descanse a 8848 metros de altura. Por otra parte, las gafas de Mallory se encontraban en su bolsillo cuando fue hallado, lo que indica que falleció de noche. Eso lleva a pensar que estaban descendiendo a última hora del día. Teniendo en cuenta dónde y a qué hora fueron vistos por última vez, es muy poco probable que se encontraran fuera del campamento de noche sin haber llegado arriba.
Otros, como Conrad Anker (quien encontró el cuerpo de Mallory), o el mítico Reinhold Messner creen imposible que lograran superar las dificultades técnicas del llamado Segundo Escalón en las condiciones en las que se encontraba en 1924. A pesar de que una expedición china escalara hasta la cima por la ruta de Mallory en 1960 (sufriendo amputaciones de las extremidades), Messner sostiene que "el descubrimiento demuestra lo que siempre sospeché: nunca alcanzaron la cumbre. El Everest sólo podía escalarse entonces por su cara norte a través del pasillo Norton, en el que había fracasado cuatro días antes Edward Norton. Mallory no tomó esa ruta, la única que le habría llevado efectivamente hasta arriba, sino que escogió otra y llegaron al segundo escalón, a 240 metros de la cumbre. Imposible pasar por allí, al menos hasta 1975, cuando se fijaron en ese lugar unas escaleras de aluminio".
Sin embargo, compañeros que le conocieron sostienen que George Mallory superó una dificultad similar en los Alpes suizos, al mismo tiempo que alaban su estilo, al parecer sin parangón por su rapidez, agilidad y poderío. En estos tiempos en los que toneladas de basura se acumulan en las faldas de las montañas que tanto dicen amar quienes las escalan; en los que el impulso aventurero y romántico ha sido sustituido por expediciones patrocinadas por cadenas de televisión; en los que el espíritu deportivo se ha trocado en feroz competitividad con vistas a obtener un beneficio mercantil y lo que impele a muchos profesionales de la montaña es hacer una muesca más en su historial para ser el primero con 14, 15, 16 ochomiles; es gratificante recordar que hubo un tiempo en el que alguien lo empezó todo, movido por el ansia de probar y superar los límites del ser humano. Y recordar que lo importante es lo que hicieron, no lo que se supone que hicieron. Porque Mallory e Irvine abrieron el camino. Yo personalmente me quedo con las palabras de Chris Bonington: "Sí, me encantaría que lo hubieran conseguido, aunque no lo podamos saber".

"Si alguien me pregunta cuál es la utilidad de escalar o de intentar escalar el pico más alto del mundo, debería decirles que ninguna. No se persigue ningún fin científico; simplemente la gratificación de un impulso, el deseo indómito de descubrir lo inexplorado que late en el corazón del hombre. Conquistados los polos norte y sur, la poderosa cumbre del Everest permanece ante los ojos del explorador como la única gran conquista posible" George Mallory
servido por nocheenlaciudad
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10 Septiembre 2005
Hace poco leí en una página web que si Fernando Alonso se hiciese con el triunfo en el Campeonato del Mundo de F1 no sería tanto porque él lo hubiese ganado como porque McLaren y Raikkonen lo hubiesen perdido. A falta de pocas carreras y con la incertidumbre todavía en el aire, reconozco que yo he pensado lo mismo. Da la impresión de que se va a llevar el título un buen piloto, pero que hoy en día corre con un coche inferior y una actitud conservadora.
Hoy por hoy McLaren es evidentemente superior a Renault, sus monoplazas son más rápidos y la fiabilidad que se echaba en falta a principios de temporada ha llegado por fin. La marca francesa por el contrario tuvo un arranque espectacular pero la evolución de sus motores se estancó, quedando relegados al papel de eterno segundo, que no habría bastado para lograr la victoria final si no hubiese sido por esas primeras carreras magistrales de Alonso.
No hay que quitarle mérito al trabajo del piloto asturiano, ha jugado bien sus cartas y ha rentabilizado los podios, con una trayectoria regular, buena estrategia y un plan global inteligente. En esta temporada ha logrado más que cualquier otro piloto español de la historia. No es que piense que Raikkonen es mejor que él, pero en la combinación hombre-máquina, el finlandés está ganando claramente.
Supongo que como aficionado uno nunca está contento: recuerdo cuando corrían Gené y De la Rosa y puntuar ya era un triunfo que celebrábamos como si hubiesen llegado al podio. Ahora que Alonso se sube al cajón cada dos por tres, la crítica es que debería ganar con más claridad. Realmente no es justo porque se generan unas expectativas que no se corresponden con lo que ha sido este deporte durante años para nuestros pilotos. Cuando los éxitos se acumulan es difícil mantener la perspectiva y darse cuenta de que hace dos o tres años esto era impensable.
¿Queremos un nuevo Schumacher que lo gane todo sin dar opciones a los demás? Y por extensión, que haga que el campeonato se vuelva aburrido, como ocurrió el año pasado. Puede que me gustase ver más superioridad por parte de Alonso en su pugna con Raikkonen, pero no cabe duda de que las carreras que estamos viviendo dejan buen sabor de boca. Sea cual sea el resultado a final de año, habremos disfrutado y habrá vuelto algo de la épica de este deporte... y eso independientemente de quién se lleve la corona, son buenas noticias.
servido por nocheenlaciudad
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3 Septiembre 2005
En mi casa siempre tuvimos en una estantería del salón un libro encuadernado en amarillo (creo), titulado "El Más Grande: Muhammad Ali, Mi Propia Historia". Cuando era niño no sabía quién era Ali y nunca me decidí a abrirlo para averiguarlo, probablemente porque las biografías no me entusiasmaban. Con el paso de los años fui descubriendo su historia y me gustó ese aura de campeón rebelde que sigue conservando aún hoy.
Dos anécdotas que recordaré siempre sobre él son la de sus charlas a los medios: "Ayer maté a una montaña" y la foto de su puño a escala real en un anuario de Time o Newsweek. El pie decía "nadie resiste la tentación de comparar su puño con el de Ali" y evidentemente yo tampoco pude... sólo para descubrir que era literalmente el doble de grande que el mío. No quise imaginar cómo sería recibir un golpe de esa maza.
Conocía algunas luces y sombras de la vida de Ali y la verdad es que ni sus problemas familiares ni su negativa a ir a Vietnam, fuese motivada por el miedo o no, habían empañado para mí el mito. Fue después de un reportaje sobre el enfrentamiento que tuvo con Joe Frazier cuando me dí cuenta de que a los ídolos hay que ponerlos en su sitio si uno no quiere llevarse un chasco al descubrir que son personas de carne y hueso.
La rivalidad entre Frazier y Ali se gestó de forma natural, ambos eran grandes boxeadores con ganas de llegar a lo más alto, así que tenían que chocar antes o después. La arrogancia de Ali y sus incendiarias declaraciones ante los medios de comunicación favorecieron un antagonismo que terminó siendo más que deportivo.
Pero aunque parezca extraño, la historia de estos dos grandes del ring también tuvo su parte de camaradería. Frazier ayudó a Ali en la época en la que éste fue desposeido de su título mundial y retirado del boxeo por negarse a luchar en Vietnam. Organizó combates de demostración con él y le ayudó económicamente en un momento en el que el público estaba dispuesto a tacharle de traidor y olvidarle. Si lo hizo por verdadera amistad o para poder luchar en igualdad de condiciones con el que fue el más grande de sus rivales, sólo él lo sabe.
Lo único cierto es que Ali no le correspondió de la misma forma cuando todo volvió a la normalidad. En las semanas previas al que sería su tercer y último combate, "The Thrilla in Manila", se dedicó a humillarle públicamente llamándole bruto, gorila, amigo de los blancos o "tio Tom". La repercusión entre la comunidad negra fue tal que Frazier fue amenazado de muerte y sus hijos tuvieron que ir escoltados al colegio por temor a una agresión.
Quizá por ese trato tan injusto, comprensible en alguien tan apegado a los medios de comunicación y al brillo de los focos como Ali, un Frazier rabioso entrenó como nunca para la pelea. Estaba decidido a resarcirse y vaya si lo consiguió.
Lo que iba a ser un paseo para el campeón resultó un castigo terrible. Espoleado por las ganas de hacerle tragar sus palabras y demostrar que para nada estaba acabado, Frazier resistió todo lo que Ali pudo lanzarle y le machacó sin piedad. Ni siquiera cuando un corte en una ceja le dejó prácticamente ciego se retiró. Tras catorce asaltos agotadores, tuvo que ser su entrenador el que le impidiese seguir, temiendo por su vida. Ali, roto por el cansancio, reconoció en la rueda de prensa posterior que había sido su mejor contrincante y que el combate fue "lo más cerca que había estado nunca de la muerte" . Y en ese momento Joe Frazier fue un poco más grande, y Muhammad Ali un poco más pequeño.
servido por nocheenlaciudad
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