Categoría: Curiosidades
14 Marzo 2007
Uno nunca sabe lo que le puede deparar una mañana en apariencia anodina. Las "interconexiones metafísicas", como llama mi querida amiga E. a esas casualidades que conectan unas referencias con otras y a unas personas con otras están ahí, agazapadas esperando su momento para sorprendernos. Muchas veces no nos damos cuenta de ellas o las pasamos de largo; otras te golpean (en el buen sentido) y se te quedan grabadas para siempre, aunque desde cierto punto de vista sean una chorrada.
Como cinéfilo impenitente que soy tengo por desgracia una lista de películas malditas, aquellas que se escapan a mi afán recolector. Ya sea porque no me entero cuándo las dan por televisión, porque mi video se declara en huelga o porque aún no han sido editadas en dvd, hay una serie de films que siempre me han sido esquivos. Uno de ellos es "El coleccionista", de William Wyler, película seminal, copiada hasta la saciedad hoy en día, que cuenta la historia del secuestro de una estudiante universitaria por parte de un solitario funcionario. Cuando tuve la oportunidad de verla hace ya muchos años me dejó una de esas huellas que solo un puñado de películas son capaces de dejar. Desde entonces he ido tras ella cual sabueso olisqueando sus pasos videográficos. Descatalogada en vhs desde que los dinosaurios dominaban la tierra, en formato dvd no conoce edición en nuestra zona. En países como Estados Unidos si cuenta con una edición digital aunque según tengo entendido deja mucho que desear.
Mi espera se convirtió en alegría cuando descubrí que el pasado sábado La2 la emitiría a las 10 de la noche. Al fin en mis manos, pequeña. Como no iba a estar en casa programé el video deseando que pasaran las horas para poder verla lo antes posible, tales eran las ganas que tenía de volver a mantener los ojos bien abiertos comprobando como Samantha Eggar trata de zafarse de Terence Stamp. Pero mi magnetoscopio es un ser impredecible, empeñado en demostrar su suficiencia, un ente testarudo y mamonazo que reivindica su libre albedrío cómo y cuando le da la gana. Así que a pesar de comprobar hasta 5 veces que los datos de la programación eran los correctos, acabó registrando un interminable telefilm emitido por otra cadena. Me cagué en todos sus circuitos, pero de nada me sirvió desahogarme.
Al comentar lo que había pasado con una amiga, esta me facilitó el link a una página de la wikipedia dedicada a la obra de Wyler, donde me enteré que está basada en una novela de John Fowles, autor también de obras como "Aristos", "La mujer del teniente francés" y "El mago", estas últimas también llevadas al cine. En concreto la historia de "El mago" me llamó la atención ya que en su día supuso un enome fracaso comercial a pesar de contar como protagonistas con Michael Caine y Anthony Quinn. De hecho el propio Caine declaró en una ocasión que esa era la peor película de toda su carrera (y anda que no ha rodado mierdas este hombre), y hasta Woody Allen proporcionó uno de sus memorables chascarrillos cuando dijo que de haber nacido de nuevo habría hecho con su vida exactamente lo mismo excepto ver "El mago".
Así que ni corto ni perezoso acudí al imdb en busca de información de dicha adaptación cinematográfica y mientras llamaba malandrina por enésima vez a mi amiga me encuentro con un miembro del reparto de la película llamado así. No me lo puedo creer, la mandíbula se me desencaja, no por el hecho de que la palabra malandrín sea una de las que más pronuncio (a Roberto le tengo asado, el pobre...) sino por el descubrimiento de un nuevo y apoteósico nombre solo imaginable quizás por la mente de algún chiquillo. Aquellos que se sorprendan de mi reacción deberían echar un vistazo a uno de nuestros primeros posts, en el que dejaba bien claro mi devoción por los nombres imposibles.
Ante semejante descubrimiento no puedo dejar de echar un vistazo a la filmografía de este tal Malandrinos, actor de longeva carrera al parecer siempre como secundario o más bien terciario. Mientras lo hago, me pongo a escuchar el adelanto del nuevo disco de Marc Ford, antiguo guitarrista de los Black Crowes al que también dediqué un post en su día mostrando mi admiración por él. Me deleito con las nuevas canciones de este excepcional guitarrista cuando mi mirada se detiene en la obra número 27 que el imdb atribuye a Andreas Malandrinos: su personaje en la misma se llama George Drakoulis. Esto ya es demasiado, rizar el rizo de lo improbable. George Drakoulias es el nombre de uno de los mejores productores musicales de la actualidad, el hombre tras los controles en los dos primeros discos de los Black Crowes. Aquí tenéis sus créditos.
Y así, de una manera que para algunos resultará bobalicona, una mañana que se prometía gris se convierte en un dislate de conexiones simpáticas de las que a uno le alegran la vida y le arrancan varias carcajadas. Antes de que se me agotaran los lacrimales de la jartá a reir, no pude evitar apropiarme del nombre de otro de los personajes que interpretó este hombre en su larga carrera, con el que he titulado este post. Qué gran nick, a fe mía. They call me Guido d´Elvira, baby.
servido por nocheenlaciudad
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4 Julio 2006
PARTE I: Colada atómica o usos que no se deben dar nunca a una lavadora.
FLANAGAN: (Saliendo de una habitación con la ropa completamente manchada de pintura azul). Cariño, ¿tú crees que podemos lavar esto? No es que lo vaya a utilizar para acudir a una recepción en la embajada pero no me gustaría tirarlo.
CHICA DE LA PLAYA: Bueeeeno.... Algo se puede intentar, Papá Pitufo. Ya te dije que te pusieras algo andrajoso y prescindible pero noooooo, mi niño tiene que lucir palmito hasta pintando.
FLANAGAN: Cariño, si es un chandal...
CHICA DE LA PLAYA: Mñmñmñmñ...
DOS HORAS MÁS TARDE.
FLANAGAN: (Sentado en la cocina). ¿De dónde viene ese calorcito?
CHICA DE LA PLAYA: ¿A qué te refieres?
FLANAGAN: Mmmmm, tenemos una fuente de calor no identificada. En serio, tengo las pantorrillas bien calentitas.
CHICA DE LA PLAYA: ¡¡Ay Dios mio!! ¡¡Qué he puesto la colada a 90 grados!!
UNA HORA MÁS TARDE
CHICA DE LA PLAYA: (Abriendo la lavadora). Cariño, no creo que te vuelvas a poner estos pantalones nunca más. (Muestra un amasijo de tela pegada a la pintura).
FLANAGAN: ¿¿Y esto qué es??
CHICA DE LA PLAYA: Eran unas bragas.
FLANAGAN: Vaya, creí estar más familiarizado con tu ropa interior.
CHICA DE LA PLAYA: Salidorro...
FLANAGAN: Aaaaah, es que se han fusionado con un paño de cocina formando un ente... Parece el bichejo que les hacía la vida imposible a Kurt Russell y sus coleguillas en "La cosa". Emmmm, ¿este camisón tuyo no era rosa?
CHICA DE LA PLAYA: ¡¡MIERDA!! Jo, me gustaba... Lo voy a relavar.
FLANAGAN: Cariño, todos queríamos a tu entrañable camisón, pero por mucho que lo laves jamás recuperará su color original. Hay que ser fuertes y seguir adelante... ¡¡Eh!! Los calcetines han sobrevivido. Ya podemos decir que los calcetines son las cucarachas del vestuario, en un ataque nuclear siempre sobrevivirían.
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PARTE II: Huevo en la freidora o cómo no cocinar con prisa.
FLANAGAN: (Por teléfono). ¿Vas a venir a comer a tu casa o hoy comes fuera?
CHICA DE LA PLAYA: Voy a casa. ¿Pues? ¿Te has quedado esperándome?
FLANAGAN: Sí, como luego tengo que hacer un recado...
CHICA DE LA PLAYA: ¡¡Eres un solete!!
FLANAGAN: ¿Qué te apetece, algo de pasta?
CHICA DE LA PLAYA: Mmmm, sí.
FLANAGAN: Te la voy preparando para que esté lista cuando llegues.
CHICA DE LA PLAYA: ¿Vas a cocinar para mí? Oooyyyyy, qué majo.
FLANAGAN: ¿Estás loca? Te quiero cariño y que sea por muchos años. Pero me acompaña un cocinero fantástico llamado Ondas, Micro Ondas, que te va a preparar una lasaña de verduras que te vas a chupar los dedos.
20 MINUTOS MÁS TARDE.
FLANAGAN: ¿Qué más te apetece?
CHICA DE LA PLAYA: No se, tiremos de freidora y hagamos unas patatas fritas y... ¿te apetecen unos huevos?
FLANAGAN: Vale, no tenemos mucho tiempo...
OTROS 20 MINUTOS...
CHICA DE LA PLAYA: (Tras preparar las patatas la freidora se encuentra sobre la tapa de los fogones. En una milésima de segundo comprueba la situación y desestima apartar la freidora, quitar la tapa, sacar la sartén, llenarla de aceite y echar el huevo, que finalmente parte y arroja a la freidora). Hala, rapidito.
FLANAGAN: ¡¡¿¿Qué haces??!!
CHICA DE LA PLAYA: Freir un huevo en una freidora, que para algo está.
FLANAGAN: Errr, cariño, ¿tu ves que ese fondo sea liso?
CHICA DE LA PLAYA: (Mientras el huevo se desliza por la rejilla) ¡¡Mierda!!
FLANAGAN: Bwahahahahaha.
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PARTE III: Regalos o cómo no sorprender a Flanagan.
CHICA DE LA PLAYA: No se qué regalarte por tu cumple. Bueno, la verdad es que sí. Se me ocurren muchas cosas, tengo muchas ideas pero necesitaría otros 3 sueldos para llevarlas a cabo.
FLANAGAN: No pasa nada. Ya sabes que no andamos muy sobrados y necesitas el dinero para cosas más importantes.
CHICA DE LA PLAYA: Ya lo se, pero es nuestro primer cumpleaños juntos y me fastidia andar así.
FLANAGAN: Con que hagamos algo tú y yo juntos me basta, no necesito más.
VARIOS DÍAS DESPUÉS.
CHICA DE LA PLAYA: ¡¡Tengo una sorpresa, tengo una sorpresa!! Te he comprado una cosa. Tu no sabes qué es y yo sí, jejeje. Chincha rabiña....
FLANAGAN: Al final te has salido con la tuya. Si te dije que no gastaras mujer, que no pasaba nada.
CHICA DE LA PLAYA: Yo a mi niño no le dejo sin regalo, con lo que le gustan las sorpresas.
FLANAGAN: Es verdad. Eres.... SMUACK.
CHICA DE LA PLAYA: No lo vas a adivinar nunca. Cuando lo he visto he dicho "este es el regalo perfecto". Iba yo con la idea de comprarte una pantera rosa de peluche pero me he topado con eso en un escaparate y no he podido resistirme. ¡¡Es enorme!! Vas a flipar.
FLANAGAN: ¿Enorme? A ver si vamos a tener que anexionar forzosamente el piso del vecino por problemas de espacio.
CHICA DE LA PLAYA: Te va a encantar. Qué, ¿no intentas adivinar? Jejeje, no lo adivinas ni de coña.
FLANAGAN: Un muñeco.
CHICA DE LA PLAYA: 0_o ¡¿Cómo...?!
FLANAGAN: Tú me lo has dicho.
CHICA DE LA PLAYA: ¿Cómo que yo te lo he dicho?
FLANAGAN: "Iba yo con la idea de comprarte una pantera rosa..." He deducido que al ir a la tienda has visto otro peluche en el escaparate que te ha gustado más.
CHICA DE LA PLAYA: Mecachis...
FLANAGAN: Oye, no haber preguntado.
CHICA DE LA PLAYA: Bueno, pero ni en mil años adivinarás de quién es el muñeco.
FLANAGAN: De Triki.
CHICA DE LA PLAYA: ¬_¬ Eres un......
FLANAGAN: (Con gesto hierático pero partiéndose de la risa por dentro). Y eso que hoy tengo la bola de cristal en el abrillantador que si no....
CHICA DE LA PLAYA: ¿Pues sabes lo que te digo? ¡¡Qué también te he comprado otra cosa!!
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¡¡Adoro estos momentos!!
servido por nocheenlaciudad
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20 Junio 2006

Mmmm, después de una buena dosis de lectura me ha entrado el apetito. Además de la mente hay que alimentar el estómago.

¿Probamos una dieta nueva? No, creo que no me convence. Lo intentaré con otra cosa.

Greaaagh, me temo que esto no me va a sentar muy bien.

¿Y si me pongo a cocinar?

Algo en lo que sea todo un experto, más que un catedrático. Piensa, piensa...

¡¡Ajá!! GALLETAAAAAAAS.

Diferentes sabores y tamaños, mmmmm.....

Habrá que acompañarlas con algo, digo yo.

Grompfs, ñiamfs, glumpfs, slurp... Esa rana no sabe lo que se pierde. GALLETAAAAAAAAAAAS.
servido por nocheenlaciudad
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8 Febrero 2006
Lo tengo ahí, sobre una montaña de libros pendientes de leer. Con su tamaño perfecto, su tapa de piel negra, la tira de goma que lo mantiene perfectamente cerrado... . Es el Moleskine que me regaló mi novia el año pasado, que de tan bonito todavía no me he decidido a empezarlo. Podría pensar "un cuaderno es sólo un cuaderno". Con la cantidad de ellos que he llenado ya sin pestañear. Pero éste tiene algo especial.
La leyenda de los Moleskine comienza su etapa moderna probablemente con Bruce Chatwin, el viajero y escritor inglés, que compraba remesas de ellos en una tienda de París y los usaba para tomar las notas que luego se convertirían en sus libros. Es el autor de la célebre frase: "Perder el pasaporte era la menor de mis preocupaciones, perder un cuaderno, una catástrofe". Cuando ya no pudo conseguir más, tras la muerte de su fiel librero francés, parecía que la dinastía estaba a punto de terminar. Pero la apasionada defensa que hizo de su uso en sus obras provocó que alguien se decidiese a volver a fabricarlos, en un formato lo más parecido posible al original.
Es casi imposible saber si realmente Matisse, Van Gogh, Picasso o Hemingway los usaron, como se cuenta tradicionalmente, pero es fácil imaginar a estos artistas inclinados sobre sus cuadernos de viaje (ya sean éstos u otros) para dejar constancia de sus ideas. Entre sus usuarios más recientes se encuentran nuestra querida Amélie, el Dr. Jones en "Indiana Jones y la Última Cruzada" o el el escritor Neil Gaiman, que lo comenta explícitamente en su weblog (aunque no todo el mundo puede irse a Venecia a por el suyo).
Lo cierto es que sigue hablándose de él en ciertos círculos y hasta existen unas normas básicas, casi un ritual, relacionado con su uso: lo más importante, utilizar siempre lápiz (aunque hay quien pinta y dibuja con todo tipo de materiales en ellos). Chatwin además recomendaba numerar las páginas y él, fiel a su espíritu paranoico, anotaba su dirección en la primera con la promesa de una recompensa al que lo devolviese si se extraviaba.
Supongo que asociar un objeto concreto con el arte de escribir o la creatividad tiene mucho de mitomanía. Pasa lo mismo que con el ajenjo, las tertulias en una cafetería determinada o el modelo de la máquina de escribir de Arthur Miller. Seguir los pasos de los maestros no nos garantiza el éxito, pero da una mayor seguridad. Parece que pensemos que todo lo que sirva para atraer la inspiración e invocar a las musas, bienvenido sea.
Uno llega a ver al cuaderno con un aura especial, como si poseyéndolo parte del talento de todos sus usuarios anteriores pudiese traspasarse a nuestras propias palabras. De ilusión también se vive. A mí en particular me está costando empezarlo y todavía no tengo claro con qué lo quiero llenar, como si mis habituales trivialidades (que no lo son, pero tras esas tapas negras me lo parecen) estuviesen fuera de lugar. En un soporte así, todo tiene que tener un sentido especial.
Con los lápices afilados, sólo queda perderle un poco el respeto y estrenarlo, de la mejor forma posible pero sin obsesiones. Si mi novia me lo regaló no lo hizo para que se convirtiese en una pieza de museo, creo yo. Me gustaría ser capaz de olvidarme de mis prejuicios y llenarlo de recortes, fotos, fragmentos de cosas, lo que se me ocurra en el momento. Pero si una página en blanco ya suele dar pánico, una con esta solera, sea real o ficticia, lo da doblemente.
servido por nocheenlaciudad
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27 Octubre 2005
Cuando era pequeño (más bien minúsculo, nunca he dejado de ser pequeño) nuestra casa estaba protegida de las inclemencias de la caprichosa meteorología por unas raquíticas ventanas. En una noche lluviosa y con viento, las persianas interpretaban durante horas la suite nº 1 de su repetitivo repertorio y mi pobre hermana era sepultada bajo toneladas de mantas... y seguía pasando frío. A la mañana siguiente mis padres debían ayudarse de un mapa para encontrarla. Por suerte nunca sufrimos bajas (temperaturas sí, árticas).
Años después mi familia pudo permitirse el lujo de poner contraventanas. ¡Qué adelanto de la ciencia nos parecía entonces! Hoy en día, cualquiera de esos engendros con megasuperultrapowerclimalit no sólo te resguarda del mal tiempo, sino que, si hace falta, hasta de un ataque nuclear. Así uno no puede discutir a gusto, porque sin que se entere de la movida el vecino del bloque de enfrente y no pueda aportar su punto de vista, no es lo mismo.
Posteriormente mi padre sufrió un ataque agudo de chimenitis y, como se aburría, se puso a tirar paredes aquí y allá (lo que le gusta hacer agujeros por toda la casa al hombre) para hacer sitio a un monstruo del averno que, eso sí, tiraba que era un primor. Tras deforestar gran parte de la Amazonia para alimentar a la insaciable nueva inquilina instalada en nuestro salón, pudimos jubilar a la estufa, única estufa, por cuyo eléctrico y cálido abrazo nos habíamos peleado todas las navidades. Desgraciadamente, un pequeño percance en el que se quemó el revestimiento del tubo, por el que estuvimos a punto de convertir nuestro bloque en una gran barbacoa, nos hizo plantearnos nuevas formas de generación de calor hogareño. O eso o aguantar las muecas de disgusto de nuestros vecinos.
Así estuvimos hasta que un buen y sagrado día, el cielo se abrió para nosotros, un rayo de sol atravesó la atmósfera (no se cómo pueden traspasar la capa de mierda y contaminación), proyectándose directamente sobre la insigne calva paterna, provocando que en un milisegundo exclamase: "¡Hay que instalar calefacción de gas natural!" Ooooh, patrón de las causas perdidas y de las almas desamparadas (y frías), has escuchado nuestras plegarias. Loado seas.
Aquella maravillosa sensación de dar una patada a las bombonas de butano (iluso de mí, me fracturé tres metatarsianos); de no tener que asomarnos nunca más por la ventana para gritar como una verdulera: butaaaanoooooo; de poder ducharse siempre con agua calentita, hirviente, escaldante... siiiiii. De nuevo, iluso de mí. Nuestra caldera debe ser la más independiente de la historia. Con esto quiero decir que funciona cuando quiere, se enciende cuando le sale de los... gases. Si un día no le apetece trabajar, llamas a los ZAZ y que rueden "Friega como puedas".
En estas estábamos cuando ayer mismo la calva anteriormente citada sufrió en sus carnes los efectos del "buen" humor de la caldera. Como estamos acostumbrados a sus antojos, esperamos hasta después de comer para comprobar si se había apiadado de nosotros. Craso error. Lo peor de todo es que expresó su disgusto ante nuestra insistencia con una explosión. Pensamos que Bagdad se había trasladado a nuestra cocina. La llamada de turno al servicio técnico sirvió para que el rostro de mi padre adquiriera una tonalidad acorde con la obtenida por la despejada parte superior de su cabeza esa misma mañana. Tranquilidad, relajación, paz interior, inspira... expira... HIJOSDE... OS VOY A... INMEDIATAMENTE!!!
Tal colección de exabruptos valieron para que el encargado de las salidas a domicilio (cómo suena eso...) nos llamara una hora después, excusándose, asegurando que esa tarde estaba liadísimo y que vendría a la mañana siguiente. Perfecto, yo con una cita y este mamón dando largas. Bueno Javitxu, ármate de valor. Con dos cojones, por pequeños que se te queden. O eso o aparecer hecho un abominable hombre de las nieves con lo que tus posibilidades de éxito se reducen a... qué leches, no tendrías ninguna. Reconócelo.
Armado con mis botes de gel y champú, giré el grifo y a los 5 segundos ya me había acordado de Katharine Hepburn, sus diarias duchas frías y toda su familia, especialmente de su madre, a quien no tengo el placer de haber conocido. Mis brazos se movían como revolucionadas aspas de un histérico molino. En esa bañera había trozos de hielo en los que podría chocar el Titanic. Incluso podía ver a Kate Winslet flotando en mi pastilla de jabón y a Di Caprio perdiéndose por el desagüe. El cerebro se me congeló, olvidando la única idea buena que tuve en todo el día que era... Acabé cagándome en todas las cosas que se supone nos hacen la vida más fácil (ya conté mi experiencia con los cortes de agua y el portero automático).
Salté de la ducha pensando que si salía tan azul al pasillo Gargamel podría estar esperándome para meterme en una cazuela, con el resto de pitufos. Ahora sabía lo que sentía John Rambo cuando le enchufaban con la manguera en "Acorralado", la sensación de que tus testículos hacen un sprint en dirección a tu nuez huyendo del frío, batiendo el record de cualquier atleta dopado. Tenía la piel tan de gallina que temí que me considerasen un caso de gripe aviar y que en cualquier momento un grupo de científicos con trajes especiales derribasen la puerta de mi casa y me tratasen como un caso clínico.
Me sequé y vestí a velocidad supersónica. Ni siquiera recuerdo si me coloqué los gallumbos del derecho o del revés. Hasta me puse una camisa encima sin darme cuenta de la temperatura veraniega que reinaba en la calle. Así pasé de un frío helador a un calor sofocante sin comerlo ni beberlo. Con la reactivación de la circulación sanguínea parecía un yonki con sobredosis de cafeína. Afortunadamente toda cosa mala tiene su compensación, un reverso bueno. Y yo encontré en mi cita la comprensión necesaria para devolver a mi cuerpo la temperatura adecuada y natural. Bendita seas por hacer que todo merezca la pena. Hasta la cría de pingüinos en mi aseo. Un saludo para todos.
servido por nocheenlaciudad
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8 Septiembre 2005
Esta tarde, a las 3 y 1/2, sonaba el timbre de nuestra puerta. Abrió mi madre. Era el administrador del bloque.
- "¿Tenéis agua?"
- "Hombre... buenas tardes y todo eso... que si tenemos agua... Pues hasta hace 5 minutos sí. Pero como supongo que esto no es una visita de cortesía, espera un momentito que lo miro."
Mi madre se dirige a la cocina y comprueba que el administrador no está bebido. Ha subido hasta el 7º por algo.
- "Pues vaya, no hay agua.."
El administrador masculla algo sobre unos cabr... hijosde... que le están tocando los coj... Intuimos que como siempre, los de la obra (nunca son los mismos, pero siempre hay alguien en obras y nos parecen todos iguales), intentando excavar un tunel hasta Australia se han cargado alguna tubería. Es lo que tiene ver demasiadas veces "La gran evasión".
El administrador se despide asegurando que intentará arreglar el problema lo antes posible. Más de dos horas después suena el telefonillo. Allá voy, incauto de mí.
- "¿Quién es? Joder no se oye nada... ¿sí? ¿quién es? Pues nada..."
Cuando ya me he alejado lo suficiente como para que volver joda un poquito, el telefonillo suena de nuevo. Insistentemente. MUY INSISTENTEMENTE.
- "Joder, qué pesado. ¿Quién es? No oigo nada, como seas uno de los monstruitos del bloque de enfrente te voy a sacar el higadillo y se lo voy a dar de comer a los perros."
No hay contestación, al menos audible para un oído humano sano y en perfecto estado de facultades. Por si acaso, yo me curo en salud y le abro.
RRRRING RRRING RRRING REQUETERRRRRING
- "Me cago en todos sus muertos y los que les seguirán... "¿SIIIIIIIII?" Silencio absoluto. "Que te den".
Vuelvo a mi teclado, a charlar con mi compañero de blog, salvaguarda de mi cordura. Y suena el timbre de la puerta. Cualquier tonalidad parecida al color de la piel desaparece de mi rostro. Abro la puerta. Don Administrador me mira desde su metro ochenta fulminándome con los ojos.
- "¿Por qué cojones no me contestas, a qué venía todo eso?"
Glups.
- "Errr, lo siento pero no oigo nada. No sabía si el telefonillo está más acabado que la Piquer o me estaban tomando el pelo. En serio, no oía absolutamente nada".
El buen hombre me cree.
- "Bueno, solo quería preguntarte si ya tienes agua."
- "Ahora lo miro... Pues va a ser que no."
El administrador vuelve a mascullar improperios varios, irrepoducibles para gente sensible, cagándose en la madre que parió a los fontaneros y a los listillos que "arreglaron" el portero automático. Asegura de nuevo que lo arreglará lo antes posible.
Dos minutos después llaman a la puerta. ¿Será que quiere algo más que hablar de averías? Ayayay. Ummm, pues es el fontanero, que parace más joven que Bart Simpson.
- "Hola, vengo a comprobar si tenéis agua."
- "Pues no, no nos ha llegado todavía."
- "¿Seguro?"
- "Hombre, transparente es, pero no invisible."
El chico no se fía. Como buen científico, no da crédito a lo que no ha experimentado en primera persona. Abre el grifo. La decepción le cubre el semblante.
- "¿Habéis tocado la llave de paso?"
- "No."
- "¿Seguro?"
Vaya por Dios, este tio me ha visto cara de Mario Conde o De la Rosa. Mientras tanto, manipula una llave, que unicamente afecta a la lavadora. A la izquierda, a la derecha y para todos los lados.
- "Errr, esa no es la llave del paso. La llave general está detrás del frigorífico y te aseguro que no la hemos tocado."
El muchacho mira hacia la nevera, comprueba que está en su sitio (o lo supone) y tras asegurarse de que el monte Rushmore de los frigoríficos no se mueve alegremente, me cree.
Hace una llamada por teléfono. Quizás esté dando unas coordenadas para bombardear nuestro piso. Así se quitan el problema de encima fácilmente. Me tranquilizo al pensar que no es muy probale que tenga parentesco con los Bush. Cuelga el móvil. Y se pira. Simpático.
Pasan otros dos minutos y vuelve a sonar el timbre. El agradable fontanero infantil. Esta vez ya sabe dónde está la cocina, no hace falta preguntar. Si total, no tenemos agua, ¿para qué malgastar saliva? Podría morir de deshidratación. Y que me encuentren con el cadáver de un jovenzuelo en el suelo de la cocina no entra dentro de mis mejores planes. Su mano se posa sobre el grifo. El espacio/tiempo se congela, todo parece suceder a cámara superlenta. Lo retransmite el plus y lo narra Michael Robinson.
- "Es dicifil hacer un prosnótico."
Suena la música de 2001, la de la escena de los monos. Tacháaaaaaaaaan. El líquido elemento mana del amigo Roca. ¡¡Milagro!! ¡¡He visto la luz hermanos, antes pequé, pero ahora me han enseñado el camino!!
El gesto del fontanero cambia como de la noche al día. Ha hecho bien su trabajo. Su jefe ya no le tomará más el pelo y las aguas vuelven a su cauce. Bien.
- "Todo solucionado."
- "Bien, gracias, hasta luego."
Y veo como el mago zahorí se aleja desgarradoramente de mi vida, que diría Lisa Simpson. Yo, por mi parte, devuelvo mi trasero a la silla de mi cuarto, dónde mi fiel compañero de blog ya no sabe si estaba hablando conmigo o lo había soñado. Y retomo como puedo la conversación con el agradable sonido de fondo de las cisternas llenándose del agua que se llevará la mierda. ¿Será suficiente esta vez? Aaaah, qué sería de la vida sin estos imprevistos...
servido por nocheenlaciudad
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9 Junio 2005
Si hay algo en lo que nos parecemos los seres humanos, más allá de razas, religiones o estratos sociales, es que todos tenemos un nombre. Éste, al igual que la familia, no podemos escogerlo. Venimos con el de fábrica. Hay gente que en la edad adulta desafía el buen gusto de sus progenitores y se lo cambia. Pero esos casos no se dan asiduamente. La mayoría de mortales aceptamos con resignación la decisión de nuestros padres.
Y es que un nombre tiene su importancia. Obviamente, no define nuestra personalidad o carácter, pero ejerce cierto influjo en la mente de las personas. Todos hemos presenciado situaciones en la que un amigo o conocido soltaba una frase tipo: "todos los Federicos que he conocido son unos...." o "no me caen bien las Marisas". Por favor, que no se me ofendan los portadores de estos nombres, son meros ejemplos.
De máxima importancia a la hora de bautizar a un recién nacido es comprobar la compatibilidad con el apellido. ¿Os acordais de los chistes acerca de Armando Casitas o de Mestoica Gando? No recuerdo casos similares en la vida real, pero es posible que me falle la memoria. Aunque apuesto a que más de uno conoceréis a alguien que responda por Fernando Fernández Fernández o algo parecido.
Yo siempre he tenido fijación por los nombres o apellidos rocambolescos, llamativos, de sonoridad rotunda. Esos que por complicados que sean se te quedan grabados en la memoria como si fueran grandes acontecimientos. No puedo evitarlo. Así, si creara una posible lista de nombres inolvidables, los primeros puestos los ocuparían el actor Fortunio Bonanova (quien dude de su existencia, que visite el imdb) y el diplomático Porfirio Rubirosa. Arrea. Indeleble en mis recuerdos, mi ex-compañero de instituto Dante Maximiliano Guz Granowski, al que asábamos con aquello de "Dante la vuelta, que te estoy hablando!".... aquellos maravillosos años.
El deporte es una fuente inagotable, una mina. Futbolistas (Piturka, Mirko Votava, Vierchowood) los hay a centenares. Aquella selección soviética que acudió al mundial de España ´82, el de Naranjito, con jugadores como Darashelia, Shuladvelidze o Demianenko. Y sin duda el baloncesto, con mis queridos amigos de Europa del este. Los lituanos, Sarunas Marciulionis (pedazo de jugador, un fuera de serie), Valdemaras Homicius, Sergei Iovaisha, Rimas Kurtinaitis.... música para mis oidos. Hasta el entrenador español Javier Imbroda fue rebautizado como Javieras Imbrodas durante su estancia en el staff de Lituania como técnico ayudante.
La palma de oro en esta disciplina se la lleva un norteamericano, ex-NBA. Uno de los grandes tiradores de su época, los años 70-80, un mozalbete al que sus padres bautizaron como World B. Su apellido era Free. ¡¡Mundo se libre!! Qué poético. El muchacho quiso liberarse tanto que no conocía la disciplina de equipo y tiraba a canasta hasta la camisa y los calzones.
Ayyy, ya no hay nombres como aquellos. Si alguno de vosotros recuerda alguno que merezca entrar en un panteón, por favor, que me lo haga saber. Gente tan extraordinaria merece un altar. Y no bromeo.
servido por nocheenlaciudad
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