Jean Simmons

A tu salud.
31 Enero 2010
6 Enero 2010
- Hace unos meses cometí un error terrible...
- ¿Ah sí?
- Sí, me di cuenta de algo. Y en vez de ahuyentar el pensamiento en cuanto me vino a la cabeza, dejé que rondara y... Ahora se que es verdad y temo que se me quede en la mente para siempre.
- ¿Cuál era ese pensamiento?
- Que estos son los mejores días de nuestras vidas. Es terrible ser consciente de eso, pero es así.
- Yo no estoy tan seguro.
- Oh... bueno... Sí, sí. Quizá tengas suerte, quizá vivas días mejores, pero lo dudo. Hemos coronado la cima, compadre, y lo más duro es ir bajando hasta el final.
Radio encubierta, de Richard Curtis.
30 Octubre 2009
Veo mucho potencial pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia. Desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra. Ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual. Nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos. Lo que hace que estemos muy cabreados.
El club de la lucha.

27 Octubre 2009
Hace tiempo mi inseparable Flanagan hablaba aquí mismo de lo mucho que le gusta cierto tipo de cine inglés, ese que combina humor ingenioso con actuaciones impecables, comedias sin estridencias que intentan engancharnos con su historia además de hacernos reir. "Radio Encubierta" es una de esas, un homenaje a la música de los 60 y la mejor prueba de que se puede hacer cine siendo fiel a unos principios, los del mejor entretenimiento.
El veterano Richard Curtis, autor de "Cuatro Bodas y un Funeral" o "Love Actually", firma esta película que utiliza un hecho histórico real, la existencia de radios piratas ancladas en aguas internacionales frente a las costas de Gran Bretaña durante los años 60, para meter en un buque a un grupo de (ficticios) locos del rock y mostrarnos lo que pasa. El resultado es divertido, hilarante a veces, y más emotivo de lo que se podría esperar. Uno se encuentra añorando esos tiempos en los que la gente vestía con colores brillantes y estampados imposibles y pensaba en primer lugar en pasarlo bien y disfrutar de la vida, sin importar lo que dijesen otros.
Entre los protagonistas nos encontramos a los desbordantes Bill Nighy, Nick Frost o Philip Seymour Hoffman, que bordan sus papeles de excéntricos pinchadiscos, arropados por algunos de los mejores actores ingleses, como Kenneth Brannagh o Emma Thompson. El susurrante Gavin Cavanagh, Mike Medianoche o El Conde (inspirados en DJs reales de aquella época) quedarán grabados para la posteridad de la radio, aunque sea de ficción. Los fans de "Los Informáticos" también reconocerán a dos de sus actores principales, es una lástima que Moss no interpretara al técnico de sonido, la combinación habría sido apoteósica (aunque quizá demasiado).
La banda sonora es otro protagonista más, una selección de títulos de los 60, algunos más reconocibles que otros, pero todos capaces de crear una atmósfera que nos lleva atrás en el tiempo. Y que encaja de manera excepcional en cada escena, todo hay que decirlo... ahora mismo tengo grabada una escena tremenda, que no descubriré, con "Father and Son" sonando de fondo, otra con "Stay with me baby" de Duffy, o varios temas de The Who.
Como anécdota, la duración original de la cinta era de más de tres horas, con multitud de escenas y subtramas que ahora sólo se pueden ver en el DVD. Más que recomendable, ¡no os la perdáis!
...por todo el mundo, jóvenes hombres y mujeres siempre tendrán sueños, y pondrán esos sueños en canciones...
7 Marzo 2009
Probablemente sea lo mejor que ha hecho Sean Penn. Probablemente sea de lo mejor que ha hecho cualquier persona a lo largo de la historia. Al menos para mí.
Señor Borgnine... qué grande es usted.
7 Marzo 2009
"Se pasó los últimos años de su vida defendiendo los derechos de especies en vías de extinción sin darse cuenta de que él era una de ellas", Billy Wilder.
Una especie en vías de extinción entonces. Completamente desaparecida ahora. Los actores del cine americano surgidos antes de la 2ª guerra mundial, que desarrollaron el grueso de su carrera en las décadas de los 40-50-60. A riesgo de parecer carca, ya no hay actores como los de antes. Y eso no quiere decir que los actuales no sean buenos. Lo que quiere decir es que algo se ha perdido por el camino que abrieron éstos. Sigue habiendo técnica, sigue habiendo talento. Pero se echa en falta algo de carisma, espontaneidad, presencia fílmica, carácter y mucha mucha mucha personalidad.
En la pantalla escapó del Fuerte Bravo, paseó por los puentes del Toko-Ri, soportó un mundo implacable de mentiras, trató de ligar con Sabrina a costa de sus posaderas, fue el extraño narrador del crepúsculo de los dioses, se fue de picnic sin camiseta, soportó que el ferroviario le tildase de matasanos, luchó contra un coloso en llamas, se enamoró de una chica nacida ayer, voló el puente sobre el rio Kwai, fue un traidor en el infierno de un campo de concentración, y lideró un grupo salvaje por tierras mexicanas.
En la vida real se casó una sola vez a pesar de sus aventuras con Grace Kelly, Audrey Hepburn o Capucine, instauró una reserva animal en Africa, ganó un Oscar protagonizando el discurso más breve que se recuerda en la entrega de los premios, fue un obseso de la higiene duchándose hasta 4 veces al día, sobrevivió a un accidente de coche en el que falleció el otro conductor, fue coleccionista de arte, vivió en Suiza casi una década, odió a Humphrey Bogart mientras que adoró a Barbara Stanwyck, tuvo dos hijos, una hija y adoptó a la niña del anterior matrimonio de su mujer Brenda, firmó uno de los primeros contratos desorbitantes de una estrella de Hollywood, y se bebió todo el whisky de malta que pudo acosado por la depresión y el sentimiento de culpa.
Por desgracia muchos recuerdan como murió y no cómo vivió. Alcoholizado hasta la médula, se cayó en su apartamento golpeándose la cabeza contra la esquina de una mesa. Murió desangrado, incapaz de alcanzar el teléfono debido a la borrachera. Al parecer estuvo consciente media hora antes de fallecer. Encontraron su cuerpo 4 días más tarde.
Vale más una mirada suya que filmografías enteras. Por algo bordó su papel de golden boy todo corazón que ha conocido tiempos mejores que sabe no volverán en "Picnic". Debía ser consciente de su destino. El alcohol lo envejeció cruelmente pero supo transmitir como nadie ese poso de derrota que todos arrastramos. Hasta los más grandes, y él fue uno de ellos. En "Grupo salvaje", con sus compañeros dudando de su capacidad para liderarles, se cae del caballo lastimándose la pierna mala. Se rehace, sube a su montura y sigue adelante sin mirar a nadie, sin mirar atrás. Ojalá la vida diera esas segundas oportunidades, pero como dijo Scott Fitzgerald: "No hay segundos actos en las vidas americanas".

23 Enero 2009


Fiery the angels fell. Deep thunder rolled around their shores... burning with the fires of Orc.
8 Noviembre 2008
¿Sabes cuál es el secreto de Charlie? Que no es un hombre. Sube al desván sin que nadie lo vea y se viste con la ropa de su padre, unos pantalones enormes, unos zapatos enormes, se pone todo lo que encuentra. Y se hace pasar por adulto. Pero todo es un sueño. Las chicas de las que se enamora son etéreas, demasiado guapas, igual que las mujeres adultas de las que se enamoran los niños. Baila con ellas, les hace la corte, les hace regalos maravillosos, todo en un sueño. Acuérdate de Luces de la ciudad. Y esa expresión. De un extremo a otro, de una emoción a otra, sin tópicos. Puro arte, pura tragedia, la única tragedia que yo he visto en el cine. Esa expresión. Ese dolor. Es como si lo estuviera viendo ahora mismo. Todas sus películas arrancan de la misma idea, el sueño es un hermoso globo, el globo de un muchacho, y la realidad es una punta afilada de una verja. El globo se escapa volando hacia el jardín prohibido, toca la punta y explota, igual que cuando uno despierta de un sueño y se da cuenta de que sigue en el mismo sitio. Chaplin fue el único que vio en el cine el mejor medio del mundo para los sueños, ya que a la postre el niño es el padre, la mujerzuela el millonario y el feo vagabundo el elegante Don Juan. (...)
Nos dimos cuenta de que con sus payasadas decía cosas muy serias. Recuerdo una película suya, muy corta, ni siquiera recuerdo el título. Charlie es un borracho al que llevan a rastras, se agarra a un arbusto y se encuentra con una margarita en la mano. La margarita le cambia el humor por completo. Se convierte en un poeta, en un soñador, en un esteta. Resulta tan convincente que parece impro... improvisado, y ni siquiera es descabellado pensar que Charlie es un niño, así como un niño es capaz de ver un barco de juguete y convertirse en capitán de barco, o de coger un fusil y meterse en la piel de un soldado. ¿Me explico? No pienses que Charlie es un adulto haciendo de niño, sino un niño haciendo de adulto. (...)
Uno de los rasgos que caracterizan a un artista es su sentido de la contemporaneidad sin ser oportunista. (...) Yo no soy psicoanalista , pero podría psicoanalizar a Chaplin a través de sus comedias, por lo reales que son. Ninguna buena obra de arte..., digo, no existe una buena obra de arte cuyo arte valga la pena si el artista no se exhibe ni se pone al descubierto. (...)
Fíjate que siempre sale un animal que oprime al pobre Charlie: el cateador en La fiebre del oro, el millonario en Luces de la ciudad, el empresario en Tiempos modernos, siempre la misma imagen paternal que de pronto pasa del amor al odio hacia Charlie, como cuando el millonario lo recoge borracho y se lo lleva a casa, lo arropa bien en la cama y a la mañana siguiente cuando se despierta lo echa de su casa. Eso es lo característico de las películas de Charlie. (...) ... no hay diferencia entre lo cómico y lo trágico, ni cambios de ritmo falsos y mecánicos. Las escenas más divertidas, las escenas que más te hacen reír, son trágicas. Ese es su genio...

Manley Halliday en "El desencantado", de Budd Schulberg. (Trad. de J. Martín Lloret).
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