Categoría: Arte
8 Febrero 2006
Lo tengo ahí, sobre una montaña de libros pendientes de leer. Con su tamaño perfecto, su tapa de piel negra, la tira de goma que lo mantiene perfectamente cerrado... . Es el Moleskine que me regaló mi novia el año pasado, que de tan bonito todavía no me he decidido a empezarlo. Podría pensar "un cuaderno es sólo un cuaderno". Con la cantidad de ellos que he llenado ya sin pestañear. Pero éste tiene algo especial.
La leyenda de los Moleskine comienza su etapa moderna probablemente con Bruce Chatwin, el viajero y escritor inglés, que compraba remesas de ellos en una tienda de París y los usaba para tomar las notas que luego se convertirían en sus libros. Es el autor de la célebre frase: "Perder el pasaporte era la menor de mis preocupaciones, perder un cuaderno, una catástrofe". Cuando ya no pudo conseguir más, tras la muerte de su fiel librero francés, parecía que la dinastía estaba a punto de terminar. Pero la apasionada defensa que hizo de su uso en sus obras provocó que alguien se decidiese a volver a fabricarlos, en un formato lo más parecido posible al original.
Es casi imposible saber si realmente Matisse, Van Gogh, Picasso o Hemingway los usaron, como se cuenta tradicionalmente, pero es fácil imaginar a estos artistas inclinados sobre sus cuadernos de viaje (ya sean éstos u otros) para dejar constancia de sus ideas. Entre sus usuarios más recientes se encuentran nuestra querida Amélie, el Dr. Jones en "Indiana Jones y la Última Cruzada" o el el escritor Neil Gaiman, que lo comenta explícitamente en su weblog (aunque no todo el mundo puede irse a Venecia a por el suyo).
Lo cierto es que sigue hablándose de él en ciertos círculos y hasta existen unas normas básicas, casi un ritual, relacionado con su uso: lo más importante, utilizar siempre lápiz (aunque hay quien pinta y dibuja con todo tipo de materiales en ellos). Chatwin además recomendaba numerar las páginas y él, fiel a su espíritu paranoico, anotaba su dirección en la primera con la promesa de una recompensa al que lo devolviese si se extraviaba.
Supongo que asociar un objeto concreto con el arte de escribir o la creatividad tiene mucho de mitomanía. Pasa lo mismo que con el ajenjo, las tertulias en una cafetería determinada o el modelo de la máquina de escribir de Arthur Miller. Seguir los pasos de los maestros no nos garantiza el éxito, pero da una mayor seguridad. Parece que pensemos que todo lo que sirva para atraer la inspiración e invocar a las musas, bienvenido sea.
Uno llega a ver al cuaderno con un aura especial, como si poseyéndolo parte del talento de todos sus usuarios anteriores pudiese traspasarse a nuestras propias palabras. De ilusión también se vive. A mí en particular me está costando empezarlo y todavía no tengo claro con qué lo quiero llenar, como si mis habituales trivialidades (que no lo son, pero tras esas tapas negras me lo parecen) estuviesen fuera de lugar. En un soporte así, todo tiene que tener un sentido especial.
Con los lápices afilados, sólo queda perderle un poco el respeto y estrenarlo, de la mejor forma posible pero sin obsesiones. Si mi novia me lo regaló no lo hizo para que se convirtiese en una pieza de museo, creo yo. Me gustaría ser capaz de olvidarme de mis prejuicios y llenarlo de recortes, fotos, fragmentos de cosas, lo que se me ocurra en el momento. Pero si una página en blanco ya suele dar pánico, una con esta solera, sea real o ficticia, lo da doblemente.
servido por nocheenlaciudad
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24 Noviembre 2005
"El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría."
Quien haya visto la película "El Dragón Rojo" o haya leído el libro de Thomas Harris en el que se basa recordará la poderosa imagen que obsesiona a Ralph Fiennes y que termina tatuándose en la espalda: una extraña criatura alada de enormes proporciones se yergue sobre una figura femenina orante. Se titula "El Dragón Rojo y la Mujer Vestida de Sol" y su autor es William Blake, poeta, pintor, grabador y místico del siglo XVIII que aunque incomprendido en su época fue el precursor del romanticismo inglés.
¡Oh, Rosa, estás enferma!
El gusano invisible
Que vuela por la noche,
En la tempestad que aúlla,
Ha descubierto tu cama
De gozo carmesí,
Y su amor oscuro, secreto,
Te consume la vida.
No se puede entender a Blake sin saber que desde niño tenía visiones de ángeles, arcángeles y todo tipo de personajes religiosos e históricos, con los cuales mantenía largas charlas. De este diálogo sobrenatural extraía su inspiración, al igual que de la obra de otros poetas, como su adorado Milton o Dante. El ambiente gótico de Westminster también moldeó sus gustos, la perfilada y voluminosa anatomía de sus dibujos era reflejo de su preferencia por Miguel Ángel y los clásicos antes que por sus pintores contemporáneos.
Aprendió el oficio de grabador en su juventud y llegó a dominarlo hasta el punto de crear sus propias e innovadoras técnicas. Escribía, ilustraba e imprimía para luego colorear a mano con acuarela, realizando todo el proceso personalmente, en un intento de recrear el espíritu de los miniadores medievales. Cada libro que salía de su taller era suyo completamente, ya que sólo su esposa, a la que enseñó su oficio además de a leer y a escribir, le ayudaba a crearlos.
Con su mente instalada en un mundo paralelo, a caballo entre el Cielo y la Tierra, no es extraño que Blake se sintiese fuera de lugar en el Londres de su época. Quizá lo que más sorprenda sea descubrir que bajo la fama de loco y aún con esa extraña conexión religiosa era un firme defensor del individualismo, de la búsqueda de la felicidad al margen del gobierno, las leyes, la iglesia o la doctrina establecida. La paz y la libertad a cualquier precio eran sus máximas y las defendió con un fervor que le dió algún que otro problema.
Siendo tan contradictorio su obra no lo podía ser menos. Varía en la forma y en el mensaje, aunque conservando siempre lo místico y lo profético de fondo. Sólo se puede decir con seguridad que intentaba transmitir un mensaje, quizá el que a él mismo le habían dado, y lo hacía de forma intensa e impresionante. No hace falta entender completamente sus grabados o sus versos para saber que tras ellos hay una fuerza poderosa.
Tigre! ¡Tigre! ardiendo brillante
En los bosques de la noche,
¿Qué ojo o mano inmortal
Pudo idear tu terrible simetría?
Por último, y como apunte anecdótico, Johnny Depp interpretó a un Blake muy especial en la película "Dead Man" de Jim Jarmusch de 1995. En ella el viaje iniciático del protagonista es representado por su periplo a través del Oeste americano, transformándose de frustrado contable, metáfora de la persona normal, en pistolero poeta iluminado que no sólo se encuentra al margen de la ley sino fuera de este mundo y sus convenciones.
"Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano."
servido por nocheenlaciudad
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4 Noviembre 2005
Mas de 17.000 paracaidistas se lanzaron sobre la cuenca del Rin en Alemania en la Segunda Guerra Mundial. De ellos un tercio murieron bajo el fuego enemigo. Entre los que sobrevivieron se encontraba Robert Capa, armado con una simple cámara de fotos y el irresistible impulso de retratar a los que protagonizaban aquel conflicto, con sus miedos, su horror y su heroismo.
A Capa le debemos las imágenes más impactantes de los conflictos más relevantes de nuestro siglo. Estuvo en la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial, la Guerra Árabe-Israelí y la Guerra de Vietnam, casi siempre en la primera línea del frente y tan cercano a los soldados que la vida y la muerte le pasaban rozando a cada segundo, respetándole quizá por ser un testigo de excepción. Sus porciones de historia en blanco y negro nos han llevado a lugares demasiado terribles, y a veces incluso hermosos, como para imaginarlos.
Pero más que un simple documentalista Capa era un soñador, guapo, sonriente, jugador y ante todo un hombre apasionado por lo que hacía. Seguramente fue ese brillo en sus ojos el que encandiló a Ingrid Bergman, y ese espíritu libre el que le impulsó a crear la agencia Magnum, con la pretensión de que los fotógrafos pudiesen al fin decidir sobre su obra.
Siendo así París tenía que ser su ciudad, los lugares más remotos y los conflictos armados su casa, la soledad su compañera perpetua. Convivió con Picasso, viajó a Rusia en plena Guerra Fría, perdiendo su pasaporte por ello, recaló en Japón para descubrir una cultura y unas gentes nuevas, siempre enigmáticas bajo su objetivo. Allí fue donde recibió el encargo de partir hacia Indochina, a un lugar que luego se haría tristemente famoso.
En un cañaveral perdería la vida al pisar una mina uno de los más grandes, o el más grande, fotógrafo de todos los tiempos. Con él desaparecieron muchas cosas, pero fueron más las que se quedaron. Primero la seguridad completa de que debemos perseguir nuestros sueños, por arriesgados que sean, exprimir la vida, pelear por ella, afrontar los momentos amargos como lo que son, sólo algo más entre todo lo que nos queda, y dar siempre lo mejor de nosotros mismos, ya sea en nuestro trabajo o para quien espera, al otro lado del visor o de nuestra mirada, una sonrisa.
Si cierro los ojos veo a un hombre en una playa, de pie mientras a su alrededor estallan las bombas y vuela la metralla, con una cámara en la mano, capturando el momento convencido de que debemos saber que hubo alguien luchando y muriendo al otro lado. Ese es Robert Capa.
servido por nocheenlaciudad
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30 Junio 2005
H.R. Giger será recordado siempre como el padre de esa criatura de cabeza alargada y lengua mortal, el "alien" que aterrorizó a Sigourney Weaver por los oscuros pasillos de la Nostromo. Ese engendro de pesadilla es una de las creaciones más espectaculares del artista suizo, pero su trayectoria es mucho más ámplia y diversa.
Giger es un artista de culto al que muchos han imitado, con mejor o peor fortuna. Su estilo es tan reconocible porque sus ilustraciones se han convertido en un verdadero icono underground. No sólo se usan como inspiración para películas sino también para videojuegos, camisetas, posters, diseño de tatuajes o portadas de discos. Sus "monstruos" mitad carne, mitad máquina, pueden encontrarse por todas partes.
Si hay que elegir una palabra para definir su estilo, esa es biomecánico. Sus criaturas o paisajes son siempre una mezcla de tejido vivo con engranajes, tubos o mecanismos, pero no en una unión artificial, sino en perfecta comunión. Como cyborgs salidos de una pesadilla de LSD, los "biomecanoides" amplían sus funciones gracias a la tecnología, aunque su propósito final quede más allá del razonamiento humano.
A todo esto hay que añadir la fijación de Giger con el sexo, que le ha dado más de un problema. Sus obras han sido calificadas de obscenas, pornográficas y cosas peores. El uso que hace de elementos religiosos tampoco le ha ayudado a ganarse la simpatía de cierto sector del público.
Hay varias anécdotas al respecto, se dice que Ridley Scott al ver el dibujo "Necronom V" que daría pie al alien dijo: "Quiero trabajar con este tío, alguien capaz de crear un monstruo con un pene por cabeza, tiene lo que buscamos". Quizá se arrepintiese más adelante, cuando Giger llenó el estudio de huesos humanos, material que ha usado más de una vez para sus diseños. En otra ocasión la policía de un país europeo le detuvo en el aeropuerto, creyendo que sus pinturas, hiperrealistas al estar hechas al aerógrafo, eran fotografías de personas reales torturadas.
Sus muebles han adornado bares convirtiéndolos en antesalas del infierno, sus máscaras reloj son hermosas pero imposibles de poner, sus esculturas perturbadoras, sus máquinas siniestras... ¿por qué nos atrae Giger? Quizá su visión de la realidad se acerque más de lo que creemos a la que nosotros mismos tenemos en el subconsciente.
servido por nocheenlaciudad
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